Opinión

EDITORIAL

La economía costarricense en el 2013

Actualizado el 23 de diciembre de 2013 a las 12:00 am

El aumento de la producción, inicialmente proyectado en un 4% real, no se cumplió

El creciente déficit fiscal sigue siendo el talón de Aquiles de la economía nacional

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La economía costarricense en el 2013

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En este y otros editoriales comentaremos los principales acontecimientos de la economía costarricense en el 2013, los hitos de la economía internacional en ese mismo período, así como las perspectivas económicas y principales retos para el 2014. Comenzamos con la evolución de la economía interna en este año.

El Programa Macroeconómico aprobado por el Banco Central de Costa Rica (BCCR) en enero es un buen punto de partida. En él se fijaron metas concretas y se aprobaron políticas económicas para lograrlas, algunas de las cuales se cumplieron, pero otras no. El programa también identificó riesgos monetarios, crediticios y financieros, y consideró fórmulas para contrarrestarlos. Los resultados no fueron parejos.

Producción y empleo. El crecimiento de la producción, inicialmente proyectado en un 4% real, no se cumplió. El producto interno bruto (PIB) crecerá alrededor del 3% real (cifras preliminares), insuficiente para absorber un desempleo que se fue incrementando durante el año, hasta alcanzar el 10,4% el trimestre anterior. Aunque se redujo recientemente a poco menos del 9% de la fuerza laboral, la caída no obedeció a la generación de empleo, sino al registro de una fuerza laboral disminuida por personas desempleadas que dejaron de buscar trabajo, desmotivadas por la falta de oportunidades. El corolario es que, para combatir el desempleo más eficazmente y reducirlo a niveles cercanos al comportamiento histórico (alrededor de un 4%), se debe aumentar la tasa de crecimiento de la producción, de manera sostenida. Y eso no ha estado ocurriendo.

¿Cuáles factores incidieron en el bajo crecimiento de la producción? Hemos identificado varios de ellos a lo largo del año. El prolongado efecto de la crisis económica internacional es uno. Después de la recesión, los países desarrollados –principalmente Europa y Estados Unidos– no lograron enrumbar sus economías por la ruta del crecimiento sostenido. En consecuencia, las tasas de crecimiento de nuestras exportaciones son menores. Las exportaciones de bienes sufrieron menos que las de servicios, principalmente el sector turismo, que experimentó bajas tasas de ocupación.

A esto se suman la apreciación del tipo de cambio, la restricción crediticia impuesta por el BCCR en el primer semestre del año, así como las elevadas tasas de interés a finales del año pasado, que incidieron en el financiamiento productivo en el primer semestre del 2013. Cuando esas políticas se revirtieron, la producción comenzó a repuntar levemente.

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La economía interna también perdió dinamismo. Las ventas no repuntaron como se esperaba –en parte, por el alto desempleo, que disminuyó el poder de compra de los consumidores–, y la inversión privada también se resintió por factores asociados con los avatares del proceso electoral y los nuevos riesgos políticos, que ciertamente inciden en el ánimo empresarial. El Estado, por su parte, no logró incrementar su inversión en infraestructura a los niveles históricos, afectando también el crecimiento y el empleo.

Inflación y tasas de interés. En el sector financiero, los resultados también fueron mixtos. La inflación, medida por las variaciones en el índice de precios al consumidor (IPC), mostró por cuarto año consecutivo buenos resultados, ubicándose probablemente dentro del rango más bajo establecido por el BCCR (5%, más o menos un punto porcentual). Es, sin duda, uno de los principales logros.

Influyó a su favor la virtual ausencia de devaluación (otrora, causa importante del aumento en el IPC), así como el menor dinamismo de la economía (ralentización, desempleo), que deprimen los niveles de la demanda agregada y la presión sobre los precios, y una política monetaria prudente. Pero existe el riesgo de que el bajo nivel de inflación no se sostenga por la intervención oficial en las bandas cambiarias (absorción monetaria), que ha venido incrementando las pérdidas de operación del BCCR (1% del PIB). Y eso representa una fuente de inflación futura. Eventuales ajustes en el tipo de cambio por variaciones en la política monetaria de EE. UU. también podrían presionar los precios internos.

