Bandas de pandilleros han visto una veta de riquezas en los centros portuarios latinoamericanos de alto rango

 6 abril, 2014

Una seria amenaza al comercio internacional se perfila en los puertos de las principales naciones latinoamericanas. El foco infeccioso lo forman bandas de pandilleros que han visto una veta de riquezas en los centros portuarios de alto rango.

Uno de ellos es Buenaventura, la gran vía al Pacífico de Colombia que embarca a más de la mitad del comercio marítimo con Asia. Tampoco es dable ignorar que la nación suramericana constituye un eslabón prominente de la Alianza del Pacífico, que incluye a México, Chile y Perú, países vinculados mediante acuerdos de libre comercio.

Buenaventura ha sido escenario creciente del gansterismo a toda máquina de bandas rivales en el negocio de las drogas. Algunos analistas vinculan a estas pandillas con las FARC. Quizás así sea. En todo caso, es patente su poderío bestial en la cantidad de cadáveres que yacen desmembrados en las calles de la ciudad.

Aparte de homicidios y extorsiones al por mayor, también se registran alzas en delitos como el robo, la violación y demás renglones del menú usual de los núcleos criminales. La prensa internacional recoge declaraciones de ejecutivos de negocios que confirman los oscuros barrancos a los que se enfila Buenaventura, si las autoridades no consiguen imponer la ley. Hasta entonces, Buenaventura seguirá siendo una ciudad donde los visitantes arriesgan la vida.

Las repercusiones de esta ola criminal son ominosas. La seguridad lograda en la mayor parte de Colombia por recientes Gobiernos es indudable. No obstante, ahora la tranquilidad, así como la prosperidad conexa, encara serios desafíos.

Un fenómeno similar se observa en México, donde el Gobierno debió despachar tropas de los servicios de seguridad para retomar el puerto Lázaro Cárdenas, también del Pacífico. Dicho centro portuario había sido invadido por una banda de narcotraficantes, los Caballeros Templarios, no menos temibles que los pandilleros colombianos de Buenaventura.

Lázaro Cárdenas es uno de los centros portuarios de mayor tráfico en México y, al igual que Buenaventura, resulta esencial para alentar el creciente comercio con las pujantes economías asiáticas. El reino del crimen instaurado por los Caballeros Templarios es inaceptable no solo por la importancia del Lázaro Cárdenas, sino también porque podría contagiar a otros puertos y otras ciudades mexicanas, siguiendo el mismo patrón.

La acción firme de las autoridades consiguió el desalojo de los Caballeros Templarios, un paso que, por ahora, ha crispado los nervios de otras bandas criminales en México y las naciones vecinas del sur.

Por su parte, el Gobierno colombiano ha seguido el ejemplo de México para intentar rescatar Buenaventura. Hace un mes, tropas del Ejército y contingentes policiales fueron despachados hasta el puerto para limpiarlo de los reductos de los carteles de la droga. El inicio fue positivo, pero aún falta un largo trecho.

El caso del Lázaro Cárdenas pareciera seguir el molde típico de ocupación terrorista que ha debido ceder ante las fuerzas de seguridad, pero la señal de alerta deberá mantenerse para lo que falta. Por otra parte, la situación en Colombia tiene, en mucho, raíces en la desmovilización de guerrilleros en la década de los 90. Aquellos que no recibieron lo que esperaban, con el tiempo se transformaron en narcotraficantes ligados a las FARC.

Estos casos ilustran los peligros que las bandas del comercio de drogas podrían generar, no solo institucionales, sino, además, económicos y, particularmente, comerciales. Lo que presagian, de salir airosos los criminales, sería un desastre para las sociedades y las fuentes de prosperidad.

Naciones como Colombia y México poseen capacidad, más que adecuada, para derrotar dichos desafíos. La gran interrogante es qué sucedería, si las ramificaciones de los carteles y las maras se expandieran a países pequeños, sin los instrumentos necesarios para una batalla tan complicada. Habría que pensar en apoyos internacionales. Esa es la agenda indispensable de cara a los desafíos que rondan por la región.