Opinión

EDITORIAL

Una exitosa cumbre

Actualizado el 05 de mayo de 2013 a las 12:00 am

Costa Rica ha alcanzado con esta cumbre un mayor perfil internacional, traducible en ventajas en diversos foros.

En cónclaves de este tipo es difícil pronosticar el destino de los acuerdos, sobre todo porque no hay compromisos claros.

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La visita del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, el viernes y sábado últimos, constituyó un evento de indudable importancia para Costa Rica y Centroamérica. Desde su arribo al aeropuerto Juan Santamaría, Obama pudo constatar de primera mano el calor de la simpatía y aprecio del pueblo costarricense.

A este respecto, viene a la memoria otro arribo a nuestro país, el del vicepresidente estadounidense Richard Nixon, en mayo de 1958, después de una controversial gira por Suramérica. El delfín del presidente Dwight Eisenhower sufrió lluvias de piedras y la agresión personal de grupos de estudiantes soliviantados en Caracas. En cambio, en San José, recibió aplausos y sintió el afecto que le dispensaba nuestro pueblo. Esta es una tradición muy arraigada en los costarricenses, sin importar la popularidad o pensamiento social que un líder democrático posea en su tierra.

El viernes último, de igual manera, el presidente Obama pudo observar numerosos grupos en el trayecto al hotel, que lo aplaudían y vitoreaban. Cabe asimismo resaltar que el mandatario posee gran carisma personal y fama mundial como orador y conferencista.

El arribo de Obama a San José fue precedido por una cita en México con el presidente Enrique Peña Nieto. Esa reunión fue de gran brillo pero careció de acuerdos sustanciales sobre las reformas impulsadas por Estados Unidos en los programas de la lucha antidrogas y el fortalecimiento de las instalaciones fronterizas.

El magro resultado era de esperar a la luz de las políticas anunciadas por el mandatario anfitrión durante los meses iniciales de su gestión. De hecho, en círculos de Washington se ha especulado en torno a un supuesto acuerdo reciente del oficialista Partido Revolucionario Institucional (PRI) con las organizaciones de la droga, dirigido a reducir el perfil de la batida contra los carteles.

Esta cruenta lucha, emprendida hace seis años, al iniciar su gestión el presidente Felipe Calderón, ha causado 60.000 muertos y un alto número de desaparecidos. Peña Nieto prometió en su campaña electoral reformular la batida para darle paz al pueblo mexicano.

No obstante, la nueva configuración apenas asoma con una centralización de las acciones estadounidenses a través de un robustecido Ministerio del Interior mexicano y el plan para desarrollar una gendarmería policial que reemplace al Ejército en el combate contra los narcotraficantes. Todo esto, sin embargo, se encuentra bajo examen.

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Cabe recordar que México cuenta con una economía exitosa y en marcado ascenso así como grandes mejoras en los indicadores sociales. Asimismo, es la tercera destinataria de exportaciones estadounidenses, después de Canadá y China. Las divergencias entre Peña Nieto y Obama se saldaron con la creación de una junta binacional presidida por el vicepresidente Joseph Biden para promover el comercio internacional y las inversiones.

Tras la llegada de Obama a Costa Rica, se realizó una reunión bilateral con nuestro Gobierno. Según ha trascendido, en los planes costarricenses figura adquirir gas natural de Estados Unidos, a precios preferentes, para sustituir productos derivados del petróleo en la generación eléctrica. Aparentemente, este plan es respaldado por los empresarios centroamericanos. También se le pidió a Obama apoyo para el ingreso de Costa Rica a algunos foros multinacionales de interés para nuestro Gobierno y caracterizados por Obama como “clubes de países ricos”.

La parte final del encuentro del viernes fue una cena multilateral con los presidentes centroamericanos. Hasta Daniel Ortega se hizo presente, completando así la nómina presidencial del Sistema para la Integración de Centroamérica (SICA). El sábado, una reunión con empresarios del Istmo para discutir propuestas e inquietudes de este sector, en el edificio de la Antigua Aduana, fue el evento público que culminó el programa de Obama.

Es evidente que, en cónclaves cimeros centrados en la visita del presidente norteamericano, resulta difícil pronosticar el destino de los acuerdos, sobre todo porque no hay compromisos claros. Constituyen un claroscuro porque no hay votaciones expresas que exijan su vigencia, a menos que previamente los funcionarios respectivos hayan asentido para tal finalidad.

Sin embargo, más allá de las facetas técnicas, es valiosa la oportunidad para recabar ideas sobre los desafíos y oportunidades de cada gobierno. Es también una ocasión excelente para obtener apoyos para algún tema o funcionario en organismos multilaterales.

Por otra parte, no cabe duda de que Costa Rica ha alcanzado con esta cumbre un mayor perfil internacional, traducible en ventajas en distintos foros. Finalmente, nuestros parabienes para quienes llevaron la carga de organizar y hacer funcionar este foro.

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