Opinión

EDITORIAL

La nueva educación

Actualizado el 01 de marzo de 2013 a las 12:00 am

Acelerar el ritmo de adopción de las nuevas tecnologías por el sistema educativo debe convertirse en una cruzada nacional

Ese objetivo es una altísima prioridad de Fonatel, cuya gestión inicial se ha visto atrapada en una maraña de discusiones burocráticas

Opinión

La nueva educación

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

La llegada de las nuevas tecnologías a las aulas sorprende a los docentes sin la preparación necesaria para aplicarlas a la enseñanza. Existe, además, una comprensible resistencia al cambio y, para complicar las cosas, la naturaleza de los novedosos recursos exige una constante voluntad de ajuste. El reto es todavía mayor si se consideran los límites de la conectividad en escuelas y colegios.

La necesidad de acelerar el paso debe convertirse en cruzada nacional. Son muchos los sectores involucrados y los ajustes necesarios en cada uno de ellos. Para comenzar, el Gobierno debe procurar la ampliación de la conectividad instalada en los centros educativos. En 4.120 de ellos hay al menos una conexión, pero en pocos existen suficientes.

El vicepresidente Luis Liberman ha venido insistiendo en la necesidad de agilizar la inversión de los recursos acumulados en el Fondo Nacional de Telecomunicaciones (Fonatel), uno de cuyos fines es desarrollar la conexión de escuelas y colegios a la Internet. Ese objetivo es una altísima prioridad de Fonatel, cuya gestión inicial se ha visto atrapada en una maraña de discusiones burocráticas.

El fondo percibe el 1,5% de los ingresos brutos de los operadores del servicio de telecomunicaciones y comenzó con la considerable suma de $170 millones pagados por las dos concesionarias privadas de telefonía celular a cambio de utilizar las frecuencias a ellas asignadas.

El Gobierno anunció el propósito de conectar el 85% de los centros educativos a la Internet para el 2014. Se ha perdido tiempo, pero el objetivo no debe ser abandonado. La brecha entre la educación pública y la privada seguirá creciendo en la medida en que a la segunda le falten los recursos necesarios para incorporar la tecnología digital a la enseñanza. La tarea, desde luego, trasciende en mucho a la actual administración. Si en algún área está el país urgido de una política de Estado es en esta, de cuyo desarrollo depende la competitividad nacional a breve plazo. La inserción en la economía del conocimiento no es una quimera para un país como el nuestro.

Las universidades, por su parte, deben revisar los programas de estudio para incluir la capacitación en esta materia. No solo se trata de enseñar a los futuros docentes cómo utilizar las tecnologías digitales para facilitar los aspectos administrativos de su trabajo, sino de formarlos para incorporar el uso de esas tecnologías a la enseñanza. En palabras de Alberto Cañas Collado, cofundador del Instituto de Cognición Humana y de la Máquina, “en países subdesarrollados se trata de resolver el problema de la baja calidad de la educación dándole una computadora a cada estudiante, pero lo más importante es el cambio en la metodología del docente”.

PUBLICIDAD

Tampoco se trata de capacitar únicamente a los estudiantes de educación. Es preciso extender el conocimiento a quienes ya ejercen. La brecha digital crece con celeridad y no hay tiempo para esperar un relevo generacional. Las oportunidades de formación perdidas por los alumnos de este momento difícilmente serán recuperadas. La contribución de las universidades, sumada a los esfuerzos del Ministerio de Educación y entidades privadas como la Fundación Omar Dengo, puede ser extraordinaria en la formación de maestros y profesores con experiencia en la enseñanza tradicional.

Los docentes, por su parte, deben vencer el temor al cambio y desplegar la voluntad necesaria para aprender nuevas destrezas en beneficio de sus alumnos. Con los recursos digitales, las lecciones ganarán en creatividad, dinamismo y actualización de los contenidos.

La disposición al cambio de los educadores es un elemento clave, pero la falta de conocimientos para aplicar la tecnología digital a la enseñanza no les puede ser reclamada mientras no se les ofrezca acceso a la capacitación y condiciones mínimas para poner los nuevos métodos en práctica. El esfuerzo es, necesariamente, conjunto entre el Gobierno, los educadores, los organismos privados del sector y las universidades.

  • Comparta este artículo
Opinión

La nueva educación

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota