El manejo del cierre de la importación por presuntas razones sanitarias genera varias inquietudes

 24 junio, 2015

La decisión que tome una entidad técnica oficial, como el Servicio Fitosanitario del Estado (SFE), para prohibir el ingreso de determinados productos agrícolas, no debería ser motivo de gran polémica, siempre que medien, al menos, cuatro factores: estudios sólidos y transparentes que justifiquen la medida y su ámbito de aplicación; un proceso adecuado para decretarla y comunicarla a otras instancias, en particular a los socios comerciales; la certeza de que no se está utilizando como una vía para manipular el comercio; y un manejo consecuente de la decisión por parte de las más altas autoridades gubernamentales.

Si el cierre de las importaciones de aguacates haas procedentes de nueve mercados que decretó el SFE el 5 de mayo hubiera cumplido a cabalidad con los mencionados elementos, no se habrían generado las enormes y justificadas inquietudes que han seguido a la medida. Desgraciadamente, no sucedió así. La información sobre la decisión ha sido insuficiente y poco convincente, la aplicación se ha caracterizado por la torpeza, las reverberaciones han revelado ímpetus proteccionistas por parte de algunos funcionarios y el manejo político y comunicativo se ha desplazado hacia el populismo.

Ha sido, en síntesis, un episodio lamentable y preocupante, que ha abierto un nuevo flanco de desconfianza sobre la estrategia comercial de la presente administración. Si a ello añadimos otras dos noticias sobre temas distintos, pero relacionados, la preocupación aumenta.

Desde que el SFE comunicó su decisión, algunos sectores plantearon dudas sobre la justificación, el soporte técnico y las implicaciones, que no han sido respondidas con suficiente rapidez y claridad. En su lugar, se ha tratado de deslegitimarlas, por proceder, mayoritariamente, de importadores, pero sin aclarar adecuadamente los puntos que estos plantearon.

Según manifestó el propio ministro de Comercio Exterior, Alexánder Mora, durante el manejo de la decisión no se observaron adecuados protocolos para notificar previamente a los socios comerciales de Costa Rica, en particular México, de donde procede la mayor parte del aguacate importado. Esto, según dijo, impidió que estos países pudieran corregir los problemas alegados y presentar los estudios técnicos que evitaran el cierre de nuestras importaciones. ¿Error u omisión deliberada?

Tan curiosa modalidad de proceder es razón suficiente para suponer que tras la medida existan intenciones proteccionistas. La presunción se ha visto reforzada por declaraciones de algunos altos funcionarios. Entre ellos está el viceministro de Agricultura, quien el pasado jueves, durante una gira con el presidente Luis Guillermo Solís por San Carlos, dijo que se había “acabado el cuentito” de que resulta más barato importar los comestibles. Por su parte, Solís señaló como muestra de “cambio” la decisión de mantener salvaguardas al arroz importado, lo cual beneficia directamente a grandes productores y perjudica a los consumidores.

Este sesgo contrario al comercio internacional de bienes agrícolas como forma de aprovechar ventajas comparativas, promover el valor agregado de los productores nacionales y beneficiar a los consumidores fue coronado, como cereza del pastel, por el pedestre cuadro de costumbres protagonizado por el ministro de Comunicación, Mauricio Herrera. Para “demostrar” que sí hay suficiente aguacate en el mercado, visitó un restaurante Subway portando una bolsa con tres, luego de que esta cadena de comidas rápidas, al igual que la de supermercados Walmart, informara que se le habían agotado las existencias de la variedad hass.

Es decir, el principal encargado de explicar al país las políticas gubernamentales considera que suplir las cadenas de abastecimiento de restaurantes o supermercados es tan sencillo como salir con una bolsa a hacer compras. Quizá tan colosal muestra de analfabetismo económico se le pueda perdonar a un funcionario ajeno al tema, pero no al ministro de Hacienda y primer vicepresidente, Helio Fallas. En su caso, sin demostración alguna, atribuyó a los acuerdos de libre comercio la caída en la recaudación tributaria, craso error que, además, evidencia prejuicios contra esos instrumentos. A pesar de que otros economistas lo desmintieron de inmediato, con datos, el Ministro no ha formulado ninguna corrección.

Si a lo anterior se le añade el anuncio de un nuevo retraso en el proceso para incorporarnos a la Alianza del Pacífico, el cuadro que emerge es, ciertamente, inquietante. Quisiéramos creer que se trata únicamente de desafortunadas coincidencias; sin embargo, el problema parece más serio y revela, en el mejor de los casos, una enorme confusión en el Gobierno sobre política económica y comercial; en el peor, lo que podría ser el inicio de tendencias proteccionistas altamente perjudiciales.