Detrás de la ralentización del producto interno bruto yace la menor capacidad del sector privado para generar empleos

 18 mayo, 2015

Contrario a las optimistas palabras del presidente de la República, expresadas al iniciar este mes, la producción nacional ha entrado en un franco proceso de desaceleración. La situación es muy preocupante porque detrás de la ralentización del producto interno bruto (PIB) yace la menor capacidad del sector privado para generar empleos.

Las cifras que fundamentan esta aserción son oficiales del Banco Central. El índice mensual de actividad económica (IMAE), que calcula regularmente esa institución, confirma que la tasa de crecimiento de la producción se ha venido reduciendo en los últimos 11 meses. Mientras que en marzo del 2014 la producción nacional crecía a una tasa interanual del 4% (tendencia ciclo), en marzo de este año solo lo hizo un 1,7%.

Los sectores que causaron la caída son, precisamente, los que tradicionalmente generan más fuentes de trabajo: agricultura e industria. El primero, que ocupa el tercer lugar en la fuerza laboral, cayó un 3,36% y el segundo, también segundo por su contribución al total de empleos, cayó un 1,38%. El sector comercial, primero en brindar oportunidades de trabajo, pasó de crecer a un ritmo interanual de un 4,35% en junio pasado a solamente un 2,97% en marzo.

Se dice que la tendencia ciclo da una clara señal de cómo crecerá la economía durante el año. Pero con un porcentaje de expansión tan reducido como el registrado hasta marzo, difícilmente podrá el PIB real crecer un 3,4% anual señalado oficialmente. También es difícil pensar que una tasa de crecimiento moderada pueda permitir reducir el desempleo abierto por debajo del 10% de la fuerza laboral o paliar el subempleo que supera ampliamente ese porcentaje.

El Gobierno se encuentra en una encrucijada. No puede generar directa ni indirectamente más empleos en el sector público por la precaria situación fiscal, pero tampoco ha hecho mucho por estimular al sector privado, que es el generador neto de trabajo. Sus políticas no han sido las más apropiadas para enfrentar esta difícil coyuntura. En el primer año, impulsó de entrada el gasto presupuestario con transferencias a entidades como las universidades públicas y con ajustes en las remuneraciones a los servidores públicos, que poco contribuyen para generar nuevos empleos.

Mientras tanto, prácticamente ignoró las peticiones del sector privado en cogeneración de electricidad, costo del diésel, gasolina y otros, lo cual creó un clima de poca confianza. Y la confianza en las políticas públicas es esencial para invertir y crear empleos. Su alianza con el Frente Amplio inclinó la balanza hacia la izquierda, lo cual tampoco favorece la confianza e inversión del sector empresarial.

Otros aspectos de la política pública tampoco han favorecido la reactivación del sector privado. Al igual que las dos administraciones anteriores, en vez de entrarle a fondo al gasto corriente para reducir el déficit y abrir más espacio a la inversión pública, que sí genera empleo, se inclinó por incrementar el endeudamiento en moneda extranjera para financiar el desequilibrio fiscal. Ese financiamiento externo tampoco se destinó mayoritariamente a la inversión, pero la mayor afluencia de divisas sí contribuyó a apreciar el colón, en detrimento de la competitividad de las exportaciones, que también generan puestos de trabajo.

La solución, obviamente, no es intervenir arbitrariamente el mercado cambiario para auspiciar un tipo de cambio ajeno al equilibrio, sino reducir el gasto para no tener que recurrir al financiamiento externo, que tiene, además, el inconveniente de incrementar la deuda pública, que también contribuye a generar desconfianza.

Debe mencionarse, finalmente, que ciertos factores internos de carácter climático, ajenos al ámbito gubernamental, han contribuido a la menor producción agrícola (banano, piña), y, también, factores externos adversos han contribuido al mal desempeño.

La coyuntura internacional, caracterizada por su bajo crecimiento, tampoco favorece la reactivación. Salvo los países de Asia –principalmente la India y China–, el resto de los bloques comerciales crecen a tasas muy modestas, según el último informe del Fondo Monetario Internacional (FMI).

La tasa de crecimiento de nuestros principales socios comerciales, incluyendo Estados Unidos (3,1%) y la Unión europea (1,5%), no permitirá una expansión dinámica de nuestras exportaciones. En Latinoamérica (0,9%), la situación se ha complicado, aún más, por la recesión en tres de los principales motores –Brasil, Chile y Venezuela– y la ocurrencia de menores tasas de expansión en otros. Eso nos muestra que la economía mundial les está pasando la factura a muchos países en desarrollo, incluido el nuestro, y es poco lo que podemos hacer. La excepción son los países del pacífico, cuya tasa de crecimiento promedio rondará el 6,6% este año. Ahí sí hay un potencial de crecimiento de la producción, las exportaciones y el empleo. Y aunque tenemos un tratado de libre comercio con China, el Gobierno debió haber acelerado su adhesión a la Alianza del Pacífico, el bloque más dinámico, para incrementar las oportunidades comerciales con otros miembros de la organización. Pero no lo ha querido hacer. Es un error estratégico. Ojalá cambie de opinión.