Opinión

EDITORIAL

Un paso hacia la democracia afgana

Actualizado el 13 de abril de 2014 a las 12:00 am

Los logros institucionales del país se pudieron apreciar en los comicios realizados la semana antepasada

Los sufragios fueron precedidos por debates públicos entre los candidatos y la prensa desempeñó un papel inédito

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El panorama afgano evoca un pasado turbulento de guerras, algunas de las cuales marcaron el derrumbe de imperios invasores. El capítulo más reciente de esta cadena fue la ocupación soviética, cuyo final, en los años ocehnta, avivó el desplome del Estado totalitario forjado bajo Stalin. No en vano Afganistán ha sido reconocido como un cementerio de imperios.

Sin embargo, la ofensiva soviética fue derrotada principalmente por los “mujayedines”, guerreros musulmanes que en esa época recibieron asistencia occidental, sobre todo estadounidense. El flamante episodio también marcó un retroceso institucional de la mano con una oleada de fanáticos islamistas que encontraron en aquel desolado país espacios para el adiestramiento de terroristas y la instalación de bases operativas.

La hospitalidad talibana también condujo a la llegada de Bin Laden y sus súbditos, cuya presencia era cobijada por quienes dominaban el absolutismo religioso afgano. Entre los allegados de Bin Laden y su emergente brazo de Al Qaeda, peregrinaron a Afganistán los encargados del trágico ataque de Setiembre 11.

La respuesta militar casi inmediata de Estados Unidos acabó con el régimen talibán. Algo parecido se hizo en Iraq, donde el déspota Saddam Hussein regía el ejército y el país. Según la inteligencia de Estados Unidos y Gran Bretaña, Saddam albergaba a conocidos terroristas.

El camino de la institucionalidad afgana no ha sido fácil. Por una parte, el desarrollo de la autoridad civil ha sido respaldado por una sólida y numerosa presencia militar de la coalición internacional, mayormente compuesta de fuerzas estadounidenses más otros destacamentos, sobre todo europeos. Así se logró, en el 2001, nombrar a Hamid Karzai como mandatario transitorio. Posteriormente, en el 2004, se aprobó una nueva Constitución y, a su amparo, Karzai fue designado Presidente. En el 2009 Karzai ganó las elecciones presidenciales, cuestionadas y debatidas por amplios sectores políticos afganos.

Este breve vistazo histórico lleva la marca de una convulsa sociedad tribal y una guerra cruenta con talibanes y otras agrupaciones hostiles. El terrorismo ha sido constante, aunque comenzó a decaer años atrás gracias a las acciones preventivas de las fuerzas de seguridad de la coalición y del naciente ejército afgano.

Los logros institucionales se pudieron apreciar en los comicios realizados la semana antepasada. Con un 58 por ciento de un electorado de 7 millones, las votaciones fueron un gran logro. En esta ocasión, el ejército afgano –350.000- y las fuerzas policiales, garantizaron un acceso en su mayor parte libre de atentados terroristas. Los sufragios fueron precedidos por debates públicos entre los candidatos y la prensa desempeñó un papel inédito. Los dos postulantes que encabezan la elección deberán enfrentarse en una segunda ronda, posiblemente en junio, ya que ninguno parece haber obtenido más del 50 por ciento requerido por la Constitución para lograr la victoria.

Sin duda, el proceso electoral ha destacado los logros cívicos del pueblo afgano. Sin embargo, el listado de problemas pendientes constituye un desafío que demandará fortaleza y hábil manejo político. Uno de ellos es el papel futuro de Karzai. El mandatario saliente tiene un cúmulo de acusaciones por corruptela. Tampoco ayuda a su imagen la avanzada construcción de su residencia personal en terrenos estatales cercanos a la casa presidencial.

El expediente de Karzai incluye una lluvia de críticas por negarse a suscribir el acuerdo para prorrogar la estadía de un reducido contingente militar norteamericano. La experiencia deplorable en Iraq subraya la necesidad del entrenamiento y del consejo externo. Ambos finalistas de los sufragios han prometido públicamente la firma inmediata del citado acuerdo. Otra nota interesante es que el postulante presidencial avalado por Karzai no alcanzó rango de finalista.

La consolidación de la democracia en Afganistán luce prometedora, en gran parte por la demostración de civilidad que evidenció el reciente proceso electoral. Es un gran paso hacia la democracia.

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