En el 2006, el 2012 y ahora, el terrorismo de Hamás se ha traducido en guerras abiertas contra Israel

 13 julio, 2014

De nuevo, los fuegos de la guerra se avivan en la franja costanera de Gaza. El lanzamiento de cohetes contra poblaciones y ciudades de Israel ha provocado la respuesta lógica de una nación agredida. Hasta ahora, la escalada en los bombardeos ha desbordado los números de capítulos previos de esta lamentable dinámica.

El presente conflicto dio inicio con el reciente secuestro y homicidio de tres adolescentes judíos, estudiantes religiosos, en las cercanías de Hebrón. El crimen fue atribuido por las autoridades israelíes a terroristas del grupo Hamás que gobierna en Gaza. Poco después, un joven palestino fue torturado y asesinado por extremistas hebreos. Seis sospechosos ya fueron detenidos y las más altas autoridades de Israel condenaron el hecho.

En el 2005, el entonces primer ministro de Israel, Ariel Sharon, ordenó un retiro total y unilateral de Gaza. Las actividades políticas en la franja culminaron con la victoria de Hamás en las urnas, seguida por tumultos y la salida forzosa de la Autoridad Palestina que, hasta ahora, ha regido en los territorios palestinos. A pesar de varios intentos de reconciliación, la separación de ambos movimientos persiste. En todo caso, se ha consolidado la paz entre Israel y la Autoridad Palestina, evidenciada por una creciente cooperación administrativa, de seguridad y policial.

Diferente ha sido el curso en Gaza. En el 2006, el 2012 y ahora, el terrorismo de Hamás se ha traducido en guerras abiertas contra Israel. La tutoría y padrinazgo de Siria y, de manera más intensa, de Irán, de la mano con las autocracias del entorno afroasiático, han alentado el armamentismo de Hamás. Hoy, dotado de cohetes de origen sirio y de Irán, y sin contemplaciones con los habitantes de la franja o de Israel, Hamás de nuevo ha emprendido ataques que perfilan una guerra con ese país.

Cabe preguntarse qué busca Hamás con sus desmanes, asido a la violencia en vez de a la diplomacia orientada a la paz. Sin duda, espera dividendos políticos y, particularmente financieros, de sus patrocinadores en el ámbito palestino, algunos Gobiernos árabes y Occidente. Por otra parte, pareciera conocer algo de los adelantos tecnológicos de las fuerzas armadas israelíes. No obstante, y de manera evidente, quedan en segundo plano los sufrimientos de los gobernados en las guerras que Hamás promueve.

El caso más evidente del rezago tecnológico son los mecanismos de detección y combate de misiles enemigos. La Cúpula de Hierro antimisiles desarrollada por Israel se ha convertido en un dolor de cabeza para los dirigentes de Hamás. Asimismo, la creciente precisión de los cohetes hebreos ha sido evidente. Sin embargo, el alcance de los cohetes que hoy Hamás posee constituye un paso a su favor.

De toda forma, la jefatura de Gaza conoce el balance estratégico que constantemente marca su derrota. El optimismo bélico ha resultado, hasta la fecha, infundado. Para el mundo que observa, también debería ser claro por tratarse de un régimen basado en la represión, el maltrato y la eliminación de quienes disientan.

Una breve mirada al pasado nos recuerda que, para los déspotas, la única realidad que cuenta es la propia. Los dirigentes de Hamás rememoran a Assad, el padre y el hijo, que por mucho tiempo los albergó en Damasco.

En los inicios de la presente aventura, el primer ministro israelí les ofreció “calma por calma”, llamado que desecharon. Quizás idealizaron a las mayorías automáticas del bloque afroasiático en la ONU o, tal vez, la retórica pacifista de Washington y la postura pro Palestina de tantos otros Gobiernos en el Oeste. Sin embargo, las verdades tienden a imponerse eventualmente. Y ese despertar de las quimeras resulta trágico y doloroso.

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