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EDITORIAL

La política monetaria y cambiaria

Actualizado el 12 de septiembre de 2016 a las 12:00 am

El Banco Central declaró estar casado con una tasa baja de inflación, pero no con ninguna otra variable, ni siquiera el tipo de cambio

La tasa de inflación, medida por las variaciones en el índice de precios al consumidor (IPC), pasó de ser negativa en el 2015 y los primeros meses de este año, a registrar tasas positivas

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¿Qué factores explican los movimientos observados recientemente en la inflación, tipo de cambio, crédito y tasas de interés? Para responder, es necesario examinar los factores internos y externos que explican las variaciones y prestar mucha atención a la política monetaria y cambiaria del Banco Central (BCCR), según sus lineamientos dados a conocer el pasado 7 de setiembre.

La primera observación es que los movimientos han sido relativamente pequeños, algunos saludables y consecuentes con la programación monetaria, y otros se explican por factores de origen externo, alejados, en general, de lo que algunos consideran un nuevo desajuste macroeconómico. Salvo el desequilibrio fiscal, ningún factor amerita, de momento, un viraje en la dirección de la política macroeconómica.

La tasa de inflación, medida por las variaciones en el índice de precios al consumidor (IPC), pasó de ser negativa en el 2015 y los primeros meses de este año, a registrar tasas positivas en los últimos meses. Factores internos y externos concurrieron en los movimientos. Menores ajustes en los precios regulados y la evolución de los agregados monetarios conforme a lo programado incidieron en la baja inflación, al igual que la caída en las cotizaciones internacionales de ciertas materias primas, principalmente el petróleo y sus derivados. En los últimos meses, sin embargo, el valor del crudo repuntó en el mercado internacional. El precio subió de $30 por barril (WTI) en febrero a casi $50 por barril en junio pasado, aunque luego volvió a bajar a precios cercanos a los $44 por barril. Los expertos señalan que los precios podrían permanecer relativamente estables en los próximos dos años, por lo que el impacto en la inflación mundial y nacional será limitado.

Las variaciones en el tipo de cambio también han influido en los precios de los productos importados, incluidos los derivados del petróleo y, por consiguiente, en el IPC. De noviembre del 2015 a la fecha el tipo de cambio ha subido un 3,5%, según el Banco Central. El cambio se explica por varios factores: mayor costo de la factura petrolera (leve deterioro de los términos de intercambio); mayores requerimientos del sector privado por el crecimiento de la producción; efectos de la estacionalidad en el flujo de divisas (a mediados de año el mercado de divisas tradicionalmente se vuelve menos superavitario); y el incremento en la posición patrimonial de los bancos comerciales (acumulación de reservas). Este último factor es delicado por la liberalidad con que pueden comprar o vender dólares para uso propio, equivalente al 4% diario de su patrimonio. El BCCR haría bien en examinar ese porcentaje, en aras de la estabilidad.

Las variaciones del tipo de cambio, junto con otras medidas adoptadas por el BCCR y el Consejo Nacional de Supervisión del Sistema Financiero (Conassif) para desalentar el endeudamiento en moneda extranjera, han provocado una reacción favorable en la composición del crédito. Antes, la demanda de crédito en moneda extranjera crecía tan rápidamente como su contraparte en colones, sobre todo en la banca privada, en parte por la relativa estabilidad cambiaria. Pero las cosas han comenzado a variar. En los últimos meses, el crédito en dólares ha venido creciendo menos rápidamente, mientras que el financiamiento en moneda nacional ha comenzado a repuntar. En el programa macroeconómico aprobado por la Junta Directiva del BCCR, en julio pasado se refuerzan las nuevas tendencias para el 2017. El crédito en dólares crecerá a una tasa del 6% anual, mientras que en colones la cifra será el 11%. Esta menor dolarización es saludable en vista de que un porcentaje elevado de los deudores no son generadores de divisas y están más expuestos al riesgo de variaciones cambiarias imprevistas que podrían poner en entredicho la solvencia de los deudores y la de los bancos del sistema.

Todos estos ajustes se verán reflejados de una u otra forma en las tasas de interés en colones. Durante el transcurso del 2015, el BCCR redujo su tasa de política monetaria (TPM) de un 5,25% a solamente un 1,75% en enero del 2016, con el objetivo de estimular la demanda interna por el bajo crecimiento del PIB. Las demás tasas activas y pasivas de interés también bajaron, aunque con menor intensidad. Pero las cosas han comenzado a variar.

La producción crece ahora al 4% real; ha disminuido la denominada brecha del producto (crecimiento menor al promedio histórico); el tipo de cambio comenzó a moverse y la inflación es ligeramente mayor, lo que ha provocado un pequeño incremento en las tasas reales de interés. Y aquí es donde entra en juego la política monetaria del BCCR.

En el último documento publicado en su página web, La política monetaria y el régimen cambiario en Costa Rica, el BCCR deja claramente establecidos dos componentes esenciales de su política económica: la inflación es su objetivo estatutario primordial y la tasa de interés su principal instrumento de ajuste (ancla nominal, en la jerga economicista). Eso significa que las tasas de interés estarán al servicio de la estabilidad, y no a la inversa. Así como el BCCR las bajó gradualmente cuando la economía crecía poco y la inflación era negativa, las ajustará también gradualmente si la inflación amenaza con exceder sus metas, fijadas en un 3% anual, más o menos 1%. El Fondo Monetario Internacional (FMI), en su último informe, también recomendó ajustar las tasas de interés para controlar la inflación, si fuera necesario.

De lo anterior se deriva una conclusión muy relevante para todos los participantes en el mercado financiero: el Banco Central declaró estar casado con una tasa baja de inflación, pero no con ninguna otra variable, ni siquiera el tipo de cambio. Pero es importante que, en la práctica, actúe de conformidad. Como dice el documento de marras, “Una inflación baja y estable crea condiciones macroeconómicas que propician el bienestar de la población costarricense”. La estabilidad de precios –agregamos nosotros– puede contribuir eficazmente a estabilizar otras variables, como salarios (poder adquisitivo de los trabajadores), servicio de deuda pública y tipo de cambio. Es su mayor contribución a los sectores productivos, asalariados, consumidores, gubernamentales y el propio BCCR, que también arrastra pérdidas de operación elevadas, equivalentes al 0,6% del PIB, por pasivos acumulados en ejercicios anteriores.

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