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EDITORIAL

Todo igual en el gobierno del cambio

Actualizado el 10 de mayo de 2017 a las 10:00 pm

El ministro de Comunicación, Mauricio Herrera, promete probar que los sobresueldos ilícitos también se han pagado en administraciones anteriores

Para fundamentar mejor la falta de cambio, el ministro podría recopilar, también, las jugarretas de administraciones anteriores, diseñadas para descarrilar denuncias de la prensa

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El gobierno del cambio paga incentivos ilegales porque esa era la práctica en administraciones anteriores. Es un problema heredado, dice la Casa Presidencial. El ministro de Comunicación, Mauricio Herrera, promete probarlo ventilando casos similares de los dos últimos gobiernos. En otras palabras, trabajará con afán para demostrar que aquí no ha cambiado nada.

El esfuerzo es inútil, no solo por lo evidente de la conclusión adelantada sino porque, en opinión del presidente de la República, los pagos indebidos son un vacilón; un tema humorístico capaz de provocar risa en los más altos niveles de la Administración Pública. Según el mandatario, no se trata de corrupción, sino de un “berenjenal” que su gobierno está dispuesto a aclarar.

Las declaraciones del mandatario absuelven sumariamente a su administración y, también, a todas las anteriores. En consecuencia, la investigación prometida por el ministro de Comunicación es todavía más absurda. Además de probar la inexistencia del cambio, denunciará prácticas igualmente inofensivas de administraciones pasadas.

Al parecer, Herrera nos hará ver que siempre hubo motivos para reír. La fiesta, según el ministro, la pagarán los funcionarios de administraciones anteriores, porque el “berenjenal” jurídico prohíbe los simpáticos sobresueldos en esta y en todas las administraciones. Si los actuales funcionarios deben devolver lo recibido de más, sus predecesores también.

Si hubiera casos similares en los dos últimos gobiernos, muchos estarían prescritos. El ministro es el primero en advertirlo. Eso no es obstáculo para sus averiguaciones. En suma, el ministro de Comunicación se dedicará, en tiempo pagado por los contribuyentes, a demostrar la existencia de sobresueldos igualmente ilícitos en administraciones anteriores, aunque el presidente ya dijo que en eso no hay corrupción y él mismo admite la imposibilidad de cobrar lo pagado en exceso.

El esfuerzo es tan inútil como la lección de comercio exterior ofrecida por don Mauricio cuando posó con una bolsita de aguacates. El frutal recurso didáctico procuraba ilustrar a “la gente de a pie”, como llama el ministro a la mayoría de sus conciudadanos. Ahora, la utilidad de la lección sobre la inexistencia del cambio es un misterio.

Para fundamentar mejor la falta de cambio, el ministro podría recopilar, también, las jugarretas aplicadas por administraciones anteriores para descarrilar denuncias de la prensa. En eso todo sigue igual, tanto que a veces da risa porque, por lo general, la “astucia” de la Casa Presidencial le estalla en la cara.

El caso de los sobresueldos es un ejemplo inmejorable. La Nación, fiel a sus obligaciones periodísticas, procuró, desde hace días, la versión de los últimos dos ministros a quienes se les encontró pagos en exceso. El diario tenía la información necesaria para publicar, pero ofreció a los funcionarios la oportunidad de dar sus razones en la misma edición. Con ese fin envió a los afectados una serie de preguntas.

El gesto no fue correspondido con la misma lealtad. Nuestros periodistas fueron objeto de tácticas dilatorias y falsedades. Se les anunció que las respuestas estaban listas, pero faltaba el visto bueno de los jerarcas, se adujo la ausencia temporal de la encargada de brindar la información, se alegó complicaciones en la agenda de los ministros y hasta se argumentó la obligación de asistir al discurso pronunciado por el presidente el 3 de mayo.

Este martes, el ministro de Comunicación, en conferencia de prensa, sorpresivamente reveló los datos solicitados por La Nación. Entre los aficionados a la jugarreta, y los ha habido en todas las administraciones, eso se llama “quemar” la información. El gobierno se da un barniz de fingida transparencia porque la anomalía la revela él y no la prensa. Además, aprovecha para dar a los datos un particular matiz inicial, acorde con sus intereses. También frustra el duro trabajo de los periodistas investigadores y, al diseminar la información, resta impacto a cualquier publicación en particular. Esa es la teoría de los aficionados.

El fenómeno siempre ha ocurrido y sigue ocurriendo, con más intensidad, en el gobierno del cambio. Los políticos no aprenden. Cuando cierran a la prensa el acceso a la información o “queman” sus trabajos, obligan a los periodistas a redirigir esfuerzos y replantear el enfoque, a menudo con resultados no deseados por los aprendices de brujo. La iniciativa del Ministerio de Comunicación mejoró en mucho el planteamiento inicial que habíamos pensado para la noticia, tanto que debimos dedicarle mucho más espacio en portada y páginas interiores. Estamos agradecidos y en nada cambiaremos el método, de todas formas exigido por las reglas del periodismo, de consultar de previo a la administración y sus funcionarios, aunque eso se preste para las tretas de siempre en el gobierno del cambio.

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