Opinión

EDITORIAL

La nueva economía exige el IVA

Actualizado el 03 de febrero de 2016 a las 12:00 am

Los servicios representan un 40% del producto interno bruto y tienden a crecer en relación con la producción de bienes, pero tributan poco

La economía nacional evoluciona a pasos acelerados, mas la estructura tributaria permanece estancada y es preciso modernizarla con la aprobacióndel IVA

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El sector de servicios es el más dinámico de la economía nacional, pero su participación como contribuyente es absurdamente baja. Los servicios representan un 40% del producto interno bruto y tienden a crecer en relación con la producción de bienes. La agricultura, la industria y el comercio pierden terreno en términos relativos, pero todavía constituyen buena parte de la base impositiva. En cambio, la mayoría de los servicios están libres del impuesto de ventas.

En suma, la economía nacional evoluciona a pasos acelerados, mas la estructura tributaria permanece estancada. Como los servicios no pagan impuesto de ventas, tampoco es posible la fiscalización cruzada para asegurar la cancelación del tributo sobre la renta. El sector más dinámico de la economía vive en un paraíso fiscal mientras crece el déficit y se acumula el endeudamiento.

El cambio de la estructura productiva es una buena noticia. Los servicios, con su alto valor agregado, apuntan a una saludable modernización. El país tiene derecho a sacar ventaja del esfuerzo. Elementales razones de justicia social y económica demandan un ajuste.

Los servicios no crecen en el vacío. Su desarrollo exige el fortalecimiento de las telecomunicaciones, inversión pública en educación y otras condiciones financiadas por la sociedad mediante el pago de tarifas e impuestos. No hay razón alguna para eximir a uno de los principales beneficiarios de esos empeños, y cargar los costos sobre las espaldas del resto de la producción.

El impuesto al valor agregado (IVA) es un primer paso para incorporar los servicios a la base impositiva del país. Representa una modernización del sistema tributario congruente con la evolución de la economía nacional. La necesidad de adoptarlo se discute desde hace años porque el dinamismo de los servicios ha sido evidente. El nuevo cálculo del producto interno bruto elaborado por el Banco Central solo viene a confirmarlo y a precisar la medida de la participación del sector en la economía nacional.

Sin embargo, la adopción del IVA en sustitución del impuesto de ventas no ha corrido con suerte. Los sectores exonerados apenas tardan en dar el paso al frente cuando ven amenazados sus privilegios. Cada uno de ellos alega razones de bien social y lucha por librarse del tributo. Los intentos más exitosos siempre han estado plagados de excepciones que derrotan los mejores propósitos del IVA, cuya principal ventaja es el combate de la evasión fiscal.

El IVA crea una cadena de pago que transforma a cada eslabón en fiscal del cumplimiento de los demás. El vendedor lo cobra en toda transacción de bienes o servicios y se reembolsa el impuesto pagado a su proveedor, para lo cual debe documentar la compra. Así, el fisco controla el pago por parte del proveedor inicial. Esa supervisión, por otra parte, limita la posibilidad de evadir el impuesto sobre la renta. Sin embargo, las exoneraciones rompen la cadena y le restan eficacia al IVA como mecanismo de fiscalización.

A los sectores exonerados se suman grupos políticos opuestos a la regresividad del tributo. El IVA sin exoneraciones afectaría a todos, independientemente de su condición social y económica. Por ello, el gobierno ha complicado la discusión con la propuesta de devolver el promedio de la recaudación per cápita a la población más necesitada. La medida exigiría un grado de organización difícil de alcanzar para reintegrar entre ¢42.188 y ¢44.384 por grupo familiar, al mes.

Pero hay otras formas de compensar a la población más necesitada. Para comenzar, la amenaza de la inflación, el más cruel de los impuestos, se cernirá nuevamente sobre el país si el gobierno no se decide a enfrentar el déficit fiscal mediante la reducción de gastos y el incremento de los ingresos. El IVA puede ser un elemento fundamental en este último aspecto. También existe la posibilidad de mejorar los sistemas asistenciales o, cuando menos, reducir su deterioro. Hay una rica fuente de recaudación en el sector de los servicios que el país se ha negado a explotar.

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