Opinión

EDITORIAL

Un problema para el Frente Amplio

Actualizado el 01 de agosto de 2017 a las 10:00 pm

La afinidad ideológica con el gobierno de Caracas apenas puede ser disimulada, pero admitirla tendría consecuencias devastadoras

Al partido costarricense no le asiste el derecho a mantener tan cómoda ambigüedad con sacrificio de la transparencia

Opinión

Un problema para el Frente Amplio

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Venezuela es un problema sin solución para el Frente Amplio. Corre la sangre vertida por los militares, aumenta el número de presos políticos, el gobierno irrespeta metódicamente los derechos humanos y subvierte el remedo de institucionalidad creada por el propio chavismo cuando era incapaz de imaginar la pérdida del apoyo de la mayoría.

La comunidad internacional se vuelve contra el régimen de Nicolás Maduro y el secretario general de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro, no cesa de exigir respeto para las aspiraciones democráticas de los venezolanos. Lo hace desde el cargo al cual accedió después de ser ministro de Relaciones Exteriores de Uruguay, entre el 2010 y el 2015, durante el gobierno de José Mujica, elegido a la cabeza de otro Frente Amplio, de claras credenciales en la izquierda democrática.

Hay preocupantes vinculaciones de altos mandos del gobierno de Caracas con el narcotráfico, cuya importancia en Venezuela ya no puede ser disimulada. La influencia de Caracas, otrora pagada con recursos petroleros, viene en picada y el fracaso económico del régimen ya no puede ser disimulado. Pero el Frente Amplio costarricense no consigue alzar la mano, mucho menos la voz, para condenar los abusos.

No le conviene, y lo sabe. La afinidad ideológica con el gobierno de Caracas apenas puede ser disimulada, pero admitirla tendría consecuencias devastadoras. El partido conoce la convicción democrática de los costarricenses y se cuida de hacer explícitas sus simpatías hacia el régimen venezolano. Esa falta de transparencia es causa de constantes sonrojos y contradicciones.

El Frente Amplio invoca el principio de no injerencia para criticar las mociones de censura planteadas en el Congreso y las condenas de nuestra Cancillería a los atropellos del régimen de Caracas, pero no logra explicar su actitud, mucho más decidida e injerencista en otros casos, como el golpe de Estado del 2009 en Honduras. En aquel momento, los frenteamplistas redactaron y presentaron la moción aprobada por unanimidad para condenar el golpe.

A menudo, la agrupación se ve obligada a ofrecer explicaciones y desautorizar a sus dirigentes y diputados cuando se dejan llevar por el entusiasmo chavista. La entonces canciller de Venezuela Delcy Rodríguez citó un discurso de la diputada Ligia Fallas para presumir del apoyo de toda Costa Rica. “Los pueblos salen a la defensa de la Revolución Bolivariana, hermanados en su herencia histórica de unidad y victoria”, afirmó Rodríguez en la nota de agradecimiento a nuestro país. Nicolás Maduro no tardó en sumársele. Fallas, contra la discreción imperante en su partido, afirmó su chavismo sin ambigüedades y negó la existencia de presos políticos en Venezuela, donde solo hay “terroristas presos”.

Poco después, dos legisladores frenteamplistas se comprometieron, en Managua, a apoyar la espuria Asamblea Nacional Constituyente cuya elección causó 16 muertos el domingo y fue denunciada, de inmediato, por la comunidad internacional. El Frente Amplio no tardó en desautorizar a los diputados José Ramírez y, de nuevo, Ligia Fallas, quien no parece comprender la estrategia de su partido ante el caso venezolano.

Ahora, el Frente Amplio califica de desacertada la reacción de la Casa Amarilla en relación con el sainete del domingo y, de nuevo, invoca el principio de no injerencia. No critica al gobierno venezolano, sino al nuestro por calificar la farsa de “nula, viciada, ilegítima, inconstitucional y contraria a la voluntad popular”. Nuestro país no está solo en la protesta y el desconocimiento del proceso. Por lo pronto, lo acompañan naciones como México, Argentina, Perú, Panamá, Colombia, Brasil, Canadá, Chile, España, Estados Unidos y Paraguay.

Los partidos políticos tienen la obligación de hablar con claridad sobre sus propuestas y los principios que las inspiran. El electorado tiene derecho a conocerlos para adoptar decisiones bien informadas. Al Frente Amplio, por el contrario, no le asiste el derecho a mantener tan cómoda ambigüedad con sacrificio de la transparencia.

  • Comparta este artículo
Opinión

Un problema para el Frente Amplio

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota