Opinión

EDITORIAL

El ejemplo del BCR

Actualizado el 24 de julio de 2015 a las 12:00 am

La Junta Directiva, la administración y el sindicato del Banco de Costa Rica se sentaron a conversar y acordaron ahorros de ¢13.000 millones anuales

Los trabajadores aceptaron modificar incentivos, la cesantía y el pago de horas extra para contribuir a mejorar la rentabilidad

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La Junta Directiva, la administración y el sindicato del Banco de Costa Rica se sentaron a conversar sobre los beneficios de la convención colectiva, pero no los analizaron exclusivamente a la luz de la conveniencia individual. Hablaron del convenio en conexión con la rentabilidad, el nivel de gastos, la competitividad y las condiciones de la economía nacional. Acordaron, en conjunto, reducir beneficios por la suma de ¢13.000 millones anuales.

Había mucho de donde recortar y los trabajadores del banco siguen gozando de un esquema de compensación generoso, pero las conversaciones son una rara demostración de responsabilidad y análisis para “adaptar el banco a la realidad del país”, según dijo Paola Mora, presidenta de la Junta Directiva.

La administración también piensa poner de su parte. Renegoció alquileres para producir el ahorro de $2,5 millones y recortó gastos en otros rubros. El objetivo es ahora la eficiencia, el desarrollo de nuevos productos, la atracción de clientes y el fortalecimiento de la relación con los existentes.

Los trabajadores aceptaron la liquidación de la cesantía con 20 años como máximo, pero calculada a partir de un mes de 20 y no de 30 días. En consecuencia, la liquidación de un empleado con ¢1 millón de salario y 20 o más años de antigüedad costará ¢13 millones, no ¢20 millones. El banco no repartió incentivos este año porque no alcanzó las metas, pero tampoco lo hará en el futuro, cuando la situación mejore. Los incentivos, recientemente criticados por la Contraloría General de la República, fueron eliminados. Las horas extra ya no se pagarán a razón de 2,5 veces el salario. Ahora el pago se hará con un factor de 1,5 veces.

También hubo acuerdo sobre el diseño de un plan de incentivos para el retiro voluntario de empleados con más de diez años de antigüedad, cuyos salarios y beneficios han venido creciendo con celeridad a lo largo del tiempo hasta hacerlos excesivamente caros.

La negociación demuestra que es posible convenir sobre asuntos internos con seriedad, a partir de condiciones reales y no en el marco de la realidad paralela habitada por otras instituciones cuyos funcionarios exigen beneficios sin importar el costo o sintonía con la situación nacional, las limitaciones del mercado y el presupuesto disponible.

El Banco de Costa Rica ha dado un importante primer paso. La negociación constituye, también, un reto para las demás entidades financieras del Estado y la pléyade de instituciones autónomas donde los privilegios imperan sin coto. También allí es necesario sentarse a hablar con seriedad, sin las cortinas de humo desplegadas para defender lo indefendible.

Róger Muñoz, secretario general del sindicato, explicó que decidieron hacer concesiones con el fin de ayudar a generar las economías necesarias para mejorar los índices de rentabilidad. Esa comprensión de las necesidades financieras no es usual, pero debe ser cada vez más frecuente para hacer los ajustes a tiempo y con orden. De lo contrario, la realidad se encargará de ejecutarlos, demasiado tarde y con demasiado sufrimiento.

Es preciso, como dicen las autoridades del Banco de Costa Rica, compatibilizar los gastos con la realidad de la institución y del país. La premisa vale para todas las entidades públicas y también para los regímenes de pensiones, tan alejados de la verdadera situación fiscal y actuarial.

La negociación en el Banco de Costa Rica sin duda debe haberse beneficiado del incumplimiento de las metas económicas del año, pero esto no le resta méritos. Los negociadores reconocieron el síntoma y actuaron, ojalá a tiempo. Hacemos votos por que el ejemplo sea seguido, también a tiempo, en tantas otras instituciones del Estado.

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