Hay que admitir que las características naturales y logísticas de la industria turística nacional no son exclusivas y que pueden perder atractivo

 7 mayo, 2015

Ecuador gastó en un solo anuncio televisivo, el celebrado spot del Super Bowl, más de lo que Costa Rica presupuestó para realizar una campaña de 13 meses. El país suramericano lucha por convertirse en potencia turística con una inversión de $600 millones, en cuatro años, y una estrategia agresiva que debe alertarnos a tiempo.

Hace 15 años, las primeras empresas de turismo ecológico de la nación andina se instalaron con ayuda de asesores costarricenses, en un tácito reconocimiento del liderazgo nacional, en un campo que era entonces innovador. Hoy, la competencia es directa y brutal. Puede parecernos que Ecuador es un territorio alejado del nuestro, aunque su oferta se basa en la biodiversidad y en el fácil transporte a múltiples destinos en corto tiempo. El mercado meta es el mismo que el de Costa Rica, Estados Unidos, de donde proviene el 38% de los visitantes que nos frecuentan.

Que Ecuador pueda disfrazarse de Costa Rica, para mostrar su músculo turístico, quedó demostrado hace un mes cuando lanzó la campaña “Viaje a ciegas”. La marca Costa Rica Esencial y las imágenes locales le hicieron creer a un grupo de 40 ecuatorianos que venían a Golfito, cuando en realidad nunca salieron de su nación. Más allá del malestar diplomático que ocasionó y de la manifiesta creatividad de la competencia, que reconocemos, debemos admitir que las características naturales y logísticas de la industria turística nacional no son exclusivas y pueden perder atractivo en cualquier momento, si no hacemos algo para mejorarlas.

Ya en diciembre pasado The Boston Globe nos sacó de la lista de los mejores destinos del mundo, incluyó a Cuba y a Colombia como los grandes países emergentes y declaró enfáticamente: “Olvídese de Costa Rica, noticia vieja. Los expertos están llamando a Nicaragua el mejor destino de América Central… una tierra de rica biodiversidad, picos volcánicos, selvas, playas y reservas naturales”. Este criterio es compartido por publicaciones especializadas como Lonely Planet , que añaden otro factor determinante: nuestro país es 20% más caro que el promedio latinoamericano.

Costa Rica duplica la infraestructura hotelera de Panamá y cuadriplica la de Nicaragua, en donde aún es precaria, pero hay que analizar las tendencias a largo plazo para disponer de un panorama completo. El aumento de visitantes a nuestro país fue un 4%, el año pasado, mientras que el de otros destinos, como Guatemala, fue el doble.

Todo esto nos lleva a preguntarnos si Costa Rica está haciendo lo que debe para identificar las amenazas y preservar y aumentar su liderazgo regional. El sector privado piensa que no, al menos en el primer año de la administración Solís, como se evidenció en el distanciamiento que mantuvo con el ahora exministro Wilhelm von Breymann y que lo llevó a ser sustituido por Mauricio Ventura, expresidente de la Cámara Nacional de Turismo (Canatur).

Ventura tendrá que salir al paso de las acusaciones de Canatur y de la Cámara Costarricense de Hoteles (CCH), entre otras organizaciones empresariales, de que el sector no tiene peso en las decisiones económicas del actual gobierno y que la política turística se ha visto empantanada por iniciativas contradictorias, como impuestos a las tarifas de los parques nacionales y la lentitud del aparato institucional para ponerse en funcionamiento.

Por lo pronto, el nuevo ministro debe aclarar cuál es su postura con respecto al proyecto de ley para readecuar las deudas de 80 mipymes turísticas afectadas por la crisis financiera del 2008, y que tendría un costo de $15 millones.

En su discurso del 1.° de mayo, el presidente, Luis Guillermo Solís, les solicitó a los diputados aprobar esta iniciativa, a pesar de que el Instituto Costarricense de Turismo (ICT) se opone a que el 50% de los fondos sean tomados de su presupuesto.

Costa Rica es uno de los países latinoamericanos que destina menos recursos a la promoción internacional. De aprobarse el proyecto, tal y como está redactado en la actualidad, los escasos recursos disponibles, para mercadeo, se verían aún más comprometidos y, por tanto, la meta de atraer un millón más de visitantes en los próximos años.

Las recientes relaciones diplomáticas de Estados Unidos con Cuba y la sostenida inversión en Nicaragua y Panamá harán de estos países formidables competidores para Costa Rica en el mercado turístico.

Nuestro país ha apostado por el visitante de altos ingresos, que aprecia los valores de la sostenibilidad y de la biodiversidad. Pero esto no es suficiente si la estrategia y las acciones para alcanzar los objetivos no son claras y contundentes.