Opinión

EDITORIAL

Un impuesto regresivo

Actualizado el 06 de mayo de 2014 a las 12:00 am

Los más acomodados ni siquiera lo notan, pero Costa Rica ocupa el sétimo lugar en la lista de naciones donde más caro se paga por el arroz

A la canasta básica se le ha asignado la extraña función de proteger a los empresarios del sector arrocero

Opinión

Un impuesto regresivo

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

El arroz es un alimento esencial en la dieta de los costarricenses, en particular la de los más necesitados. Es para ellos, los grupos menos afortunados de la población, para quienes el altísimo precio del grano en el mercado nacional resulta especialmente significativo por su impacto en el presupuesto familiar.

Los más acomodados ni siquiera lo notan, pero Costa Rica ocupa el sétimo lugar en la lista de naciones donde más caro se paga por el arroz, según un reciente estudio de la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO) de las Naciones Unidas. Entre los acomodados están, desde luego, los 54 grandes arroceros, dueños del 53% del área sembrada en el país.

Se trata de una extraña redistribución del ingreso, sobre todo cuando el desabastecimiento nacional se acerca al 50% y el faltante se importa a precios internacionales, sin pagar el arancel vigente del 35%, y se le vende a los más necesitados al precio del mercado local, es decir, al precio fijado por el Estado con la intención de mejorar la productividad.

Ese objetivo no se ha cumplido. El rendimiento, más bien, bajó de 3,79 toneladas por hectárea en el período 2000-2001 a 3,40 en el período 2012-2013. En los últimos 12 años, el precio nacional ha superado, de manera constante, el internacional, y el país casi siempre se ubica entre los diez donde más caro se paga por el grano.

El Instituto de Investigaciones en Ciencias Económicas de la Universidad de Costa Rica estudió el efecto de la fijación oficial del precio y concluyó que beneficia a un puñado de productores a costa del consumidor. El Gobierno llegó a la misma conclusión y decidió liberar el precio, pero pronto dio marcha atrás y trasladó el problema a la próxima Administración.

La liberalización quedó fijada para marzo del 2015 con el propósito de dar a los arroceros la oportunidad de ajustarse a la competencia, según las autoridades del Ministerio de Agricultura. Pero Luis Felipe Arauz, ministro de Agricultura designado, anuncia la posibilidad de extender el plazo porque “el sector no está preparado”.

La canasta básica conservará, entonces, la extraña función de proteger a los empresarios del sector arrocero. En el fondo, se trata del más regresivo de los impuestos, porque descansa, de forma desproporcionada, sobre los hombros de los más necesitados y se le traslada a un sector empresarial dominado por unas cuantas docenas de grandes productores.

Es la última expresión del proteccionismo agrícola del siglo pasado y participa de todos los vicios que causaron la extinción del resto de la especie. Pero estamos en el siglo XXI y la Organización Mundial del Comercio (OMC) impide subsidiar el arroz con la generosidad hasta ahora demostrada por Costa Rica.

Al alto costo del proteccionismo para la ciudadanía en general y, en particular, para los más necesitados podrían sumarse denuncias de violación del convenio internacional y, eventualmente, sanciones comerciales contra los productos de exportación que sí han sabido hacerse competitivos.

Los empresarios justifican el precio citando los altos costos de la electricidad, los combustibles y los agroquímicos. Son factores que encarecen la totalidad de la producción agrícola y no por eso se subsidia a los demás sectores.

Por otra parte, el consumidor también está sujeto al pago del alto precio de la electricidad y los combustibles. Asumir el sobreprecio del arroz en nada contribuye a la economía familiar.

El estímulo de la producción interna y la soberanía alimentaria también son argumentos socorridos a favor del statu quo. Es hora de plantearse, en el caso del arroz, si esos objetivos se pueden y deben alcanzar por el dispendioso camino del proteccionismo.

  • Comparta este artículo
Opinión

Un impuesto regresivo

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota