Un 34% de los escolares, es decir, 118.342 niños, pesan más de lo debido según el censo practicado en el 90% de las escuelas del país

 22 junio

El censo de peso y talla practicado por los Ministerios de Salud y Educación en 4.200 escuelas públicas y privadas arrojó resultado alarmantes. Un 34% de los escolares, es decir, 118.342 niños, pesan más de lo debido. Los datos no dejan margen para la duda, porque comprenden a 347.379 alumnos matriculados en el 90% de las escuelas del país.

Los malos hábitos alimentarios, junto con el sedentarismo, explican el fenómeno e indican los caminos a transitar para enfrentarlo. El Ministerio de Educación procura equilibrar la alimentación ofrecida en los comedores escolares y aplica el reglamento de comidas saludables a las sodas instaladas en centros educativos, donde no se permite la venta de golosinas.

La normativa no puede ser impuesta en las sodas de las instituciones educativas particulares y el censo encontró una diferencia significativa en los porcentajes de la población estudiantil con sobrepeso en las escuelas públicas y privadas. En las primeras, el sobrepeso afecta al 34% de los alumnos. En las segundas, donde estudian 22.564 de los menores censados, un 38% supera el límite de peso deseable.

La falta de un reglamento de sodas escolares válido para los centros educativos privados no puede asumirse, a priori, como una razón suficiente para explicar la diferencia. Hay otros factores cuya importancia relativa solo podría establecerse mediante estudios detallados. En cualquier caso, el censo enfatiza la insuficiencia de una dieta equilibrada en los centros educativos, durante el año escolar. El resto del tiempo, la vida de los niños se desarrolla en el hogar y ahí se forjan los malos hábitos.

Como en tantos otros aspectos del proceso educativo, la escuela necesita el complemento del hogar para desarrollar costumbres alimentarias sanas. Lo mismo puede decirse del sedentarismo. Los niños invierten mucho tiempo en disfrutar distracciones electrónicas y muy poco en las actividades físicas.

Los médicos se encuentran, cada vez más, con cuadros de hipertensión infantil. En el pasado, ese padecimiento era raro, casi exclusivo de niños con problemas congénitos. Las calorías “vacías”, encontradas en algunos refrescos, golosinas y comidas rápidas, se consumen más a medida que el costarricense tiene acceso a alimentos inalcanzables hace décadas, cuando una lata de frutas en conserva era un lujo en el mercado nacional.

Las exigencias de la vida moderna restringen las oportunidades de ejercitarse, especialmente al aire libre. Con toda la responsabilidad imputable a los hogares, también faltan inversiones y políticas públicas para estimular el deporte. El Ministerio de Educación Pública remozó los programas de Educación Física, pero la materia no es vista como prioritaria. Entre un 35% y un 40% de los escolares no recibe clases de Educación Física.

Los niños y adolescentes de 5 a 17 años deben dedicar al menos 60 minutos diarios a ejercitarse, pero la mayor parte de la población estudiantil asiste a dos lecciones semanales de 40 minutos cada una, cuando las prioridades y limitaciones del centro educativo lo permiten. Para nadie es un secreto que la educación pública adolece de serias deficiencias de infraestructura deportiva y de equipamiento.

En las últimas dos décadas, la población costarricense con sobrepeso pasó de ser un 46% del total a un 62%. Estamos entre los países latinoamericanos más afectados y mantendremos esa indeseable distinción mientras no logremos enderezar el rumbo de los más jóvenes. Los resultados del censo apuntan a un deterioro creciente. Es preciso unir esfuerzos del Estado, la escuela y el hogar para frenarlo y evitar convertirnos en un país obeso.