Tras el fracaso de la OMC para consolidar la liberalización comercial prevista en la Ronda de Doha, la Alianza del Pacífico viene a llenar el vacío, al menos parcialmente

 9 noviembre, 2015

El gobierno decidió posponer la adhesión a la Alianza del Pacífico por no tener claros los beneficios para Costa Rica. Para fundamentar su decisión, solicitó al Ministerio de Comercio Exterior un estudio sobre los costos y beneficios, pero no lo ha dado a conocer. Entretanto, surgió un nuevo análisis internacional que arroja luces sobre lo que conviene al país, sin que el gobierno se haya pronunciado al respecto. La posposición parece estar motivada por razones políticas o ideológicas más que económicas o sociales.

El nuevo estudio se intitula “Dimensiones y efectos económicos de la Alianza del Pacífico”, y fue elaborado por connotados economistas para la fundación Konrad Adenauer. Parte de tres escenarios posibles para una adhesión.

El primero es una integración poco profunda, caracterizada por la eliminación de los aranceles entre los países miembros y, también, la anulación de barreras no arancelarias al comercio internacional. Para los consumidores costarricenses, tendría la ventaja de derogar las barreras no arancelarias aplicables a ciertos productos, así como los aranceles impuestos a bienes de la canasta básica, como el arroz. Pero una integración poco profunda inhibiría la consecución de otros beneficios no arancelarios.

El segundo escenario es una integración intermedia, caracterizada por la eliminación de barreras no arancelarias y de todos los aranceles sobre los bienes, excepto los de carácter sensible como los agrícolas, los alimentos y los servicios. Cosecharíamos los beneficios del escenario anterior, pero no los asociados con el libre flujo de servicios tales como banca, servicios profesionales, parte de los seguros, combustibles y demás, muy importantes para la competitividad de nuestra producción.

El tercero corresponde a una integración profunda, en virtud del cual se eliminarían los aranceles y barreras no arancelarias en todos los sectores, y se avanzaría hacia la integración económica en muchas otras áreas, incluyendo facilitación del comercio, integración de bolsas de valores, movilidad de capitales, innovación, apoyo a las pymes, encadenamientos productivos, compras públicas, estándares educativos, educación técnica, participación conjunta en promoción comercial, incluido el establecimiento de oficinas comerciales conjuntas, energía, seguros y demás. Este es el escenario más complejo políticamente, pero el que produciría los mayores beneficios para el país.

En el capítulo dedicado a Costa Rica se hace una estimación de los beneficios asociados con el tercero de los escenarios. Con una integración “profunda” a la Alianza del Pacífico, el ingreso real per cápita de Costa Rica subiría un 0,81%, mientras que la apertura comercial se ampliaría en un punto porcentual. No son beneficios despreciables, especialmente en un escenario de bajo crecimiento económico actual y futuro, y dificultades para reducir la pobreza de nuestra población.

En términos del valor agregado, el estudio concluye que agricultura, alimentos, servicios comerciales y textiles estarían entre los sectores más beneficiados en términos absolutos. Porcentualmente, los textiles y vehículos motorizados producidos en los países de la alianza tendrían las mayores ganancias. Curiosamente, los sectores más opuestos a la Alianza del Pacífico, como los agricultores, son los que más se beneficiarían. Esto confirma que no han analizado pormenorizadamente el estudio ni se han sabido asesorar.

El gobierno debería hacer lo mismo: analizar detenidamente el estudio, valorar sus pros y sus contras, llegar a una pronta decisión y hacerla pública. Es preciso recordar que la solicitud de adhesión a la Alianza del Pacífico data del 2013. Ya se ha avanzado bastante en las negociaciones, pero la indecisión es enemiga de la acción. Posponer la decisión postergaría los beneficios ya cuantificados sin producir otras ventajas.

Ante el fracaso de la OMC para consolidar la liberalización comercial prevista en la Ronda de Doha, la Alianza del Pacífico viene a llenar el vacío, al menos parcialmente. Involucra a los países con mayores tasas de crecimiento económico real del mundo (China, India, Corea, Taiwán, Singapur, Tailandia, Chile, México, Perú y Estados Unidos) con mercados muy amplios y promisorios. Rechazar la oportunidad que se nos brinda sería una verdadera lástima.