Opinión

EDITORIAL

La iliquidez de Bancrédito

Actualizado el 03 de septiembre de 2017 a las 11:00 pm

Los problemas de Bancrédito no se deben a deterioro del entorno (recesión, alto desempleo, inflación o devaluación) sino a manejos inapropiados a lo interno

Confiamos que la operación de “control de daños” se haga con profesionalismo, para no requerir ningún sacrificio adicional de la ciudadanía

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El Banco Crédito Agrícola de Cartago (Bancrédito) vive una crisis por pobre ejecutoria y, entre otros males, enfrenta problemas de liquidez. Por liquidez se entiende la posibilidad de, a corto plazo, convertir un activo (inversiones, terrenos, etc.) en efectivo sin sacrificar valor. Hay activos muy líquidos, como los títulos valores emitidos por empresas o gobiernos con calificación AAA y otros, como ciertas propiedades, que no se pueden vender rápidamente sin incurrir en importantes pérdidas. Pero cuando la necesidad de efectivo es alta, no queda otra que vender activos aunque sea a “precios de quema”.

La decisión de sacar a Bancrédito de su función de banco comercial obliga a administrar su liquidez con sumo cuidado, pues era previsible que los depositantes e inversionistas retiraran sus colocaciones mientras que el Banco no podría cobrar a la fuerza créditos concedidos a mediano y largo plazo. La salida lógica es vender la cartera de crédito a otras entidades financieras y, por esa vía, obtener recursos para honrar los pasivos según las prioridades. El vicepresidente de Bancrédito, Tobías Cerdas, se queja de que otros bancos han mostrado interés en comprar préstamos con buenas garantías y cuyo servicio está al día (calificados por la normativa como A y B), los que él denomina la “carnita”, pero no los que están en categorías inferiores. (Véase: “Bancrédito se expone a intervención de Sugef por falta de liquidez”, La Nación , 28 de agosto, 2017). Esto es de esperar.

En materia comercial todo se puede vender, incluso la basura, mientras el precio sea adecuado. Los préstamos de baja categoría, concedidos a clientes cuyas actividades enfrentaron problemas, o que cuentan con pobres garantías y muestran atraso, debieron ser aprovisionados por Bancrédito y, en principio, podrían ahora venderse por su valor neto, al igual que en las carnicerías el hueso se vende a bajo precio. Si la provisión de algunos de ellos fuera demasiado baja, entonces si se estaría en presencia de un problema de cartera.

Lo mismo puede decirse de las propiedades del Banco y, sobre todo, de los bienes recibidos en pago de préstamos con dificultades. La prudencia contable, y también la normativa, obliga a mantenerlos registrados por su valor de mercado, es decir, lo que podría el Banco obtener si tuviera que venderlos a corto plazo. De nuevo, si la valoración fue optimista, esto constituiría un problema apto para afectar no solo la liquidez del Banco, sino su solidez, pues impactaría el patrimonio de forma adversa.

Todos los entes financieros deben operar con una razonable suficiencia patrimonial, que en Costa Rica es el 10 % o más de sus activos ponderados por riesgo. El patrimonio es el primer colchón para absorber pérdidas y es de esperar que si los registros contables de Bancrédito se llevaron conforme lo exige la normativa, no sea necesario un “salvamento” del Estado costarricense. Al contar los bancos públicos con la garantía del Estado, cualquier insuficiencia de fondos deberá ser subsanada por él, es decir, por todos los contribuyentes. La Junta Directiva y administración de Bancrédito deben trabajar con la mayor dedicación para evitarlo, pues la situación fiscal del país no está para que el Ministerio de Hacienda cubra, con cargo al presupuesto nacional, erogaciones atípicas.

Los problemas de Bancrédito no se deben a un deterioro del entorno (recesión, alto desempleo, inflación o devaluación), sino a manejos inapropiados en lo interno, que desde hace tiempo debieron ser detectados y corregidos. Esto, unido al hecho de que se trata de un banco relativamente pequeño, no deja de ser una buena noticia, porque implica que puede ser auxiliado (mediante compra de cartera, cobro de créditos en su red de oficinas) por otros intermediarios financieros, en particular los de capital estatal. Pero ningún banco está obligado a comprar activos por más de lo que en realidad valen y eso deben comprenderlo la Junta Directiva y la administración superior de Bancrédito. De nuevo, confiamos que la operación de “control de daños” se haga con profesionalismo, para no requerir ningún sacrificio adicional de la ciudadanía.

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