La política de alianzas de la cúpula partidista se revela como un ejercicio inconsulto y forzado, capaz de provocar la resistencia de las bases y la dirigencia tradicional

 30 julio, 2015

La política de alianzas promovida por la cúpula del Partido Acción Ciudadana (PAC) produjo el efecto inmediato de profundizar las diferencias en lo interno de su fracción legislativa. Un importante sector de la bancada rechaza el pacto firmado con un grupo de sindicalistas y el Frente Amplio, y tampoco concuerda con la idea de presentarse en coalición con ese partido en las próximas elecciones municipales.

Ahora, la división causada por las maniobras de la dirigencia parece alcanzar a las bases, que no tuvieron oportunidad de manifestarse sobre el pacto celebrado en el teatro Melico Salazar, pero sí sobre las coaliciones municipales. De cincuenta acuerdos posibles, solo seis podrían concretarse; dos de ellos en espera de aprobación de la Asamblea Nacional.

El secretario general del Frente Amplio, Rodolfo Ulloa, cree poco probable un pronunciamiento de los asambleístas del PAC a tiempo para inscribir las dos últimas coaliciones en el Tribunal Supremo de Elecciones. En el mejor de los casos, ambos partidos se unirán en seis de los 81 cantones, pero podría ser en solo cuatro.

Margarita Bolaños, presidenta del PAC, ya admite el fracaso de la iniciativa electoral. No es fácil para las asambleas cantonales “deshacerse de su bandera para crear una nueva”. Esto pretendía la dirigencia del PAC y las bases no le respondieron.

Ulloa, luego de admitir que “se lograron bastante menos coaliciones” que las pretendidas, brinda otra explicación: “En cantones dominados por el ottonismo, ni siquiera hubo opción”. El dirigente puso por ejemplo los casos de San José y San Carlos, donde el candidato del PAC será el exdiputado Manrique Oviedo, claramente identificado con la corriente fundacional liderada por Ottón Solís y poco dado a disimular su distanciamiento de las cúpulas, a las cuales ha hecho blanco de fuertes críticas y les reprocha su “problema ideológico”.

A la luz de los acontecimientos, la política de alianzas de la cúpula del PAC se revela como un ejercicio inconsulto y forzado, capaz de provocar la resistencia de las bases y la dirigencia tradicional. Cuando menos, es un paso en falso cuya rectificación no parece fácil. Ya está clara la voluntad de convertir al PAC en un partido distinto, con otra bandera y una definición ideológica suficientemente próxima a la del Frente Amplio como para fundirse en una sola fuerza.

Habrá, en las próximas elecciones municipales, tres caras del PAC: en un puñado de cantones, participará en coalición con el Frente Amplio y utilizará otros nombres y banderas. En el resto, se presentará solo, pero con candidatos pertenecientes a dos facciones partidarias sustancialmente distintas.

La política de alianzas tampoco deja de afectar al gobierno, que se vio en el difícil trance de negar todo conocimiento del acuerdo firmado con el Frente Amplio y los sindicatos en el Melico Salazar. La Casa Presidencial quedó entre la espada y la pared. Como única alternativa, debió decidir entre las consecuencias políticas de abrazar el pacto y la incomodidad de declararse desconocedora de las negociaciones desarrolladas por su propio partido, con participación del jefe de su bancada en la Asamblea Legislativa.

Para más complejidad, la agenda pactada en el Melico Salazar conduce a un callejón sin salida en la apremiante materia fiscal. Las bases del pacto descartan posibilidades de recortar el gasto público, pero la oposición legislativa se niega a aprobar nuevos ingresos si los planes de estabilización no incluyen ahorros. El propio Poder Ejecutivo ha mostrado su preocupación por los llamados disparadores del gasto, pero titubea sobre la posibilidad de impulsar una reforma al empleo público.

El pacto del Melico no ha sido sometido a consideración de la Asamblea Nacional del partido oficialista. El debate se ha pospuesto, pese a la insistencia de la corriente fundacional, representada en este caso por la exdiputada Sadie Bravo y el asambleísta Fernando Jiménez.

La cúpula lleva todas las de ganar porque goza de una amplia mayoría en dicha asamblea, pero las repercusiones de la discusión en otros ámbitos del partido son de temer, sobre todo en vista de los acontecimientos recientes, incluida la renuncia de la subjefa de fracción, Lidia Jiménez, por su desacuerdo con el pacto, entre otras razones.