La terminal de contenedores de Moín ofrecerá importantes beneficios al país, pero Limón tiene derecho a participar de ellos en forma prioritaria

 21 octubre, 2015

Luego de superar infinidad de obstáculos, la nueva Terminal de Contenedores de Moín avanza a paso satisfactorio. La primera etapa del megapuerto podría entrar en operación en el 2018 y desde ahora se perciben los efectos benéficos sobre la economía de la zona. Empresarios y trabajadores dan testimonio del progreso y esperan la ampliación de las obras.

La terminal brindará importantes beneficios al país, pero Limón tiene derecho a participar de ellos en forma prioritaria. La empresa APM Terminals y los subcontratistas han reclutado al 85% de los trabajadores en la zona, pero encuentran limitaciones a la hora de conseguir personal calificado. Así, las obras de la terminal desnudan una parte de la deuda que tenemos con su principal ciudad portuaria.

A lo largo de décadas de desarrollo limitado, Limón ha sufrido fuga de talentos y las limitadas oportunidades educativas no estimulan su reemplazo. Muchos jóvenes se desplazan a San José para estudiar o encontrar trabajo. En consecuencia, los constructores de la nueva terminal se han visto obligados a importar trabajadores calificados de San José.

Kenneth Waugh, gerente general de APM, no deja dudas de la intención de llenar las plazas con talento local. “Estamos tratando de buscarlo –dice– pero es difícil conseguirlo con experiencia en una obra de esta magnitud”. Ricardo Wing, director de la sede regional de la Universidad de Costa Rica, explica las razones de esa dificultad: “Históricamente, Limón no ha requerido mano de obra calificada. Es reciente, desde hace unos 20 años, que la transformación económica y social de la provincia la ha demandado”.

El esfuerzo de APM va más allá de la búsqueda de talento local. Constatada la dificultad de hallarla, se ha puesto en contacto con el Instituto Nacional de Aprendizaje (INA) para asesorar sobre el tipo de destrezas que serán necesarias para la construcción y operación de las instalaciones. El INA fue creado precisamente con ese fin y ninguna otra región del país tiene, en este momento, el conjunto de oportunidades y necesidades existentes en Limón. Ampliar los programas de capacitación y ajustarlos a las nuevas exigencias del desarrollo debe ser una alta prioridad.

Waugh cita la escasez de soldadores como ejemplo de las necesidades de formación técnica identificadas hasta ahora. En el campo de la educación universitaria, Wing aspira a ofrecer carreras como la ingeniería eléctrica e industrial, además de fortalecer el área de matemáticas.

Randy Gordon, de la Cámara de Comercio de Limón, afirma que la provincia no estaba preparada para la inversión de $1.000 millones y culpó al Gobierno de no brindar mayores oportunidades de educación en la zona. El reclamo debe ser atendido. Wing propone hacerlo con las necesidades del mercado laboral como norte.

Si la empresa concesionaria muestra voluntad de dirigir los beneficios hacia la provincia, el Estado no puede dejar de sumarse al esfuerzo, no solo en el ámbito de la educación técnica y profesional, sino también en otras áreas necesitadas de apoyo para capitalizar las nuevas oportunidades.

A Limón se le ha fallado con demasiadas promesas. El triste destino del proyecto Ciudad Puerto es la más reciente. Años de atraso y gastos, generados en oficinas públicas de la capital, produjeron un mínimo de beneficios pese a la disponibilidad del financiamiento para lograr un impacto mucho mayor. El megapuerto es una nueva promesa de dinamismo; no debe pasar sin rendir todos los frutos posibles a una ciudad clave para el comercio internacional costarricense.