Los acuerdos entre Estados Unidos y Cuba para la normalización de sus relaciones diplomáticas, comerciales y financieras ya dieron sus primeros frutos

 18 enero, 2015

El viernes entraron en vigencia los acuerdos formalizados entre Estados Unidos y Cuba para la normalización de sus relaciones diplomáticas, comerciales y financieras. Este paso ha sido elogiado mundialmente como el advenimiento de un nuevo rumbo para los maltrechos vínculos entre ambas naciones, en mucho, resultado de la Guerra Fría.

El desplome final de la URSS y el conexo surgimiento de Rusia como potencia a partir de los años 80 introdujeron un nuevo orden mundial que conllevó el desprendimiento de numerosos exsatélites soviéticos en Europa y Asia, y también Cuba. Esta última vivía de subsidios petroleros, cortesía del Kremlin, que le permitían emprender costosas aventuras globales. La implosión soviética marcó la orfandad económica de La Habana.

Una serie de ensayos equívocos ahondaron los apuros cubanos. Fidel Castro, aquejado de sus dolencias, debió delegar funciones en su hermano Raúl, posiblemente el más pragmático de los dos. El surgimiento de Hugo Chávez en Venezuela abrió los ductos financieros para Cuba, pero la muerte del gobernante sudamericano y las dificultades económicas de ambos países dictaron nuevas y apremiantes realidades para La Habana. Turismo, comercio y finanzas de Estados Unidos serán las arterias renovadoras de Cuba y quizás, eventualmente, también de Venezuela.

El año pasado, las negociaciones para la liberación del norteamericano Alan Gross, preso en Cuba, prohijaron una conversación secreta en Ottawa. Dos enviados de la Casa Blanca y sus contrapartes de La Habana mantuvieron un diálogo para algo mucho más grande y también controversial: el restablecimiento de las relaciones. De esa manera se forjaron los acuerdos cuyos primeros frutos entraron en vigencia el viernes.

En breve, y solo como ejemplo, los cambios acordados auguran la reapertura de sedes diplomáticas. Además, permitirán a los estadounidenses viajar a Cuba para fines familiares, educativos y religiosos sin necesidad del permiso previo antes requerido. Asimismo, las aerolíneas estadounidenses podrán viajar a Cuba, los viajeros estadounidenses podrán, al cabo de la visita, retornar hasta con $400 en artículos adquiridos en la Isla, incluyendo $100 en alcohol y tabaco.

A su vez, los ciudadanos estadounidenses no cubanos pueden enviar a destinatarios en la Isla hasta $8.000 por año. Los bancos foráneos podrán ahora designar corresponsales en Cuba y, además, el uso de las tarjetas de crédito no estará vedado. En materia comercial, está permitida la importación de productos médicos, artículos electrónicos, fertilizantes y otros tantos insumos para la agricultura.

La lista es larga y pone de relieve la complejidad de las medidas adoptadas en los 53 años del embargo. Por otra parte, refleja los campos donde urge la acción de ambos países para simplificar las regulaciones y, en el caso de Cuba, atraer firmas extranjeras. Así ocurre con la producción agrícola, donde ya hay inversiones importantes.

Pero los cambios se han restringido al ámbito de las regulaciones que son resorte del Ejecutivo. No cabe minimizar el esfuerzo realizado por la Casa Blanca, pero el embargo solo podría ser levantado mediante la acción del Capitolio, dudosa en el presente, dada la composición partidista de los legisladores.

La oposición republicana debe entender el impacto político de este acuerdo impulsado por el presidente Obama, sobre todo de cara a la izquierda latinoamericana. Los Gobiernos y organizaciones de esa orientación, gracias a las nuevas medidas, han perdido de antemano su campaña permanente de confrontación con los Estados Unidos.

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