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EDITORIAL

El estorbo de la libertad de prensa

Actualizado el 01 de diciembre de 2011 a las 12:00 am

Los nuevos presidentes autoritarios se ven obligados a convivir con la prensa, casi siempre disminuida y cercada, pero convertida en el último reducto de la crítica

El rediseño estatal de los populistas siempre incluye leyes restrictivas de la libertad de prensa y la crítica en general, así como la sumisión del Poder Judicial

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El estorbo de la libertad de prensa

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La prensa es un estorbo para los regímenes populistas de nuevo cuño, surgidos en América Latina a imagen y semejanza del modelo venezolano. Según los lineamientos del novedoso diseño, la democracia se agota en el sufragio y el triunfo electoral es una licencia para moldear la institucionalidad a gusto del gobernante, sin la menor preocupación por los derechos de las minorías o las libertades fundamentales, que en una verdadera democracia no pueden ser conculcadas por decisión mayoritaria, no importa cuán libremente fue expresada en las urnas.

Ganado el poder, los nuevos populistas aprovechan su momentánea mayoría para rediseñar el Estado –ojalá con cambios a la Constitución misma– y crean una nueva legalidad tendiente a perpetuarlos en el poder y cerrar los espacios de oposición democrática. La prensa independiente, una institución ajena al aparato estatal, no desaparece de un plumazo, y su inmotivada confiscación o su aniquilamiento manu militari es una renuncia definitiva a la última apariencia de gobierno democrático.

En consecuencia, los presidentes autoritarios se ven obligados a convivir con la prensa, casi siempre disminuida y cercada, pero transformada en el último reducto de la denuncia, la crítica y el reclamo ciudadano. Por eso no es de extrañar el papel de la prensa independiente venezolana, criticada por comportarse, en ocasiones, como un partido político de oposición, cuando el régimen de Hugo Chávez no le deja otro remedio.

El rediseño estatal de los nuevos populistas siempre incluye leyes restrictivas de la libertad de prensa y la crítica en general, así como la sumisión del Poder Judicial.

La prensa independiente es tolerada, pero el gobernante le fija límites muy alejados de los permitidos en las verdaderas democracias, respetuosas de los derechos humanos. Con ese remedo de legalidad, quedan en posición de presionar a los medios para silenciarlos a su antojo, según lo exijan las circunstancias.

Un caso ejemplarizante es el del presidente ecuatoriano Rafael Correa y el diario El Universo, de Guayaquil. El exeditorialista del matutino, Emilio Palacio, y tres de sus directores, fueron condenados a tres años de cárcel cada uno. Además, la indemnización pecuniaria impuesta al periódico y a los sentenciados suma $40 millones.

La condena es exorbitante y las irregularidades ocurridas a lo largo del proceso son muchas. La despreocupación por las libertades de expresión y prensa también se evidencia en la defensa de la sentencia a cargo de Álembert Vera, representante legal del presidente Correa. Con toda tranquilidad, el abogado declaró a La Nación que el fallo no es contra la prensa como un todo, sino contra un diario que durante dos años y medio ha mantenido un ataque sistemático contra el gobernante Correa.

Las declaraciones ofenden el más elemental sentido democrático. Una condena desmedida, como la de comentario, causaría autocensura aun en países donde los tribunales son confiables y las leyes protegen la libertad de expresión y no al gobernante.

En 1964, la Corte Suprema de los Estados Unidos dejó sin efecto la sentencia del caso Sullivan c. New York Times, entre otros motivos, porque los parámetros aplicados y el monto de la indemnización estrictamente civil podrían poner en peligro la supervivencia de un medio y por esa vía causar la autocensura, descrita por los magistrados estadounidenses como un chilling effect o efecto de enfriamiento sobre la prensa como un todo.

El abogado del presidente Correa no comprende hoy lo que aquellos jueces entendieron hace medio siglo y se ha convertido en estándar clásico para la protección de las libertades de expresión y prensa en todo el mundo.

Por otra parte, el abogado prácticamente confiesa que la condena impuesta a El Universo, su exeditorialista y sus directores tuvo poco que ver con la acusación concreta y mucho con el papel crítico desempeñado por el diario a lo largo de dos años y medio. El desproporcionado y de todas formas injusto castigo impuesto a El Universo, es contra la prensa como un todo, no solo en el Ecuador sino en cualquier país. La obligación de defender los derechos humanos y las libertades fundamentales no reconoce fronteras.

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