Opinión

EDITORIAL

La gira de Trump

Actualizado el 20 de mayo de 2017 a las 10:00 pm

Décadas atrás, Richard Nixon, otro mandatario atribulado por escándalos, tomó un viaje al exterior para aislarse del cúmulo de tormentas de Watergate

La designación de Robert S. Mueller III para supervisar la investigación sobre posible colusión entre la campaña de Trump y agentes rusos sacude a EE. UU.

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La gira de Trump

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El presidente Donald Trump emprendió el viernes una amplia gira que lo lleva a Arabia Saudita, Israel, el Vaticano, la plenaria de la OTAN en Bruselas y a una reunión del G-7 en Sicilia. Al alejarse de las costas norteamericanas, posiblemente pensó que el viaje le dará al menos algún alivio de la “olla de presión” en la que se ha convertido Washington para él. Mas las revelaciones del FBI, el viernes por la tarde, subrayan la urgencia de ponderar los alcances de un probable impeachment, impugnación por el Congreso, que asoma en el horizonte.

Curiosamente, décadas atrás, Richard Nixon, otro mandatario atribulado por escándalos, tomó también la medicina de un viaje al exterior para aislarse unos días del cúmulo de tormentas de Watergate, que amenazaba aniquilar su presidencia. Nixon se equivocó con el respiro del tour. Para entonces, su suerte ya estaba definida. En cambio, la impugnación de Bill Clinton, en 1998, no cuajó. Era, a fin de cuentas, un enredo de faldas.

Sin embargo, Trump no se compara con Nixon, un personaje trágico y repudiado por la mayoría de sus conciudadanos. Trump todavía cuenta con un apoyo nacional que ronda alrededor del 38%, según las últimas encuestas. Pero lo que el mandatario teme es que las tramoyas del escándalo, que ya se conoce en la prensa como Rusiagate, se afiancen con el nombramiento de reconocidos juristas como fiscales con vastas facultades para llamar testigos, exigir documentos y hasta ordenar detenciones. Nadie sabe qué puede salir de semejante proceso y la consecuente pesadilla es el impeachment, la impugnación del presidente.

Ese temor tomó forma con la designación de Robert S. Mueller III para supervisar la investigación sobre posible colusión entre funcionarios de la campaña presidencial de Trump y agentes rusos. Como exdirector del FBI, Mueller goza de una impecable reputación y, si conduce las investigaciones con transparencia e imparcialidad, su dictamen será sólido.

El viernes por la tarde, el Washington Post y el New York Times dieron a conocer que la investigación del FBI sobre el enlace de la campaña de Trump con Rusia ha identificado a un alto funcionario de la Casa Blanca como “persona de interés significativo”, es decir, sospechosa. Asimismo, dijeron que esa persona es “cercana al presidente”.

Las fuentes también indican que hay gran interés en “personas que previamente habían ejercido considerable influencia en la campaña de Trump, pero que actualmente no forman parte de la administración, incluyendo al exconsejero de seguridad nacional Michael Flynn y el exjefe de la campaña Paul Manafort”. La “persona cercana al presidente”, dicen otras fuentes, es Jared Kushner, el yerno de Trump con negocios en Rusia.

Una de las más difíciles tareas del personal encargado de brindar apoyo y luces al presidente es la tendencia de Trump a divagar y extraviarse de manera irrefrenable. Además, es muy dado a impulsar sus corazonadas sin contemplación de consecuencias, sobre todo las políticas.

Ahora, con todas las nuevas revelaciones y las que pronto vendrán, el horizonte se torna harto delicado para el presidente y sus colaboradores cercanos. Así, las probabilidades de una impugnación – impeachment – del mandatario cobran fuerza. La determinación de quienes en la campaña tuvieron contactos con agentes del Kremlin, si los hubo, marcará un significativo avance en las averiguaciones del FBI. Estas indagaciones no han concluido, pero sí demuestran que hay en marcha un proceso para definir inculpados. Así muelen las piedras de la Justicia.

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