Opinión

EDITORIAL

Un paso en la dirección correcta

Actualizado el 11 de abril de 2014 a las 12:00 am

El vicepresidente electo propone la transformación del impuesto de ventas en un impuesto al valor agregado (IVA)

La intención es aprovechar las ventajas ofrecidas por el IVA para combatir la evasión fiscal, mucho más fácil de perpetrar con el impuesto vigente

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Helio Fallas, vicepresidente electo y uno de los principales generadores de pensamiento económico en el Partido Acción Ciudadana, concedió a La Nación una entrevista cuya importancia se magnifica a raíz de los resultados electorales del domingo.

En el intercambio, el vicepresidente demostró clara conciencia de los principales problemas del país y adelantó posibles soluciones. El déficit fiscal, dijo, le quita el sueño. Comparte, además, el consenso nacional sobre la necesidad de generar nuevos ingresos y recortar gastos. El diablo está en los detalles y en ellos habrá espacio para la polémica, pero los planteamientos de Fallas demuestran, en términos generales, una buena dosis de pragmatismo.

En plena campaña, su partido prometió posponer la imposición de nuevos tributos durante los dos primeros años de gobierno. La intención es demostrar, en ese lapso, el manejo eficiente de los recursos públicos. La eficiencia en el gasto es bienvenida, pero hay razones para dudar de su suficiencia. La situación fiscal del país exige esfuerzos extraordinarios en las dos vertientes del problema: ingresos y gastos.

Fallas no podía anunciar un paquete tributario en contradicción con el planteamiento de su partido, pero tampoco se muestra dispuesto a esperar dos años. Sugiere, entonces, la tramitación de ajustes graduales, comenzando por la transformación del impuesto de ventas en un impuesto al valor agregado (IVA), como el vigente en buena parte de las naciones avanzadas.

“La tesis es empezar ya, tanto con lo que se pueda hacer en el corto plazo, sin leyes, y comenzar a negociar legislación nueva, sin pensar en una reforma complicada que tenga un conjunto de impuestos sino, más bien, empezar con un impuesto que consideramos el más factible, por ejemplo, el IVA”.

Para completar la búsqueda del terreno medio entre el planteamiento de campaña y la necesidad de avanzar en procura de nuevos ingresos, Fallas propone solamente la transformación del tributo, no la elevación de la tasa. Eso no es suficiente, pero es un paso en la dirección correcta. En algún momento será necesario modificar la tasa. Edgar Ayales, actual ministro de Hacienda, propone un IVA hasta del 15%.

La intención de Fallas es aprovechar las ventajas ofrecidas por el IVA para combatir la evasión fiscal, mucho más fácil de perpetrar con el impuesto de ventas. El IVA crea una cadena de pago capaz de convertir a cada eslabón en guardián del cumplimiento fiscal de los demás. El vendedor lo cobra en toda transacción de bienes o servicios y se reembolsa el impuesto pagado a su proveedor. Para conseguir el reembolso, debe documentar la compra y, así, el fisco puede contralar el pago del impuesto por parte del proveedor inicial.

Ese efecto fiscalizador es, en sí mismo, un eficaz mecanismo de recaudación. Por eso vale la pena transformar el IVA aun sin modificar la tasa del impuesto de ventas vigente. Pero el combate a la evasión exige eliminar las exenciones que plagan el sistema tributario costarricense para evitar la ruptura de la cadena de declaraciones. Los sectores exonerados, por supuesto, insisten en mantener el trato de privilegio y, en algunos casos, pueden tener razón.

Esa circunstancia obliga a la negociación política y, quizá, a algunas concesiones, como la imposición de una tasa diferenciada del IVA cobrado sobre determinados bienes y servicios, como la educación, la salud y ciertos bienes de la canasta básica.

Las circunstancias son propicias para impulsar el cambio. Durante la campaña política, antes de la votación en primera ronda, la mayoría de los candidatos mejor posicionados manifestó su acuerdo con el cambio. La iniciativa no será suficiente, pero no parece ser la única que el vicepresidente tiene en mente. Cuando se le preguntó si algunos ajustes tributarios se promoverán antes de transcurrido el plazo de dos años, se apresuró a contestar: “claro”.

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