Opinión

EDITORIAL

El poder de la imagen

Actualizado el 02 de abril de 2015 a las 12:00 am

El turismo fílmico, que en nuestro caso aún espera la formulación de una política de estímulos, podría potenciarse hasta crear un centro de negocios regional

El verdadero desarrollo audiovisual está en la consolidación de un mercado interno y en la exportación de productos audiovisuales de calidad global

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El cine y la industria audiovisual representan un sector fundamental en la economía de numerosos países, si bien es un sector emergente en el nuestro. El polémico rodaje en México de la próxima secuela de James Bond, que accedió a incentivos fiscales por $14 millones, ilustra a gran escala esta vinculación que va desde encadenamientos locales e inversión directa a la promoción de la marca país.

Costa Rica ha sido el escenario de algunas películas internacionales, como Eldorado,1492 y Después de la tierra, y solo esta última contribuyó con $9 millones a la economía de la zona donde se filmó. El turismo fílmico, que en nuestro caso aún espera la formulación de una política de estímulos, podría potenciarse hasta crear un centro de negocios ( business hub ) regional, que atraiga inversión extranjera en áreas de alto valor agregado, como posproducción, animación y videojuegos, en las que hemos demostrado que somos competitivos.

El potencial de Costa Rica como lugar de locaciones en el Caribe es enorme, gracias a la infraestructura turística, los servicios bilingües y la biodiversidad. Sin embargo, el verdadero desarrollo audiovisual está en la consolidación de un mercado interno, dominado en más de un 99,9% por la oferta de Hollywood, y en la exportación de productos audiovisuales de calidad global.

En ese sentido, el éxito de la comedia Maikol Yordan de viaje perdido, del director Miguel Gómez y el grupo La Media Docena, marca un hito no solo en la historia del cine nacional sino en la industria del entretenimiento.

La película rompió todos los moldes de la exhibición cinematográfica en Costa Rica, para acercarse al modelo de la franquicia comercial. El personaje en que se basa es un ícono popular de la televisión y demuestra que los medios de comunicación siguen ejerciendo un fuerte influjo sobre el público, cuando apelan a la identidad tradicional. Los 750.000 espectadores que ha logrado hasta ahora establecieron un récord en Costa Rica y Centroamérica e hicieron del filme uno de los más taquilleros del Caribe, emulando éxitos de países con el doble de población, como República Dominicana.

En los primeros 15 años del siglo XXI, Costa Rica triplicó la cantidad de largometrajes filmados en relación con el siglo precedente. Aunque la taquilla y los ingresos de Maikol Yordan sean difíciles de emular, para filmes de otros géneros, su exhibición coincidió por primera vez con dos producciones más: Espejismos, de José Miguel González, y el documental El Codo del Diablo, de Ernesto y Antonio Jara, sobre el asesinato de seis comunistas tras la guerra civil de 1948.

En el 2015 se estrenarán más de cinco películas, algunas de directores jóvenes de trayectoria, como Esteban Ramírez y Paz Fábrega, y una decena de proyectos se encuentran en etapas de preproducción y realización, entre ellos filmes históricos, telenovelas y obras animadas.

Bajo este contexto, es propicio que el Ministerio de Cultura y Juventud haya creado un fondo anual de ¢250 millones para el financiamiento de largometrajes y series de televisión, que complementa los recursos regionales a los que ha accedido el país desde hace una década.

Sin embargo, esto no es suficiente, si el país desea una producción audiovisual constante y un sector económico vigoroso, que emplee el talento local que sale de las universidades y centros de capacitación, ansioso de integrarse a carreras de alto valor agregado, que crecen al ritmo de las nuevas tecnologías.

En la corriente legislativa se encuentra un proyecto de ley que, de aprobarse en esta legislatura, dotaría al país de estímulos, recursos e instrumentos financieros para que el audiovisual costarricense se convierta en una industria y deje de ser una promesa. Hay un consenso creciente en torno a esta iniciativa y el clamoroso éxito de las películas recientes, tanto en la taquilla como en festivales internacionales, confirma la urgencia de no desaprovechar esta oportunidad.

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