Solo dos hospitales de la Caja pasarían una revisión para certificar la seguridad contra incendios a partir de las normas vigentes

 14 julio, 2015

De los 29 hospitales de la Caja Costarricense de Seguro Social, solo los dos más nuevos, el San Vicente de Paúl, en Heredia, y el de San Rafael de Alajuela, pasarían una revisión basada en la norma vigente para certificar la seguridad contra incendios. Los otros 27 están lejos de condiciones aceptables y los sistemas de compartimentación y rociadores, capaces de retardar la propagación del fuego mientras llegan los bomberos, son una rareza.

A diez años de la tragedia ocurrida en la torre norte del hospital Calderón Guardia, donde perdieron la vida 21 personas, los avances se limitan a la constitución de brigadas para responder a las emergencias, la instalación de sistemas de iluminación especiales y la adquisición de extintores, pero poco se ha hecho para compatibilizar la infraestructura de los hospitales con la norma.

La falta de esas adecuaciones explica la rápida propagación del incendio en la torre norte, donde las llamas se extendieron por los techos y comprometieron el cuarto y quinto piso. Una estructura con compartimentación adecuada es capaz de resistir el avance del fuego, con lo cual se gana tiempo para la evacuación y el arribo de los cuerpos de socorro.

La Caja dice estar dentro del plazo para hacer las correcciones, pero cada día es un riesgo y ya se cuenta una década desde la dolorosa lección del Calderón Guardia. Al ritmo de inversión de los últimos siete años, el peligro permanecerá mucho tiempo más, con grave preocupación del Cuerpo de Bomberos. En estas circunstancias, es imposible hablar de plazos. Los siniestros no respetan ningún marco temporal.

Notas periodísticas publicadas en el 2000, cinco años antes del incendio en el hospital Calderón Guardia, recogen declaraciones del director de Ingeniería de Bomberos del Instituto Nacional de Seguros, Héctor Chaves, sobre “la grave vulnerabilidad de los hospitales públicos” y la falta de adecuación a las normas de prevención nacionales e internacionales. Ya para entonces, el funcionario se quejaba de la falta de atención a las advertencias formuladas por el Cuerpo de Bomberos a lo largo de la década precedente.

En varias oportunidades, la realidad también se ha ocupado de advertir los riesgos. En mayo del 2013, los bomberos atendieron un conato de incendio en la lavandería del San Juan de Dios. El fuego se inició en una máquina de planchado y la brigada de emergencia del centro médico logró controlarlo sin mayores consecuencias, pero sirvió de recordatorio de los riesgos existentes en un edificio público de vital importancia, con 170 años de historia.

Los arreglos necesarios para poner la infraestructura al día son costosos. Exigen intervenciones mayores en 27 grandes edificios públicos. El tamaño de la inversión requerida se comprende mejor tomando en cuenta que la situación actual, con todas sus deficiencias, es producto del gasto de ¢3.000 millones entre el 2008 y el presente. Por ello, la Caja ha avanzado en la prevención de riesgos no estructurales (brigadas de incendios, extintores) pero está en mora en lo relacionado con infraestructura.

La prevención de incendios, sin embargo, debe ocupar un lugar prominente en la lista de prioridades institucionales. La pérdida de un hospital, aunque se produjera sin víctimas, sería una tragedia de grandes proporciones para un país como el nuestro, donde no sobran los recursos para atender a la población necesitada de atención médica.

Como lo hiciera Héctor Chaves hace décadas, Alex Solís Delgado, jefe de la Unidad de Ingeniería del Cuerpo de Bomberos, insiste en la necesidad de conjurar el riesgo. Las inversiones de la Caja, afirma, resolvieron los aspectos “más básicos”, pero eso no debe alimentar “una falsa expectativa de seguridad”.