Opinión

EDITORIAL

La enérgica denuncia de Almagro

Actualizado el 14 de noviembre de 2015 a las 12:00 am

El secretario general de la OEA ha alzado su voz contra la manipulación electoral en Venezuela

Se impone una acción hemisférica fuerte para evitar que se irrespete la voluntad popular

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El secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, ha decidido asumir plenamente las responsabilidades democráticas de su cargo, y con fundamento, lucidez y valentía, alertar sobre la falta de garantías mínimas para las elecciones del 6 de diciembre en Venezuela. Sus revelaciones deben ser escuchadas con atención por todas las personas respetuosas de la democracia. Sobre todo, deberían conducir a la acción de una serie de gobernantes sudamericanos que, lejos de seguir el ejemplo del más alto funcionario hemisférico, parecen listos a legitimar un viciado proceso en contra del pueblo venezolano.

En una carta abierta a Tibisay Lucena, presidenta del Consejo Nacional Electoral de Venezuela, Almagro lanza una muy seria advertencia: “La oposición llega a las elecciones con importantes liderazgos inhabilitados o detenidos, con limitada capacidad para acceder a los medios de comunicación, bajo el escrutinio del sistema de inteligencia del país y con el peso de la interpretación del marco jurídico de su país en contra”. En consecuencia, “existen razones para creer que las condiciones en las que el pueblo va a ir a votar el 6 de diciembre no están en estos momentos garantizadas al nivel de transparencia y justicia electoral que usted desde el CNE debería garantizar”. Es algo sobre lo cual no es posible “desviar la vista ni hacer oídos sordos”.

Como canciller durante el gobierno de Manuel Mujica, en Uruguay, el secretario general tiene credenciales irrefutables para criticar a un régimen arbitrario y crecientemente dictatorial que se dice de “izquierda”. La comunicación que dirige a la funcionaria electoral, de 18 páginas, es un documento sumamente minucioso, en el que toda afirmación está sustentada por hechos y todo llamado se fundamenta en los claros principios y compromisos democráticos.

El listado de “hechos concretos”, en palabras de Almagro, que vulneran –y en algunos casos eliminan, añadimos nosotros– “derechos en el marco de la campaña electoral y al propio proceso electoral”, es sumamente extenso. Vale la pena puntualizarlo:

k Ausencia de topes o controles al gasto de la campaña y uso de recursos públicos para impulsar a los candidatos oficiales.

k Acceso desigual a los medios de comunicación, que favorece, con enorme diferencia, al partido de gobierno.

k Manipulación sobre la ubicación y características de las papeletas de votación, capaces de generar confusión –contra la oposición– al ejercer el sufragio.

k Medidas de seguridad que limitan la libertad de expresión.

k Asedio judicial y amenazas a manifestantes pacíficos.

k Inhabilitación de varios líderes opositores y cambios en las reglas del proceso que podrían afectar los resultados.

k La intervención de partidos políticos por el Poder Judicial, el cual, a su vez, está subordinado al Ejecutivo.

k Reducción de asientos legislativos en los estados donde domina la oposición.

Además, tras un exhaustivo análisis de la sentencia condenatoria contra el dirigente democrático Leopoldo López, el más alto funcionario hemisférico afirma que el fallo “pone en manos de interpretaciones judiciales muy subjetivas la interpretación de los discursos políticos opositores y derecho a la asociación que significa la consolidación de movimientos políticos”.

Todo lo anterior se refiere a las condiciones previas a las elecciones, lo cual, aunque se corrigiera, ya ha debilitado con severidad su pureza. A esto hay que sumar la posibilidad de represión directa en el propio día y, si nada de lo anterior impide el triunfo opositor, la manipulación de los resultados para que la camarilla del presidente Nicolás Maduro siga enquistada en el poder.

Frente a un pronóstico tan sombrío, se impone una acción hemisférica enérgica y concertada. Pero aquí es donde algunos gobiernos sudamericanos, en lugar de actuar como abanderados de la democracia que pregonan, parecen decididos a ser cómplices de la dictadura que se monta. No de otra forma puede interpretarse la decisión de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) de enviar un contingente de “acompañantes” electorales, sin garantías mínimas de acceso e independencia para su trabajo y, por ende, prácticamente comprometidos con la tarea de legitimar el proceso. En cambio, el CNE rechazó la presencia de observadores de la OEA, que sí tienen un digno récord de autonomía.

Esperamos que la valiente denuncia de Almagro, en cumplimiento de su deber, logre modificar esa decisión y le haga saber a Maduro que, en su designio de burlar la voluntad del pueblo, solo sus cómplices del ALBA lo acompañan en América. Por desgracia, sin embargo, la complicidad antidemocrática parece estar más extendida.

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