El nuevo primer ministro ha consolidado su posición de político moderado, más pragmático que ideológico y más inclinado al diálogo que a la confrontación

 25 octubre, 2015

Justin Trudeau, de 43 años, es un joven líder cuyo nombre concita ilustres credenciales en la política de su país. Se le reconoce haber conducido al Partido Liberal a la victoria en las elecciones federales de Canadá celebradas el lunes. Trudeau, ex maestro escolar, dirigió la transformación de su partido mediante una eficaz fórmula cívica que en esta ocasión arrolló en las urnas.

El nuevo gobernante irrumpió en la vida pública desde su niñez como hijo del célebre y popular Pierre Trudeau, quien, en cuatro periodos sucesivos, empezando en 1968 y a la cabeza de su Partido Liberal, fue escogido para conducir los destinos de Canadá. Cuando falleció, en el 2000, sus funerales atrajeron muchas de las figuras cuya amistad cultivó en su vida pública, incluido Fidel Castro. Pero el momento estelar de las exequias fue el mensaje pronunciado por su hijo Justin, colmado de memorias conmovedoras.

Sin Pierre Trudeau, el Partido Liberal sufrió marcadas derrotas sucesivas. Justin llegó al Parlamento en el 2008 y su carrera ascendente en la jerarquía política fue acompañada por algunas posiciones controvertidas. Así, por ejemplo, promovió la legalización de la marihuana y el derecho de la mujer al aborto. Su apoyo a una legislación para combatir el terrorismo, auspiciada por el Gobierno conservador de Stephen Harper, también generó malestar dentro del partido.

En todo caso, Justin Trudeau ha consolidado su posición de político moderado, más pragmático que ideológico y más inclinado al diálogo que a la confrontación. Sin duda, su tarea como gobernante será alentada por la amplia mayoría legislativa obtenida por su partido.

En sus conversaciones telefónicas con el presidente Barack Obama, ha destacado su deseo por reafirmar y mejorar la relación especial de Canadá con Estados Unidos, incluso para abordar asuntos que demandan nuevas definiciones. En este sentido, declaró que suspendería la participación canadiense en las operaciones de bombardeo aéreo contra posiciones del Estado Islámico en Irak y Siria. Por otra parte, Canadá y Estados Unidos forman parte de la alianza comercial integrada por doce naciones de la región del Pacífico, vía promisoria de cooperación que Trudeau apoya. Esta iniciativa aguarda la ratificación legislativa en Washington y Ottawa. De todas formas, las incursiones de Trudeau en la diplomacia y el comercio internacional por ahora se muestran positivas, aunque las dudas persisten respecto a cómo evolucionarán estos quehaceres más adelante.

El nuevo primer ministro y su gabinete deberán ser juramentados en noviembre, un respiro quizás hasta entonces para que el nuevo gobernante comparta tiempo con su esposa y sus tres hijos. Pero hay imperativos que no aguardan, en especial, reanimar la economía, que es una tarea muy vinculada con la situación estadounidense en este ámbito. Recordemos que Canadá es el mayor socio comercial de Estados Unidos, de manera que el ritmo económico en una y otra nación repercute en forma recíproca.

No debemos perder de vista el renglón comercial y, en general, el político con respecto a Latinoamérica. Aunque existen convenios comerciales con diversos países de la región, todavía no ha sido realmente definida la política de la nueva Administración en torno a una serie de conflictos en la zona.

Ofrecemos nuestros mejores deseos para el exitoso desempeño del nuevo Gobierno de Canadá, nación con la que Costa Rica mantiene viejos vínculos de amistad y cooperación democrática.