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EDITORIAL

El futuro de Racsa

Actualizado el 01 de marzo de 2014 a las 12:00 am

Desde la ruptura del monopolio de las telecomunicaciones, Racsa perdió el 90% en sus ingresos, después de ser una de las empresas telemáticas más exitosas de Latinoamérica

El país y el futuro gobierno deben preguntarse si el plan de reestructuración de Racsa, en manos del ICE, va bien encaminado

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Después de haber sido una de las empresas telemáticas más importantes de Latinoamérica, durante más de 30 años, y de haber introducido comercialmente Internet en el país en 1994, Radiográfica Costarricense (Racsa) arrastra pérdidas desde el 2010 que, por decir lo menos, la mantienen en una situación financiera precaria.

Si alguna vez se escribe en nuestro país una historia de los desaciertos administrativos podrá determinarse si esto fue el resultado de una serie de errores sospechosamente encadenados o de una estrategia bien planificada, como han sugerido exdirectivos, diputados y sindicalistas.

Con todo, si nos atenemos a la fría constatación de los datos, en los primeros años de la ruptura del monopolio de las telecomunicaciones, entre el 2008 y el 2011, Racsa registró una pérdida del 90% en sus ingresos como consecuencia del abrupto descenso en la venta de Internet residencial y empresarial. Antes de la debacle económica y comercial, la empresa pública poseía un 47% de la cuota de mercado en la prestación de dichos servicios.

En este periodo pasó de 152.000 clientes residenciales a 50.000, según una auditoría interna, lo que representó una disminución de ¢3.566 millones en sus ganancias. A partir de ese momento la caída fue imparable y alcanzó su clímax en el 2011 cuando el déficit ascendió a $12 millones.

El Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), su compañía matriz, tuvo que inyectarle capital en el 2010 por un monto cercano a los $15 millones, y en el 2012 le otorgó un préstamo por $30 millones para afrontar problemas en su flujo de caja. En los dos últimos años, la institución no ha sido capaz de recuperar segmentos de mercado que le generaban ganancias por $20 millones.

Aunque se reserva los estados financieros del 2013, bajo el amparo de la Ley de Telecomunicaciones y de la confidencialidad empresarial, el actual director ejecutivo de Racsa y vicepresidente del Consejo Directivo del ICE, Hernán Acuña, admite que de los cinco grandes proyectos que anunció la compañía en el 2012 solo uno se encuentra en operación. El sistema informático de monitoreo y operación de tres estaciones de pesaje, que mantiene la empresa con el Consejo Nacional de Vialidad (Conavi), le da un leve respiro a su economía, pero no parece ser suficiente para permitirle recuperar el equilibrio.

A este panorama adverso se suma el hecho de que Racsa afrontó el año pasado una tormenta institucional con la renuncia de dos de sus directivos y una reestructuración general, cuyos resultados sobre su futuro financiero aún es prematuro comentar.

Esta reorganización hizo que el ICE asumiera el control total de su junta directiva y Acuña promete que las divergencias entre la subsidiaria y la casa matriz quedaron en el olvido. Justamente estos conflictos de intereses, inadmisibles en dos instituciones públicas interdependientes, sumados a una lectura equivocada del papel que debía jugar Racsa en la apertura del mercado de telecomunicaciones, que la mantuvo en la indefinición durante cinco años, provocaron el estallido de la crisis que la puso al borde de la quiebra.

Tal vez ya es tarde para lamentarse sobre las razones que hicieron que Costa Rica no estuviera a la vanguardia del mercado de “cloud computing” en Latinoamérica, como se planificó en el 2010 y se descartó al año siguiente, con un costo de más de $15 millones. Como es evidente, este proyecto fracasado no solo desaprovechó una extraordinaria oportunidad de negocio sino que dio al traste con el prestigio, trayectoria y conocimiento especializado de una empresa que hasta entonces había sido líder en la región.

La pregunta que debe hacerse el país y el futuro gobierno es si el plan de reestructuración de Racsa, cuyos frutos no se verán hasta dentro de tres o cuatro años, van bien encaminados. Mientras tanto, Acuña pide paciencia porque “los negocios no se generan de la noche a la mañana” al tiempo que defiende la posición estratégica de la empresa subsidiaria del Grupo ICE. Aunque esto sea así, el país tiene derecho a saber cómo se invierten sus recursos en Racsa y a conocer sus resultados en el mediano plazo.

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