Hay unos 7.200 percances de tránsito al mes, la mayoría de poca importancia, pero hasta abril las aseguradoras solo habían recibido 381 declaraciones de accidentes menores

 20 mayo, 2016

Desde el 7 de enero pasado, el Ministerio de Obras Públicas y Transportes puso a disposición de los conductores involucrados en accidentes menores un medio expedito para asentar las responsabilidades y despejar la vía. Cualquier roce entre dos vehículos es capaz de causar exasperantes congestionamientos, sobre todo a las horas de más tránsito.

La declaración de accidente menor es un formulario donde se recogen los datos de los vehículos y conductores involucrados, así como los detalles del accidente y cuál de los participantes asume la responsabilidad y obligación de pagar los daños. Aparte de llenar el formulario, los conductores deben tomar fotografías o videos con algún dispositivo electrónico disponible.

Una vez consignados los datos y tomadas las imágenes, los conductores pueden mover los vehículos para permitir el flujo del tránsito. Si están suscritos a una póliza de seguro voluntaria, deben esperar al inspector de la compañía aseguradora, pero no es necesario conservar los autos en la posición del accidente.

No es necesario llamar a un agente de tránsito y la solución está disponible aun para quienes no tengan una póliza voluntaria. Los únicos requisitos son la participación de no más de dos vehículos y la ausencia de daños personales. Quien haya experimentado un accidente menor, el tiempo de espera por un oficial de tránsito y el caos vehicular a su alrededor, apreciará la importancia de este sencillo método, pero en los primeros cuatro meses de estar en vigor el sistema, pocos conductores lo han empleado.

En el país se producen unos 7.200 accidentes al mes, la mayoría de poca importancia, pero hasta abril solo 381 declaraciones de accidentes menores fueron recibidas por las seis compañías de seguros que ofrecen este tipo de protección en el mercado nacional. La educación de los conductores es una tarea pendiente. Muchos no saben de la existencia del mecanismo y otros desconfían del reembolso de los daños, especialmente cuando el costo de la reparación es alto pese a la levedad del accidente.

La rápida conciliación evita a los conductores largos procesos judiciales en los tribunales más sobrecargados del país. Trasladarse a la Corte, invertir el tiempo necesario para rendir testimonio, esperar el fallo y pagar las costas del juicio no tiene sentido cuando las responsabilidades son obvias, como ocurre en la mayoría de los casos, o cuando uno de los involucrados reconoce la falta, como también es muy frecuente.

Es necesario difundir los beneficios del sistema, incorporarlos a la educación vial exigida para obtener licencia, explicarlos en el momento de suscribir un seguro y aprovechar otras oportunidades para la educación del conductor. También es preciso incentivar el cumplimiento de los compromisos adquiridos en el lugar del accidente. Si bien el formulario suscrito por las partes, cada cual con una copia, prácticamente asegura la victoria en un juicio, unos pocos conductores se han arrepentido de su admisión de responsabilidad en el sitio de la colisión.

No queda entonces más remedio que el proceso judicial, siempre prolongado y engorroso, pero, aun en ese caso, el conductor inocente arriesga poco con la conciliación en el sitio del accidente. En ausencia de la conciliación, de todas formas habrá juicio, sin la ventaja de las circunstancias bien documentadas y aceptadas por la contraparte.

En todo caso, los tribunales deben imponer un elevado monto en costas a quien reniegue de su firma con evidente mala fe. Es preciso consolidar las ventajas del mecanismo para bien de los involucrados, del flujo vehicular y de nuestro congestionado sistema judicial.