Podemos lograr y superar los $20.000 millones de exportaciones en el 2017

 25 julio, 2014

El desarrollo de las exportaciones nacionales ha sido, a lo largo de varios años, una historia de éxito. Su crecimiento, acompañado por la diversificación de productos y mercados y un dinámico comportamiento de la inversión extranjera directa, tiene más de dos décadas. Por ejemplo, según cifras del Ministerio de Comercio Exterior (Comex), en 1990 la venta de productos costarricenses en el exterior sumó $1.768 millones y, en el 2003, superó los $11.500 millones, es decir, se multiplicó por más de seis. También han aumentado sustancialmente las exportaciones per cápita, el número de países de destino, de productos exportados y de empresas exportadoras.

Si a los bienes añadimos los servicios, el comportamiento ha sido aún más notable, para alcanzar una cifra total de ingreso de divisas ligeramente superior a los $17.000 millones al término del año pasado. Por esto, creemos posible que, a finales del 2017, Costa Rica pueda alcanzar, e incluso superar, una meta de exportaciones globales de $20.000 millones, como ha adelantado el ministro del Comex, Alexánder Mora.

El exitoso desempeño exportador del país es producto de una multiplicidad de factores. Entre ellos destacan una serie de reformas estructurales gestadas desde inicios de la década de los 80; nuestra estabilidad política, seguridad jurídica y políticas macroeconómicas responsables; la calidad de nuestros recursos humanos; la apertura comercial, traducida, entre otras cosas, en un conjunto de tratados de libre comercio de creciente calidad; una posición geográfica privilegiada; una sólida institucionalidad exportadora (Comex, Procomer y Cinde, esencialmente), y una estrategia de atracción de inversiones y penetración de mercados ejemplar en el mundo.

También hay que apuntar que mucho de este éxito se ha logrado a pesar de enormes problemas de infraestructura, complejidades burocráticas, lentitud en la adaptación de la educación superior a las nuevas necesidades y oportunidades, un mercado de capitales interno poco desarrollado, y costos cada vez más altos de electricidad. Todos estos factores inciden en una menor producción y, sobre todo, insuficiente mejora en la productividad, particularmente en las industrias medianas y pequeñas de base local, que son las que más padecen las insuficiencias nacionales.

No es difícil, entonces, imaginar cuánto más podríamos haber avanzado sin estos obstáculos, y cuánto más podremos hacerlo si logramos superarlos o, al menos, reducirlos drásticamente. Es necesario actuar en este sentido para generar muchas más ventajas comparativas y competitivas, y no limitarnos a seguir potenciando nuestras fortalezas sin corregir nuestras muchas debilidades.

A los empresarios les corresponde la responsabilidad principal de asumir riesgos, ser innovadores, generar eficiencias, superar desafíos, aprovechar oportunidades, crear valor e impulsar sus ventas. Unas veces tendrán éxito, otras fracasarán.

Por su parte, al Estado le compete, mediante una adecuada asignación de prioridades, buenas políticas y eficaz ejecución para hacerlas realidad, mejorar sustancialmente las condiciones que impulsen aún más no solo nuestras exportaciones de bienes y servicios, sino también el crecimiento económico en general. Son estos requisitos indispensables para un mayor y más equitativo bienestar de la población que, además, sea sostenible.

Por esto, confiamos en que, además de establecer metas razonables en cuanto al crecimiento exportador, el Gobierno se imponga objetivos aún más elevados. Estos deberían contemplar, al menos, mejorar sustancialmente la infraestructura; generar electricidad más limpia, barata y abundante –lo cual pasa, necesariamente, por mayor apertura a la generación privada–; desarrollar mayores esfuerzos en innovación, educación pertinente, emprendedurismo y productividad, y definir claramente las estrategias para completar, lo antes posible, nuestra adhesión plena a la Alianza del Pacífico y a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Algunas de estas iniciativas solo requieren continuidad y, ojalá, mayor eficiencia en su ejecución; otras, liderazgo y acuerdos políticos para aprobar urgentes reformas postergadas; todas, una visión bien articulada sobre nuestro desarrollo.

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