Opinión

EDITORIAL

El futuro de Alexis

Actualizado el 07 de enero de 2014 a las 12:00 am

El 72,3% de los jóvenes que trabajan y no estudian no completaron la secundaria y, por lo tanto, no podrán mejorar su condición socioeconómica en el futuro

En el mundo, una tercera parte de la población de entre 15 y 24 años ni estudia ni trabaja –los ‘ninis’– y son presa fácil de las pandillas y el narcotráfico

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Alexis es uno de los 123.000 jóvenes costarricenses que busca trabajo. Pero su caso es especial. A pesar de las limitaciones que enfrenta al ser un limonense de pocos recursos, menor de edad, padre de familia y haberse involucrado en actividades delictivas, sabe que no puede dar marcha atrás en la decisión que tomó. “Yo decidí cambiar porque en esa vida hay dos paradas fijas: la cárcel o el cementerio”, declaró a La Nación .

Según un reportaje sobre la delincuencia juvenil y el crimen organizado en Limón, las bandas convierten en adictos a los menores de edad para transformarlos en peones a su servicio. Es un negocio redondo. Les ofrecen armas y drogas con el propósito de involucrarlos en la red y que rápidamente caigan en un círculo vicioso del cual es casi imposible salir indemne.

Alexis, cuyo nombre verdadero se mantiene en reserva, lucha por construirse un destino mejor para él, su familia y su bebé de ocho meses. Se benefició con la suspensión del proceso judicial, como alternativa a la sanción de internamiento, y está a prueba. Hasta ahora ha cumplido rigurosamente con las medidas de justicia restaurativa que le impuso el Juzgado Penal Juvenil, como son 120 horas de trabajo comunal y estudiar o trabajar.

Sin embargo, no es fácil abrirse paso en la violenta, pobre y abandonada provincia de Limón. Aunque busque empleo, acompañado de cartas de recomendación sobre su buena conducta actual, las características socioeconómicas y laborales de la región Huetar Atlántica son históricamente adversas. En su caso, también debe vencer los prejuicios que afrontan muchos sectores en vulnerabilidad social, que son estigmatizados por su condición de clase, antecedentes penales o por la circunstancia de ser jóvenes. Ante la indiferencia estatal o la desconfianza colectiva, ¿qué puede hacer un muchacho sin experiencia previa ni suficiente capacitación, como él, para obtener una remuneración aceptable?

En el mundo, una tercera parte de la población de entre 15 y 24 años ni estudia ni trabaja –los “ninis”– y son presa fácil de las pandillas, el narcotráfico y el consumo de estupefacientes. Los que consiguen emplearse, en países subdesarrollados como el nuestro, acceden a cargos de mala calidad, mal remunerados y sin seguridad social. Según el Estado de la Nación, en Costa Rica, “un 31,3% labora en ocupaciones elementales, un 24% son vendedores y un 13,7% tiene puestos de apoyo administrativo”.

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Pero los problemas no terminan ahí. De acuerdo con la misma fuente, el 63,8% “no asiste al sistema educativo y solo uno de cada cinco está en la universidad”. El 72,3% de los adolescentes y jóvenes que trabajan y no estudian no completaron la secundaria y, por lo tanto, no podrán mejorar su condición socioeconómica en el futuro.

Sin duda, Alexis tomó la decisión correcta apoyándose en un sistema penal juvenil que ha entendido que los centros de internamiento no son una opción de resocialización, sino, a menudo, una escuela de reincidencia. Pero todo esto no es suficiente sin una política pública de reinserción a gran escala que involucre alternativas educativas, laborales, de salud y de asistencia social directa.

Como escribió recientemente Rodolfo Chaves Cordero, del Circuito Penal de Cartago: “No debemos olvidar que cada joven recuperado es un delincuente menos a quien temer y un ciudadano más en quien confiar. Brindar una verdadera segunda oportunidad a las personas es obligación de una sociedad tan desigual como la nuestra”.

Alexis, como otros jóvenes en su situación, merece recibir una educación de calidad que le permita obtener un empleo digno y un futuro mejor. En pocas palabras, una segunda oportunidad en la vida.

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