Para el ministro de Finanzas alemán, solo un paquete de medidas, que involucraría montos épicos, podría cuajar el milagro

 17 mayo, 2015

El ministro de Hacienda griego, Yanis Varoufakis, fue nuevamente portador de ideas fabulosas dirigidas a endulzar los oídos de las autoridades monetarias de la zona del euro. En reuniones plenarias en Atenas, que continuaron en Bruselas esta semana, Varoufakis retomó su vieja idea de instar a sus colegas ministros, a banqueros centrales y a los jerarcas del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM) a acoger su propuesta de rescatar los bonos griegos pendientes por “bonos perpetuos”, un swap de obligaciones incumplidas por una inversión gigante en la dorada Grecia del mañana.

La idea mayormente ha provocado bostezos, excepto por el malestar expreso del presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, quien señaló un balance de 7.200 millones de euros en pagos casi inmediatos para amortizar las deudas correspondientes. Entre tanto, el martes se vencía un pago al FMI por 750 millones de euros (alrededor de $840 millones) cuya mora conllevaría un default fatal, un salto al vacío sin paracaídas. Grecia, no obstante, pagó este saldo.

La pregunta de los asombrados observadores ha sido de dónde salieron esos millones. El pago provino, primeramente, de las reservas monetarias griegas que mantiene con el FMI. En segundo lugar, salió de los montos saqueados a las municipalidades y otras dependencias públicas. El resultado ha sido que nadie sabe, a estas horas, cuáles serían las fuentes y si alcanzarían para aquietar a los megaacreedores que ansiosos aguardan en fila.

Un paso importante en la estrategia helénica se produjo hace un par de días. El ministro Varoufakis visitó a sus colegas de la zona para entregarles un folleto de 40 páginas, donde esboza el plan para lograr la recuperación de Grecia. Nadie, fuera de los altos funcionarios que recibieron el documento, debía posar sus ojos sobre ese texto. Este ruego era mínimo. Lamentablemente, el martes se supo de un importante diario en posesión de una copia. De ahí en adelante, el ritual de negar y desmentir ha sido cosa de horas.

De todas formas, las primeras impresiones de algunos Gobiernos no han lucido alentadoras. El ministro de Finanzas alemán fue quizás el más sincero al enumerar públicamente los rubros del debe y el haber para concluir que solo un paquete de medidas y planes futuros, que involucrarían montos épicos, podría cuajar el milagro.

El Gobierno griego acaba de anunciar que, por la rigurosidad de las medidas requeridas, desde el congelamiento de algunas partidas y reducciones mayores de empleos públicos, hasta cortes importantes de vacaciones y salarios, el plan debería someterse a un plebiscito. El apoyo inicial a esta iniciativa provino del ministro alemán.

De similar importancia es la amplia gama de potestades del plenario del Parlamento, incluso la de tumbar gobiernos. Quizás sería una quimera pensar que el presente gobierno, cuyos patricios desplegaron una campaña electoral calificada como irresponsable debido a la gama de promesas populistas, pudiese evadir la censura del plenario.

Desde luego, existe un numeroso surtido de escenografías para el drama conmovedor del pueblo griego. Entre tanto, el país se mantiene en una peligrosa cuerda floja. Esperamos que sus gobernantes arriben a un programa realista con los mayores acreedores. La aguja en el pajar sería el plan financiero que respaldaría la ejecución del plan adoptado. Un curso democrático y plausible es el desiderátum en estos momentos.