Opinión

EDITORIAL

La megaterminal del Atlántico

Actualizado el 02 de abril de 2013 a las 12:00 am

El nuevo puerto crearía una participación muy significativa de Costa Rica en la industria del transporte internacional

La obra es un caso mandado a hacer para ilustrar la necesidad del sistema de concesión de obra pública

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La nueva generación de grandes barcos, capaces de movilizar entre 12.000 y 16.000 contenedores por el canal de Panamá, crea la necesidad de un puerto de trasbordo en el Atlántico, donde naves de menor tamaño puedan recoger la mercadería y distribuirla por Centroamérica y el Caribe. El Estado costarricense no cuenta con los recursos necesarios para construirlo y tampoco tendría la posibilidad de operarlo, dice Allan Hidalgo, presidente ejecutivo de la Junta de Administración Portuaria y de Desarrollo Económico de la Vertiente Atlántica.

Sin embargo, la oportunidad de entrar en el negocio madura a ritmo de los avances del trabajo de ampliación del canal, cuya conclusión está prevista para el 2015. Resulta, además, que Moín es una localización ideal para el nuevo puerto, valorado en $1.100 millones.

Es un proyecto enorme, pero nada tiene de iluso. Encuentra respaldo en un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Su factibilidad es producto de la geografía. En palabras del BID, Moín “'se encuentra bien posicionado para servir como central de transbordo para los buques de gran tamaño que crucen por el canal. Este puerto está localizado a una distancia relativamente corta de la principal ruta marítima hacia el noreste y puede servir a toda Centroamérica (tanto por mar como por tierra si se mejorara la conectividad terrestre) y al Caribe”.

El impacto económico sobre la deprimida provincia limonense no puede ser subestimado. La inversión es cuantiosa, la fuente de trabajo, importante, y muchos los beneficios derivados para otros sectores de la economía regional. El país obtendría, además, un canon calculado sobre los ingresos anuales de la operación portuaria. No debemos dejar pasar la oportunidad.

Es un caso mandado a hacer para ilustrar la necesidad del sistema de concesión de obra pública, pese a los prejuicios existentes en su contra. La alternativa es dar la espalda al negocio y dejarlo a expensas de la iniciativa de algún país competidor.

Por ahora, aparte del puerto panameño, el competidor más cercano en instalaciones de esta magnitud se ubica en Caucedo, República Dominicana, a 1.500 kilómetros de la desembocadura del canal, más de cuatro veces la distancia a Moín.

El propio estudio del BID contiene la sugerencia de desarrollar otro tipo de infraestructura para maximizar el aprovechamiento de la inversión portuaria. Solo así se comprende la alusión a las oportunidades para el transporte terrestre “si se mejorara la conectividad” por esa vía.

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El puerto crearía una participación muy significativa de Costa Rica en la industria del transporte internacional. Es, ni más ni menos, una forma de compartir con Panamá su más formidable fuente de riqueza.

Pese al debate y los errores cometidos, la concesión de obra pública es la única vía abierta para allegar el negocio a nuestras costas. La firma canadiense American Gateway Development comenzará a desarrollar los estudios técnicos en abril, con una inversión de $15 millones. La megaterminal del Atlántico se ubicaría en un terreno de 45 hectáreas, al noreste del puerto petrolero de Recope.

Si se consigue un acuerdo final, la construcción podría comenzar en el tercer trimestre del 2014. Los trabajos requerirán de tres años, pero la primera fase podría estar lista a finales del 2015, a tiempo para empatar con la conclusión de los trabajos de ampliación del canal. Ojalá así sea para beneficio del país y de su sufrida costa atlántica.

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