Todos los países miembros dan muestras de estar en la ruta del crecimiento, no como hace unos años, cuando unos crecían mientras otros permanecían estancados o en recesión

 21 mayo

Europa figura entre los principales socios comerciales de Costa Rica y su devenir económico tiende a afectarnos. Como recién informamos ( “Unión Europea crecerá más de lo previsto este año”, 15 de mayo del 2017) la Comisión Europea recién aumentó la estimación del crecimiento de la eurozona (los 19 países de la Unión Europea que tienen por moneda común el euro) para el 2017. Es un buen signo, pues por varios años hubo un virtual estancamiento.

Pero la eurozona no está conformada por países homogéneos, que operan con similares indicadores macroeconómicos. Existen diferencias notables entre ellos. Así, por ejemplo, mientras el desempleo en Alemania no llega al 4% de la fuerza laboral, en España y Grecia es elevadísimo, pues asciende al 18% y al 24% respectivamente.

Algunos países mantienen cómodos superávits de cuenta corriente de balanza de pagos (Holanda y Alemania) pero otros tienen déficits (Francia). Las economías de algunas naciones crecieron de forma sostenida durante los últimos años. En otras, como Italia y Grecia, decrecieron. También se observan diferencias importantes en el grado de endeudamiento del sector público entre los países de la eurozona.

La moneda única, el euro, es considerada problemática por algunos analistas porque niega la posibilidad de la devaluación a los países que experimenten (por causas externas o de origen interno) pérdidas de competitividad. El elevado endeudamiento de Grecia, por ejemplo, requirió del apoyo financiero de otros países de la eurozona y del Fondo Monetario Internacional, que fue condicionado a que el gobierno de ese país pusiera la casa en orden. Algo similar, aunque en menor grado, ocurrió con España. La “austeridad” exigida a ambos países es resentida por algunos grupos políticos locales.

Todo lo anterior llevó a cuestionar que países carentes de similar disciplina macroeconómica, o que no están expuestos a los mismos choques externos, operen con una moneda única. A eso se unió el cuestionamiento del libre movimiento de personas entre los países miembros de la Unión Europea (UE). La inmigración propia del modelo de la UE y de la eurozona ha sido seriamente cuestionada por quienes consideran que sirve para restar posibilidades de empleo a los locales. Las fronteras abiertas también son criticadas como riesgo de seguridad frente a las organizaciones terroristas.

Para normalizar las cosas, académicos y políticos han propuesto la posibilidad de “mutualizar” las deudas de los gobiernos; es decir, que sean suscritas por todo el grupo y no por cada uno de los países individualmente. La idea no tiene acogida en Alemania, pues la consideran un indebido subsidio de los contribuyentes de países que han manejado ordenadamente sus finanzas a favor de los que han incurrido en alguna dosis de desperdicio.

El modelo de la eurozona y el de la UE son blancos de fuertes cuestionamientos (basta con pensar en el brexit ), pero la elección de Emmanuel Macron como presidente de Francia, un joven “europeísta” y globalizante, ha servido para aportar una primera dosis de tranquilidad a los mercados financieros internacionales, en el sentido de que el modelo no agoniza. Está vivo y dispuesto a hacer lo que se requiera para mejorar su salud.

En este contexto, las noticias del crecimiento esperado para este año y para el 2018 resultan muy halagüeñas. Y lo son más porque todos los países que conforman la eurozona dan muestras de estar en la ruta del crecimiento, no como hace unos años, cuando unos crecían mientras otros permanecían estancados o en recesión. Esto dará tiempo a que las autoridades revisen todo lo actuado hasta la fecha, incluyendo el modus operandi de la eurozona, y que ajusten lo que proceda.

La UE fue concebida como una salida eficaz a los enfrentamientos bélicos que con dolorosa frecuencia tuvieron lugar en Europa durante los últimos siglos. Es muy probable que con algo de eficaz cooperación entre los países, y sin necesidad de exigir subsidios cruzados de unos a otros, el experimento de la eurozona y el de la propia Unión Europea continúen operando con éxito por muchos años. Ojalá así sea.