Opinión

EDITORIAL

La prensa y Bancrédito

Actualizado el 07 de junio de 2017 a las 10:00 pm

Una sonora carcajada suscita la atribución de los problemas del Banco Crédito Agrícola de Cartago (Bancrédito) a las publicaciones de la prensa

¿Por qué falta a la verdad el Consejo de Gobierno? Quizá para disimular sus responsabilidades y evitar una solución definitiva y valiente

Opinión

La prensa y Bancrédito

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Una sonora carcajada suscita la atribución de los problemas del Banco Crédito Agrícola de Cartago (Bancrédito) a las publicaciones de la prensa. El acta del Consejo de Gobierno celebrado el 25 de mayo, cuando la administración decidió cerrar las operaciones comerciales del Banco, se refiere al “riesgo reputacional” creado por un medio de comunicación, sin decir cuál. La Nación reclama la distinción mientras ningún colega nos la dispute y el gobierno no encuentre el valor para hablar con nombres y apellidos.

Este diario cumplió su obligación de informar a los costarricenses sobre la crítica situación de Bancrédito, generada por actuaciones que precedieron en mucho a las primeras publicaciones. Comprendemos que la información estorbe a gobiernos y banqueros nostálgicos del sigilo con que hace décadas se manejaban las instituciones financieras públicas. Al amparo del impenetrable muro de los bancos, hubo muchos abusos y todavía los hay, porque los velos están lejos de correrse por completo.

En medio de la crisis de Bancrédito, un par de meses antes de la decisión del Consejo de Gobierno, los miembros de la Junta Directiva del banco aprobaron un alza del 9,44% en las dietas del 2017, estimadas en ¢240 millones. Ese es un detalle en comparación con las actuaciones que sumieron a la entidad en crisis, pero ejemplifica las razones de la molestia causada por nuestro esfuerzo informativo en media casa de cristal.

Según el acta del Consejo de Gobierno, la situación financiera del banco se complicó, especialmente, a partir de febrero, cuando un medio, que los integrantes del gobierno no conocen pero nosotros y nuestros lectores sí, hizo una serie de publicaciones. En efecto, el 13 de febrero La Nación informó al país de que Bancrédito tuvo la quinta pérdida mensual en un año y con una más entraría en inestabilidad grado 2.

En enero, el Banco perdió ¢591,6 millones y parte del perjuicio derivó de tres créditos con malos resultados, uno de ellos a Almacenes Casa Blanca por $3,3 millones. Las publicaciones de La Nación nada influyeron en el otorgamiento de ese y otros créditos riesgosos, como tampoco en la pérdida reportada el mes anterior a la publicación.

Esa pérdida aparece en la página electrónica de la Superintendencia General de Entidades Financieras (Sugef). De ahí la tomamos. En consecuencia, el “riesgo reputacional” debe ser atribuido a la Superintendencia. Pero no, fue Bancrédito la fuente original de la información porque la ley lo obliga. Es decir, la caída de Bancrédito es culpa del “riesgo reputacional” creado por la Asamblea Legislativa.

Pero La Nación no rehúye sus responsabilidades. Efectivamente, en ejercicio de su derecho a participar en el debate público y en cumplimiento de su deber de informar, este diario hizo varias publicaciones a partir de aquel momento. Ninguna de ellas pudo haber influido en la decisión de las grandes instituciones financieras que no acataron los desesperados llamados del gobierno para que arriesgaran sus capitales en el fracasado banco. Todas esas entidades cuentan con los profesionales necesarios para examinar la información publicada por la Sugef.

Pero los problemas de Bancrédito tampoco comenzaron el mes antes de nuestra primera publicación, es decir, en enero. La nota del 13 de febrero hablaba de cinco meses de pérdida en el último año. Las malas operaciones de crédito se cuadruplicaron en 12 meses: pasaron de 60 a 244 entre el 2015 y el 2016. Los problemas, sin embargo, tampoco datan de hace año y medio.

Welmer Ramos, hasta hace poco ministro de Economía y ahora precandidato presidencial del PAC, afirmó, en un artículo publicado en este diario, que las finanzas de Bancrédito se agravaron en los últimos diez años porque el Gobierno dejó de hacer negocios con intervención de la entidad por motivos tecnológicos y prácticos. Por ejemplo, cuando los contribuyentes pudieron pagar sus impuestos en línea, Bancrédito perdió uno de los negocios que le permitían respirar artificialmente. La Nación nada tuvo que ver en eso y mucho menos desde hace una década.

En consecuencia, dijo el hasta hace poco alto funcionario de la administración Solís: “La entidad quedó con una base de empleados muy grande para el tamaño real de sus negocios. Debido a ello, los costos son muy similares a los ingresos”. Es decir, no había salida y por eso Ramos propuso la absorción de Bancrédito por los otros bancos del Estado.

Mario Barrenechea, gerente del Banco de Costa Rica, justificó la decisión de no invertir en Bancrédito por la ausencia de un plan que corrigiera las fallas arrastradas por la institución desde hace años. “Alguien tiene que saber que Bancrédito, por razones históricas, es un banco que tiene problemas de viabilidad serios. Me da la impresión de que las autoridades no se lo están tomando en serio”, afirmó. Las razones históricas, presumimos, no datan de febrero pasado ni los problemas de viabilidad son producto de un puñado de titulares.

El fundador del PAC, Ottón Solís, recomendó el cierre del banco (“una muerte digna”) e hizo un concienzudo análisis de las razones históricas de la crisis. El legislador describió el deterioro como un fenómeno de “los últimos años”. Según el diputado, “precisamente cuando el banco perdió la administración del Fideicomiso Nacional para el Desarrollo (Finade), indicadores tales como rentabilidad del patrimonio y utilidad sobre el gasto administrativo han desmejorado considerablemente, tanto en términos absolutos como en relación con los otros dos bancos estatales”.

En medio de la crisis final, el gerente Gerardo Porras anunció la decisión de rectificar los errores del pasado que explican los problemas del presente. “Vamos a desestimular los créditos muy grandes (…) porque tenemos una alta concentración y ya vimos que fuimos golpeados y la idea es evitarlo”, afirmó. Al mismo tiempo, admitió el fracaso del plan de movilidad laboral voluntaria lanzado en el 2013 (cuatro años antes de las informaciones de La Nación ) y anunció la intención de volver a intentarlo. Es decir, el banco sabía del exceso de personal señalado por el exministro Ramos desde al menos el 2013, pero hizo poco para remediarlo. Por eso, en el 2017, “los costos son muy similares a los ingresos”, en palabras de don Welmer.

¿Por qué falta a la verdad el Consejo de Gobierno? Quizá para disimular sus responsabilidades y evitar una solución definitiva y valiente, como las propuestas por Ramos y Solís. El “riesgo reputacional” lo crea el mal desempeño de los funcionarios, no la prensa. Cuando La Nación publicó lo sucedido en Bancrédito, esas actuaciones pasaron de ser un riesgo para la reputación del banco y se convirtieron en una confirmación.

  • Comparta este artículo
Opinión

La prensa y Bancrédito

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota