Es preciso poner la casa en orden con anticipación a lo que pueda ocurrir cuando la FED normalice más rápidamente su política monetaria y las tasas de interés

 21 abril, 2014

¡Cómo ha costado recuperar la economía mundial! La crisis económica de los años 2008-2009 fue tan fuerte que aún se sienten sus secuelas, y las perspectivas son de un lento crecimiento de la producción por varios años, como el esperado para el 2014 y el 2015. ¿Qué factores gravitan todavía en la economía mundial y cuáles son las recomendaciones de política económica de los expertos? ¿Cuáles serían los efectos en una economía pequeña y abierta como la nuestra?

La más reciente revisión de la economía mundial elaborada por el Fondo Monetario Internacional (FMI), en abril de este año, proyecta una leve mejoría en el crecimiento de la producción global, que pasa de 3% real en el 2013 a 3,6% en el 2014 y a 3,9% en el 2015. Una buena parte de la mejoría obedece al mejor desempeño de los países desarrollados, cuyas tasas de crecimiento real han mejorado, aunque son insuficientes para imprimir mayor dinamismo a la economía global y contribuir al fortalecimiento de sus alicaídas finanzas.

Las economías emergentes y en desarrollo también contribuirán con el crecimiento mundial, particularmente en Asia (India y China), pero las ubicadas en Latinoamérica han perdido, más bien, dinamismo, comparado con los tres últimos años, y enfrentan algunos retos que demandan acciones y decisiones muy concretas.

Varios factores influyen en esas perspectivas. Desde el punto de vista positivo, la ralentización del ajuste fiscal en EE. UU., la mayor confianza de los consumidores e inversionistas en su propio país, y el saneamiento de las carteras bancarias han contribuido –y contribuirán– a lograr mejores cifras de crecimiento y generación de empleo. Además, el gradual desmantelamiento de la expansión monetaria por parte del Banco de Reserva Federal (FED) tenderá a poner la liquidez en orden, al igual que las tasas de interés.

Pero esos factores monetarios son, precisamente, los que causan problemas a los países en desarrollo, incluyendo el nuestro: mientras más se ajuste la liquidez, mientras mayores sean los rendimientos exigidos por el mercado para los títulos de deuda de países en desarrollo y mayores sean las percepciones de riesgo de los inversionistas extranjeros en nuestros países, menores serán las entradas de capital (sin descartar eventuales salidas) y mayor será la presión en los tipos de cambio.

Ese es uno de los riesgos que implica la normalización del crecimiento y las políticas de los EE. UU. De ahí que tengamos que poner nuestras casas en orden con anticipación a lo que pueda ocurrir cuando la FED decida normalizar más rápidamente su política monetaria y las tasas de interés, probablemente en el 2015.

Las recomendaciones del FMI para los países en desarrollo podrían aplicarse casi literalmente a Costa Rica. Uno de los grandes retos será navegar lo más seguramente posible en el mar de turbulencia financiera y cambiaria, tras los cambios actuales y potenciales en la política monetaria de EE. UU. Otro será asegurar que los ajustes cambiarios no incrementen la inflación ni sedimenten expectativas inflacionarias difíciles de controlar, por lo que se deberían observar políticas monetarias conservadoras y prudentes, así como incrementar las tasas de crecimiento real de la producción, para lo cual es preciso implementar reformas estructurales en varios campos, incluyendo flexibilizar la política laboral, liberar el proteccionismo agrícola, mejorar las finanzas públicas que gravitan sobre el déficit fiscal y de balanza de pagos, y mejorar cuantitativa y cualitativamente la inversión pública en infraestructura para mejorar la productividad.

Todo eso tendrán que hacer nuestros países, sin olvidar los problemas de pobreza y desigualdad, que han crecido en Latinoamérica y que, a su vez, crean mayores problemas fiscales.

De acuerdo con el informe del FMI, los países con mayores faltantes en la balanza de pagos y más abultados déficits fiscales (desequilibrio macroeconómico) son los más proclives a sufrir presiones y volatilidad en los tipos de cambio, al igual que en las tasas de interés.

Costa Rica tendrá que poner sus barbas en remojo porque ambos –déficit fiscal y de balanza de pagos– van en aumento, pues todavía no se ha definido la forma de resolverlos y porque las entradas de capital privado serán insuficientes para cubrir las necesidades de recursos externos en los próximos años para financiar el faltante en la cuenta corriente de la balanza de pagos. Así lo demuestran las propias estimaciones del Programa Macroeconómico del Banco Central para este año y el próximo.

Debe tenerse presente que son, desde luego, estimaciones que podrían no materializarse en su totalidad. Pero, si no hay una pronta solución al déficit fiscal y se sigue incrementando la deuda pública, las entradas previstas de capital privado podrían ser menores, y mayores los ajustes en el tipo de cambio y las tasas de interés.