La invitación a que el país inicie negociaciones para su incorporación es un logro notable

 22 abril, 2015

En una decisión de indudable trascendencia para nuestro país, el Consejo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) acordó, el jueves 9 de abril, invitar a Costa Rica y Lituania a iniciar conversaciones formales para sumarse a la organización. Si, como esperamos, emprendemos el proceso con decisión y lo completamos con éxito, llegaremos a ser parte del foro más importante, experimentado y selecto para promover políticas y estándares de desempeño que redunden en el bienestar de sus miembros.

La decisión, unánime, es un claro reconocimiento a nuestras fortalezas político-institucionales y, sobre todo, a lo mucho que hemos avanzado en mejorar nuestros estándares de transparencia, seguridad jurídica, supervisión financiera y buenas prácticas en general. Por esto, debemos sentirnos muy satisfechos. De hecho, desde que en el 2010 se incorporaron Chile, Eslovenia, Estonia e Israel, ningún otro país ha ingresado a la OCDE. En el 2013 fueron invitadas Colombia y Letonia; ahora se abrió la oportunidad para nosotros. Al anunciar la decisión, el secretario general de la organización, el mexicano Ángel Gurría, manifestó que tanto Costa Rica como Lituania impresionaron a sus miembros por “su compromiso para cumplir con los estándares de la OCDE”.

Además de felicitarnos y reconocer los grandes esfuerzos realizados por la anterior administración para que pudiéramos llegar a este punto y recibir tales elogios, debemos estar conscientes de la responsabilidad asumida. A partir de ahora, el camino por recorrer para pasar de la honrosa invitación a la necesaria integración nos obliga a emprender o reforzar una serie de iniciativas para cumplir, a cabalidad, con la “hoja de ruta” establecida para guiar el proceso.

Ese documento guía, que será precisado luego de un diagnóstico exhaustivo por parte de los técnicos de la OCDE, incluye siete áreas fundamentales. Se refieren a rendimiento e innovación educativa; políticas de bienestar social; diversas áreas de la administración pública, particularmente en el campo regulatorio y de combate a la corrupción; generación y gestión de energía; nivelación de normas para los negocios (incluido el combate de monopolios); políticas de empleo, y normas y administración tributaria. Todos estos son ámbitos clave para nuestro desarrollo, que debemos mejorar con la OCDE o sin ella. Sin embargo, contar con la asesoría e interlocución de un ente de tanta experiencia y solidez técnica, y apostar por que, al término del camino, podamos convertirnos en miembros plenos, potenciará, aún más, nuestras iniciativas y su impacto.

Los 34 países que integran la organización alcanzan, aproximadamente, el 70% de la producción mundial de bienes y servicios. Pertenecer a ella implica no solo elevar el desempeño en la gestión política, institucional, económica, social y educativa, sino también contar con una suerte de “acreditación” universal como país serio y confiable en esos y otros ámbitos. Por ello y por la posibilidad de contar con asesorías y foros de discusión permanentes sobre tendencias e intercambio de buenas prácticas, es que resulta tan importante la incorporación.

Frente a un proceso que, además de complejo podrá tocar intereses de algunos sectores, se necesita que el Gobierno se empeñe en superarlo exitosamente, con apertura, pero también con determinación. La responsabilidad directa de interlocución con la OCDE corresponde al Ministerio de Comercio Exterior y a la Cancillería. Sin embargo, la gestión interna para mejorar nuestros estándares y alinear a las entidades involucradas es una tarea multidimensional, que requiere un liderazgo político con claridad de miras, capacidad de gestión y decisión.

El abordaje no solo debe ser robusto, sino también bien coordinado; el movimiento no debe venir de la inercia de lo que ya se ha hecho, sino de un nuevo dinamismo que impulse lo mucho que está por hacer.

Las declaraciones del presidente, Luis Guillermo Solís, y del titular del Comex, Alexánder Mora, indican una clara voluntad de avanzar. La clave, ahora, es que se refleje en acciones bien conducidas, estructuradas y articuladas.