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Editorial

Cuatro años de guerra

Actualizado el 22 de abril de 1995 a las 11:56 am

Tragedia de los Balcanes, baldón para el mundo civilizado

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Cuatro años de guerra

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La guerra en la antigua Yugoslavia entró en su cuarto año de duración sin que se avizore, por el momento, vestigio alguno de solución. Los más oscuros presagios se ciernen sobre esta nación balcánica. El conflicto, que se inició con una abierta superioridad bélica por parte de los serbios, ha entrado en un virtual equilibrio de fuerzas, como consecuencia de un progresivo rearme del ejército bosnio y de las limitaciones a la superioridad aérea serbia, impuestas por las tropas de las Naciones Unidas al Gobierno de Belgrado.

Otros dos factores inciden en que el conflicto entre en su cuarto año, cargado de negros nubarrones: el fin de la tregua--tregua precaria pues nunca se cumplió a cabalidad--, que expira el 30 de abril en curso, y lo que parece una inminente salida de la antigua Yugoslavia por parte de los cascos azules ante la imposibilidad manifiesta de encontrar una solución política negociada al prolongado conflicto. Las bajas esporádicas que han sufrido las tropas de disuasión o interposición de las Naciones Unidas y el firme convencimiento de que, una vez que el cese del fuego concluya, la situación empeorará, han llevado al alto organismo internacional a pensar en la posibilidad de un retiro inminente bajo presión de los países que tienen tropas destacadas en un territorio desgarrado por los antagonismos étnicos.

Si bien los serbios cuentan todavía con una cierta superioridad militar, Bosnia-Herzegovina parece haber alcanzado el equilibrio necesario como consecuencia de una eficiente organización de su "Armija", basada, según el Gobierno de Sarajevo, en nuevas fuentes de aprovisionamiento bélico y en la instalación de fábricas en el territorio bajo su control. La entrada de material de guerra liviano se efectúa, a juicio de los analistas, con el concurso de proveedores, procedentes de naciones norteafricanas, que hacen llegar sus embarques en forma marítima clandestina. Así, en este cuarto año de hostilidades, el mundo occidental se apresta a ser testigo de un choque entre fuerzas oponentes equilibradas. Sin haber finalizado la tregua, Sarajevo es blanco de un incremento del hostigamiento serbio que originó, en días pasados, la muerte de dos cascos azules franceses.

Este hecho ha puesto a meditar a la opinión pública francesa y al Gobierno de Balladur acerca de un eventual retiro.

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Las críticas contra la presencia "colorista" de las fuerzas de la ONU no son del todo justas pues su mandato tiene la limitación de no intervenir en el conflicto, con la excepción de que sean atacadas, situación esta que se repite con harta frecuencia en los últimos meses y que coloca a los cascos azules en una sacrificada e incómoda posición. Si la ONU deja a la antigua Yugoslavia a su propia suerte, el conflicto asumirá perfiles más crudos al generalizarse, y el eslogan actualmente vigente de "Sarajevo vive", con su terrible secuela de muerte y destrucción, habrá dejado de tener significado para un mundo que se dice civilizado y que ha puesto de manifiesto su impotencia para terminar con la sangría en esa convulsa zona de los Balcanes.

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