El ‘Estado de la Nación’ se ha vuelto indispensable para ‘conocer el país que tenemos, pensar la Costa Rica que deseamos’, según reza la misma publicación

 17 septiembre, 2014

La democracia costarricense, como cualquier otra, se asienta sobre la calidad de la información que reciben sus ciudadanos para discutir los asuntos públicos. Desde hace 20 años, una de las fuentes esenciales de este debate es el programa Estado de la Nación , cuyo informe anual es el tercero más antiguo en el mundo y uno de los mejor valorados de Latinoamérica.

Visto en retrospectiva, el programa surgió en 1994 en un momento en que la complejidad de la realidad social exigió nuevos instrumentos de análisis y datos confiables para la toma de decisiones, después de una década de intensas transformaciones que modificaron el estilo de desarrollo que había prevalecido en el país durante 35 años.

Desde la primera edición del informe, de 125 páginas, hasta las más recientes, que superan las 450, el Estado de la Nación se ha vuelto indispensable para “conocer el país que tenemos, pensar la Costa Rica que deseamos”, según reza la misma publicación, y ha contribuido a pasar de una política basada en consignas y vacuas promesas de campaña a una fundamentada en la identificación de los desafíos que enfrentamos como sociedad y en la confrontación crítica.

En “el país más diagnosticado del mundo”, como declaró un exministro, el informe no es tanto un diagnóstico como un sistema de seguimiento y de información de las variables e indicadores sociales, económicos, ambientales y político-institucionales que inciden en el desarrollo humano, de acuerdo con una elaboración nacional hecha a partir de los aportes del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y las teorías del economista indio Amartya Sen.

Aunque formalmente es un programa del Consejo Nacional de Rectores (Conare), que agrupa a las universidades públicas, y la Defensoría de los Habitantes, ha sabido mantener su imparcialidad e independencia, sin las cuales su credibilidad se vendría abajo.

Sin embargo, su rasgo más destacable es la orientación hacia la opinión pública. El informe, preparado con rigor científico, resultado de una red de expertos, instituciones y consultas sectoriales, no pretende quedarse en los cenáculos académicos, sino abrirse al debate. Esta vocación interpretativa es lo que le ha permitido traducir estadísticas y datos complejos en temas de interés general para los medios de comunicación y la población.

Este servicio al ejercicio democrático, en una coyuntura no pocas veces cegada por la desorientación, la intolerancia y el malestar ciudadano, es impagable y hay que reconocérsela al Estado de la Nación . Quien haga una revisión de los informes de estos 20 años, verá claramente la urgencia por resolver los problemas nacionales, pero también el tono mesurado, sustentado en una “documentación blindada”, la reflexión puntual, y la insistente llamada al diálogo y a la búsqueda de consensos como alternativa al conflicto.

Hasta este año, en que se publicará el vigésimo informe nacional, el programa ha preparado seis ediciones del Estado de la Región y cuatro del Estado de la Educación , entre otros documentos, con los que contribuyó a modificar la medición de la pobreza y de la desigualdad, y a visibilizar temas hasta entonces inexistentes en el espacio público, como la deserción escolar y la baja cobertura en secundaria, la segregación residencial, las filtraciones en la política social, el desperdicio de los recursos hídricos y los desafíos sobre la energía eléctrica. Como dijo uno de los expertos que elabora el estudio: “A partir de ahora ningún político puede decir que no sabía”.

Desde hace una década, el informe añade un capítulo propositivo, dirigido a los tomadores de decisiones, y las dos últimas ediciones, “Tiempo de exigir y obtener respuestas fundadas y verificables” (2012) y “Urge despejar mitos para enrumbar la Costa Rica que queremos” (2013), identifican con claridad los desafíos más apremiantes y las alternativas políticas, sociales y económicas.

Al igual que la portada del quinto informe, el Estado de la Nación es un espejo en el que vemos una parte de lo que somos. A lo largo de 20 años, este programa ha sido un ejercicio riguroso, documentado e imparcial de reflejar e interpretar la realidad costarricense, en una imagen que nos interroga sobre el presente y el futuro. Depende de nosotros, en tanto actores sociales, aceptar los retos que enfrentamos como comunidad y cambiar la imagen en el espejo.

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