Opinión

EDITORIAL

El corrosivo caos de la GAM

Actualizado el 20 de junio de 2015 a las 12:00 am

No existen visión y acciones integrales para superar los problemas de urbanismo y transporte

Mientras prevalezcan los intereses institucionales y gremiales, seguiremos postrados en la anarquía

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El corrosivo caos de la GAM

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Mejorar la calidad de vida, eficiencia y competitividad de nuestras ciudades, en particular el caótico conglomerado de la Gran Área Metropolitana, es una tarea sumamente urgente; también, en extremo compleja. Por esto hay que recuperar el tiempo perdido, abordarla sin dilaciones e impulsarla con liderazgo, visión, planificación, coordinación y capacidad de ejecución. Hasta el momento, sin embargo, muy poco se ha logrado. No solo estamos paralizados; peor aún, hemos sustituido la necesidad de actuar de manera orgánica por iniciativas parciales o, incluso, a contrapelo de la institucionalidad. Además, nos hemos hundido en discusiones que deberíamos haber superado hace mucho tiempo.

Esta lamentable situación nos pasa constantemente la factura mediante degradación ambiental, servicios deficientes, ruido, estrés y retrasos para trasladarnos de un lugar a otro. Así, el desorden atenta contra el bienestar general y el desarrollo nacional.

Mientras estos problemas se acumulan, a escala nacional no existe un plan de inversiones en infraestructura, y a escala metropolitana no contamos con un proyecto integrado de transporte interurbano, que logre introducir lógica y concierto en el sistema. En su lugar, el Gobierno insiste en un proyecto de ley para “reforzar” al Incofer como vía para construir un tren eléctrico y financiarlo con un 5% del impuesto a los combustibles, sin medir las consecuencias presupuestarias, sin estudiar si podría emprenderse con otras modalidades de gestión y, menos aún, sin explicar cómo esta iniciativa calzaría en un esquema de solución general.

Las rutas de autobuses, cuyo diseño a menudo responde más a los intereses de los concesionarios que a las necesidades de los usuarios, fueron renovadas en abril por el Consejo Técnico de Transportes (CPT), dependencia del MOPT, a pesar de serias observaciones de la Autoridad Reguladora de los Servicios Públicos (Aresep), que es mucho más independiente y técnicamente solvente. Tal como informamos el pasado lunes, ambas entidades están enfrascadas en un debate sobre cuál de ellas debería asumir la regulación de forma integral. A su vez, el CPT ha anunciado un cambio en su composición y funcionamiento que aún no ha dado a conocer, y los representantes de los autobuseros y taxistas se niegan a abandonar la condición de juez y parte en el Consejo.

Estos ejemplos revelan que, mientras el enfoque debería centrarse en cómo llevar a cabo la urgente reingeniería del transporte público urbano, la visión que se ha impuesto no es la de articular un sistema, sino la de defender intereses institucionales y gremiales, que no siempre coinciden con las mejores estrategias.

En materia de urbanismo, la situación no es mejor. Existe una gran descoordinación del ordenamiento territorial por parte de las municipalidades. En nuestro gran centro urbano, las políticas al respecto no surgen de prioridades de la GAM, que ni siquiera tiene una instancia formal de coordinación entre los gobiernos locales, sino de cada uno de estos.

En materia urbana, el país también debería hacer un abordaje integral y multisectorial. Sin embargo, la única iniciativa que se ha producido en lo que llevamos de esta administración es la propuesta de nuevo Reglamento de Fraccionamientos y Urbanizaciones por parte del Instituto Nacional de Vivienda y Urbanismo (INVU). Debido a sus vicios de inconstitucionalidad, invasión de competencias, desdén por las realidades económicas del país y carácter virtualmente confiscatorio, lo único que ha logrado es generar incertidumbre y abrir una crispada discusión que conspira contra cualquier intento de coordinación futura. Aunque fue retirado por orden de la Presidencia, el daño en este sentido ya está hecho.

Al hablar el 11 de mayo en un foro sobre el desarrollo nacional, organizado por la Academia de Centroamérica, Ricardo Hausmann, director del Centro para el Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard y ex economista jefe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), mencionó la importancia de las ciudades como crisol para articular conocimientos, procesos y experiencias y, por tanto, impulsar la competitividad y el progreso. A la vez, comentó que la GAM parecía estar organizada deliberadamente para evitar que se potenciaran esas ventajas, sobre todo por su colapsado sistema de transporte. Sabemos que el caos no es deliberado, pero solo podremos superarlo si nos enfocamos y actuamos integralmente. Esto es lo que no ha ocurrido hasta ahora, y si bien el problema viene de lejos –y la inacción también–, al actual gobierno le corresponde asumir el reto.

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