Las tasas de interés pasivas han permanecido relativamente bajas en los últimos meses (alrededor del 6,5%), después del abrupto incremento en octubre del 2012, cuando la tasa básica pasiva alcanzó un 11% anual y requirió la eficaz intervención de la presidenta, Laura Chinchilla, ante los bancos estatales. Menores tasas pasivas se reflejaron en las operaciones crediticias (tasas activas), lo cual contribuyó a restablecer la demanda de crédito e imprimir algún dinamismo a la producción. Sin embargo, el mayor dinamismo del crédito se dio por la afluencia de recursos externos contratados en el mercado internacional a tasas más bajas que las prevalecientes en el mercado local en colones, estimulando una mayor demanda de deudores no generadores de divisas. El BCCR, preocupado, decidió adoptar una serie de medidas restrictivas, secundado por la Sugef y el Conassif, para desincentivar los créditos en dólares. Algunos de esos riesgos, desafortunadamente, siguen latentes, pues decidieron diferir su entrada en vigencia.

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Tipo de cambio ybalanza de pagos. La política cambiaria y las entradas de capital incidieron mucho en el financiamiento del creciente déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos, que ronda el 7% del PIB. Las entradas de capital público y privado financiaron holgadamente el faltante y permitieron una acumulación de reservas monetarias internacionales. Pero el problema permanece y tendrá que ser enfrentado en el 2014.

La política cambiaria no registró ninguna novedad. El BCCR sigue manteniendo la tesis de que las bandas cambiarias, definidas originalmente como un régimen temporal (hace ya más de siete años), evolucionarían eventualmente a otro de flotación administrada para dar paso a un esquema de inflation targets (metas explícitas de inflación) y consolidar el control de la inflación, según lo acordado con el FMI. Lo más novedoso en ese campo es que la intervención del BCCR ha cedido en los últimos meses, particularmente este mes de diciembre, cuando la oferta de divisas es mayor, pues los capitales privados ya son insuficientes para financiar el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos. El tipo de cambio no ha repuntado por el efecto de las entradas de capital público, producto del endeudamiento externo para financiar el déficit fiscal, afectando la competitividad de las exportaciones. Y eso nos lleva a otro de los capítulos económicos más problemáticos del 2013.

Déficit fiscal. Es el talón de Aquiles de la economía costarricense. Muchos han sido los esfuerzos históricos legislativos y gubernamentales por resolverlo, y muchos los editoriales que hemos escrito en esa dirección, sin haberse encontrado una respuesta definitiva. Después de una pasajera ilusión de equilibrio fiscal del Gobierno Central en el 2009, el déficit fiscal volvió a ensombrecer las finanzas públicas. Este año, el faltante excederá de nuevo el 5% del PIB, y, sumado al del resto de las entidades públicas, especialmente el BCCR, se acercará al 7% del PIB. Es un porcentaje demasiado elevado para ser sostenible y va minando otras variables, como la deuda total del sector público, que ya excedió el 50% del PIB, al igual que la partida de intereses que resta flexibilidad al presupuesto y le impide financiar otras necesidades básicas como infraestructura.

El déficit fiscal es también demasiado elevado para ser enfrentado únicamente con reducción de gastos, como la observada en el 2013 (y en años anteriores). Es necesario proveer al Estado de mayores ingresos permanentes y efectuar una reforma del sector público para evaluar el gasto de todas y cada una de las instituciones y sus componentes, incluyendo los regímenes salariales de los servidores públicos. Algo similar ha de decirse de las finanzas de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), el ICE, Recope y otras entidades deficitarias como el CNP. Lo más notable del acontecer fiscal fue la iniciativa del ministro de Hacienda, Édgar Ayales, para enfrentarlo en su conjunto.

Productividad y trabas a la inversión. Como destacamos al inicio, el crecimiento depende de la inversión, y esta, de la confianza de los empresarios. Para facilitarla, debe el Estado generar confianza y facilitar las decisiones del emprendimiento productivo. Algo se avanzó este año, particularmente en seguridad ciudadana y empresarial –necesarias, ambas, para apuntalar la inversión–, pero la agenda está muy lejos de concluirse, especialmente en temas ambientales y las regulaciones a su alrededor, excesivas a veces.

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