La animación digital costarricense se ha posicionado como líder en Centroamérica y el Caribe

 17 abril, 2014

Durante esta década, la animación digital costarricense se ha posicionado como líder en Centroamérica y el Caribe, y es una de las actividades más dinámicas entre las exportaciones de servicios tecnológicos de alto valor agregado. Tanto es así que las compañías nacionales venden sus productos a más de 20 países.

Costa Rica es la nación con mayor potencial innovador de Latinoamérica, según el Foro Económico Mundial. Es el segundo exportador de programas informáticos en la región y ocupa el tercer puesto en outsourcing (subcontratación externa) en el mundo, que es el modelo preferido por la industria audiovisual. La combinación de estas variables explica que el diseño digital tenga calidad internacional y pueda codearse con el de competidores como la India, a pesar de nuestra dimensión territorial.

Lo interesante del sector es que está conformado por pymes que han adquirido habilidades exportadoras por cuenta propia, las cuales llamaron la atención de la Promotora del Comercio Exterior (Procomer). En el 2009, los seis estudios más importantes se reunieron en el consorcio Costa Rica Animation Holdings (CRAH) como parte de una estrategia común para insertarse en el mercado global.

El desarrollo de la producción digital depende de los proyectos internacionales debido a la reducida demanda local y a las escasas fuentes de financiamiento. Costa Rica se ha enfrentado a esta barrera durante toda su historia comercial y ha respondido al desafío con un modelo basado en la calidad y la innovación. Si el país toma las decisiones adecuadas, el diseño, la alta tecnología y las industrias creativas pueden representar lo que significó la introducción del café hace 200 años.

Bajo esta perspectiva, es prometedora la negociación entre Cartoon Network y CRAH para la venta de las primeras teleseries y largometrajes animados. La oportunidad de negocio se dio en el reciente Kidscreen Summit, la más importante cita mundial dedicada al entretenimiento infantil, y puede ser el inicio de una alianza estratégica que catapulte la competitividad del país. Otra empresa nacional, Fair Play Labs, es líder en la producción de videojuegos, con clientes como Walt Disney y Nickelodeon.

También es significativo que The Animation Career Review haya escogido a la Escuela de Animación Digital de la Universidad Veritas como la cuarta mejor en Latinoamérica –solo superada por instituciones en Brasil y Argentina– y la 66 en el mundo. Hace dos años, el Ministerio de Cultura y Juventud creó el Centro de Tecnología y Artes Visuales (Cetav), uno de los mejor equipados del continente, el cual pretende incorporar a jóvenes en riesgo social a la realización audiovisual.

Pero no todas son buenas noticias. Por un lado, Costa Rica es el único país centroamericano que cuenta con tres carreras de animación, lo cual es una oportunidad de atraer a estudiantes de la región y contribuir a financiar especialidades que requieren una costosa inversión tecnológica. Sin embargo, el mercado académico sigue siendo limitado y los recursos humanos son muy escasos, lo que dificulta que el país pueda competir a mayor escala.

Aunque la animación fue declarada de interés nacional en el 2007, en la práctica las buenas intenciones se quedaron en el decreto y no existe ninguna iniciativa pública que le dé seguimiento y respaldo. En Europa, el sector digital es el más dinámico del rubro de nuevas tecnologías, gracias a la voluntad política y a los estímulos a la creación de talento local, que faltan en nuestro país.

La industria digital costarricense prácticamente no tiene acceso a la banca comercial y carece de mecanismos financieros que le permitan rentabilizar la inversión privada. Sin estos esquemas, que han sido exitosos en naciones como Nueva Zelanda y Australia, será casi imposible que pasemos de la maquila digital a productos de alto valor agregado, como pretende el sector.

Al contrario de la producción digital de Asia, que compite por sus bajos costos, Costa Rica solo puede diferenciarse gracias a la calidad. En el mundo globalizado, la creatividad y el conocimiento son los que pueden hacer la diferencia para un país pequeño.