Opinión

EDITORIAL

Una cumbre de alto precio

Actualizado el 14 de julio de 2013 a las 12:01 am

La cumbre de Petrocaribe proclamó una Zona Económica Especial cuyas ventajas no están claras

Resulta evidente que lo adoptado por la cita en Managua es un plan para que la Zona Especial beneficie a Venezuela

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A finales de junio tuvo lugar en Managua la VIII Cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de Petrocaribe, mecanismo fundado en el 2005 por el entonces gobernante venezolano Hugo Chávez, en cuyo honor se celebró la cita. Al evento concurrieron presidentes, gobernantes y representantes de 21 países, incluidas las 18 naciones de Petrocaribe, más El Salvador, Bolivia y Ecuador, que son miembros de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA).

Como puede apreciarse por los acuerdos, la cita tuvo un altísimo precio para los beneficiarios del programa venezolano. Nada menos podía esperarse pues, desde que Chávez lo inauguró, el mecanismo de integración petrolera se ha transformado en “un espacio geopolítico innovador,” según sentenció el mandatario venezolano Nicolás Maduro en forma vaga.

Bien sabemos la mecánica del juego. Al calor del Caribe y, sobre todo, de las loas y aplausos que lo solían acompañar, Chávez se aliviaba de los pesados millones del negocio petrolero con donaciones y proyectos como las refinerías en Siria y Libia. En este último país hasta le dedicaron un estadio deportivo

Pero el mundo actual es diferente, máxime en el ambiente petrolero. Los abultados depósitos manejados ayer por el ya difunto gobernante fueron generados por los altísimos precios del petróleo. Hoy, los voluminosos balances con que Chávez compraba lo que le venía en gana, se esfumaron.

Por supuesto, la munificencia chavista ha debido miniaturizarse, al tiempo que la inflación, el desempleo, las deudas y demás pestes no dejan vivir a los venezolanos. En consecuencia, Maduro se ha transformado en una caricatura triste del antiguo benefactor caraqueño.

En Managua, sin embargo, había que animar a los deprimidos huéspedes y, para ese fin, se escogió un viejo truco: anunciar con bombos y platillos grandes transformaciones, novedosos esquemas y quizás mayores ingresos. Todo esto se condensa en la Zona Económica Especial proclamada en la cumbre de Managua, la cual trabajará en cinco grandes ejes: producción, turismo, transporte, comercio y el ámbito social y cultural.

Daniel Ortega, quien dio lectura al documento, explicó que habrá grupos de expertos que generarán otros documentos y comités. Asimismo, el plenario puntualizó que los Gobiernos designarían funcionarios de alto nivel “con capacidad de tomar decisiones en cuanto al diseño y la discusión de la estrategia necesaria sobre los programas.”

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Sin embargo, el plenario también aprobó una iniciativa de Venezuela para fortalecer el transporte aéreo en el área de Petrocaribe. A esos efectos, los Gobiernos deberán suscribir convenios con la aerolínea estatal Conviasa para conectar el Caribe por Venezuela. Adiós a Miami.

Asimismo, será necesario firmar convenios bilaterales para el suministro de fertilizantes con una empresa venezolana, “para fortalecer la producción agrícola y la seguridad alimentaria”.

No menos interesante fue una declaración de Maduro al arribar a Managua, de que la Zona Especial sería “un esquema complementario que tiene ver cómo, con base en la factura petrolera, se pueden establecer mecanismos de inversión que permitan que Venezuela tenga o haga inversiones en el exterior”.

Resulta evidente que lo adoptado por la cita en Managua es un plan para que la Zona Especial beneficie a Venezuela. Por su parte, Maduro, corto de fondos, ha previsto hacerse de medios con la Zona Especial. Cada uno de los proyectos concretos e inmediatos tiene el cometido de conseguir fondos para Venezuela.

Hasta el momento, la información sobre la cumbre ha sido limitada. Habrá que ver cómo se desenvuelven los proyectos específicos. Llaman la atención los planes fantásticos de Ortega, empezando por su polémico canal interoceánico. Quizás sea un buen indicador del porvenir la situación de proyectos como la refinería El Supremo Sueño de Bolívar, un sueño de Chávez que Ortega adoptó. La primera piedra la puso Chávez en el 2007. Hoy día continúa siendo un sueño, aunque poco supremo, en cuyo lugar pasta ganado desnutrido.

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