Los vínculos bilaterales están en un proceso de maduración que debe abordarse con realismo

 13 enero, 2015

La reciente visita del presidente, Luis Guillermo Solís, a China no condujo a resultados sorprendentes ni a iniciativas inéditas, pero tuvo la virtud de dar un nuevo aporte a la consolidación de unos nexos bilaterales en proceso de maduración, y de avanzar en importantes proyectos emprendidos por las dos Administraciones anteriores. En este sentido, no se produjo “un antes y un después” en los vínculos, como se ha dicho exageradamente, sino un seguimiento, con ajustes, de la relación ya existente, como corresponde a la continuidad de nuestra política exterior. Es una buena noticia para el país.

La única real novedad fue el anuncio de una donación no condicionada de $24 millones, cuyo destino se definirá a corto plazo. Este regalo, que también se inscribe en la tradición de otros aportes –Estadio Nacional y Escuela Nacional de Policía, por ejemplo–, debe ser bienvenido y tendrá positivo impacto en algunos proyectos, que el Gobierno anunciará pronto. Sin embargo, lo más relevante para Costa Rica es que sigamos avanzando en las dimensiones estructurales de nuestros vínculos, sobre todo en los ámbitos económicos, científicos, tecnológicos y culturales. Este avance debe darse a sabiendas de que nuestras opciones políticas son marcadamente distintas, y de que China no es un país democrático ni respetuoso de los derechos humanos.

Solís, quien viajó acompañado por los ministros de Relaciones Exteriores, Comercio Exterior, Planificación, y Obras Públicas y Transportes, además de la presidenta ejecutiva de Recope, firmó un memorando de entendimiento para realizar un estudio conjunto de factibilidad sobre la creación de una Zona Económica Especial (ZEE). La iniciativa había sido negociada por la administración de Laura Chinchilla, que impulsó sus etapas preliminares, y nos satisface que haya sido acogida por la actual. Tal como dijo, meses atrás, el ministro de Comercio Exterior, Alexánder Mora, luego de otro viaje a China, el propósito es que la ZEE pueda desarrollarse dentro del modelo de zonas francas; es decir, que no se base en leyes especiales. Coincidimos plenamente con este abordaje.

También, el presidente retomó iniciativas para la atracción de turistas chinos al país. Estas incluyen, entre otras cosas, dos proyectos anunciados durante el Gobierno anterior: la apertura de un consulado en Shanghái, la ciudad más populosa y rica de China, y la negociación de convenios aéreos que permitan, eventualmente, vuelos entre los dos países. En el camino habrá que resolver temas migratorios y de volúmenes de viajeros, que justifiquen vuelos directos, pero, al menos, seguimos avanzando en el proceso.

Solís anunció, además, un acuerdo para revivir el proyecto de una nueva refinería en Moín, cuyo estudio de factibilidad estará a cargo de Recope. Esperamos que, esta vez, el análisis sí se haga en un marco de transparencia, eficiencia y adecuada valoración de costos-beneficios.

Celebramos la decisión de analizar la posibilidad de producir biocombustibles. Precisamente, entre los vectores que han marcado nuestras relaciones con China desde hace algunos años, está su posible participación en proyectos de energías limpias. Esa cláusula del acuerdo es otro paso importante en tal sentido.

Aún no sabemos cuál es el estado de las negociaciones para el préstamo destinado a la ampliación de la ruta 32, una vía crucial para el desarrollo de Limón y de la competitividad nacional. Esperamos que se superen todas las trabas existentes y se pueda iniciar la obra a la mayor brevedad posible. Es algo en lo que el Gobierno debería demostrar mayor iniciativa.

Desde que, en junio del 2007, el gobierno de Óscar Arias decidió –acertadamente– establecer relaciones con China, estas, en general, han evolucionado saludablemente. Hasta ahora, el logro más importante y estratégico ha sido la negociación y entrada en vigencia del tratado de libre comercio entre nuestros dos países, en agosto del 2011, al que han seguido iniciativas como las comentadas. Además, desde la anterior Administración se ha avanzado en la negociación de protocolos sanitarios y fitosanitarios que han conducido, entre otras cosas, a la posibilidad de exportar carne de cerdo y leche al mercado chino. Dos presidentes chinos han visitado nuestro país: Hu Jintao, durante el gobierno de Arias, y Xi Jinpin, durante el de Chinchilla. También Arias y Chinchilla visitaron China y, en noviembre del 2013, fuimos anfitriones de la cumbre empresarial China-América Latina, que se realiza desde hace pocos años.

De este modo, se ha venido conformando una vinculación importante que, sin embargo, tampoco puede exagerarse en su naturaleza (¿estratégica?) o impacto. Por ejemplo, según los datos más recientes del Ministerio de Comercio Exterior, en el 2013 nuestras exportaciones a China sumaron $371,7 millones, mientras que a Estados Unidos llegaron $4.471 millones. La inversión extrajera china apenas alcanzó los $6,1 millones, contra $1.602 de la estadounidense. Es decir, los vínculos económicos no son aún tan significativos, pero sí tienen potencial de crecimiento. Es a esto a lo que debemos apostar, sin hipérboles, con responsabilidad, método y sentido de realidad.

Etiquetado como: