Opinión

EDITORIAL

Una comunidad persistente

Actualizado el 14 de agosto de 2013 a las 12:00 am

El Caribe Sur podría convertirse en modelo de un esquema de seguridad con participación comunal

Si la seguridad es cosa de todos, como en algún momento lo publicitó el Ministerio del ramo, hay pocos ejemplos de una comunidad más consciente y dispuesta

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Pocas comunidades están tan comprometidas con la promoción de la seguridad ciudadana como las del Caribe Sur. Hay en la zona gran conciencia de la importancia del tema y su repercusión en el modelo de desarrollo turístico implantado allí a lo largo de los últimos años. No es un área de grandes hoteles o centros de recreación y el atractivo se centra en la rica tradición cultural de los pobladores y la formidable naturaleza, que provee un marco inigualable para pequeños establecimientos dedicados al hospedaje y la gastronomía.

Basta una corta caminata por Puerto Viejo para reconocer al instante la riqueza llevada a la zona por turistas de todo el mundo, en especial Estados Unidos y Europa, así como la adaptación de esos visitantes a la oferta específica de la zona. La criminalidad puede, sin embargo, alterar esa armonía.

Los pobladores de la región y los empresarios allí establecidos lo saben. Por eso se han organizado para impedir la actividad de los delincuentes, en su mayoría oriundos de poblaciones cercanas. En el Caribe Sur, los vecinos se conocen entre ellos y quienes se enemistan con la ley pueden ser identificados con facilidad. El problema viene de afuera y, por desgracia, ha tenido manifestaciones muy publicitadas.

La comunidad ha hecho mucho más que exigir apoyo a las autoridades. Mediante colectas y otros mecanismos reunió $10.000 para instalar un sistema de cámaras de vigilancia. La contraparte del Estado era el establecimiento de un centro de monitoreo para completar el sistema de cuido electrónico. La comunidad se apresuró, pero no el Estado y las cámaras fueron inutilizadas por vándalos un par de meses después de instaladas.

La comunidad no se da por vencida y avanzan los planes para reemplazar las cámaras y protegerlas, en la medida de lo posible, para impedir su destrucción a manos de los hampones. El Estado, sin embargo, todavía no sabe fijar la fecha de cumplimiento de su parte del trato. La persistencia de la comunidad organizada es conmovedora. La ineficacia estatal, vergonzosa.

Los ministerios de Seguridad Pública y Turismo reconocen su compromiso y mantienen la voluntad de hacer la inversión, pero primero es necesario cumplir una serie de requisitos administrativos. Es decir, el problema es burocrático, si aceptamos la explicación del viceministro de la Presidencia, Celso Gamboa.

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Si la seguridad es cosa de todos, como en algún momento lo publicitó el Ministerio de Seguridad Pública, pocos ejemplos pueden ser hallados de una comunidad más consciente y dispuesta. Es una pena que los vericuetos de la burocracia conduzcan a traicionar sus expectativas.

En la región hay más vigilancia policial y los vecinos lo reconocen. Johnny León, presidente de la Asociación de Desarrollo, da cuenta de una importante reducción en el número de incidentes, pero insiste en la necesidad de incrementar la cantidad de policías y la calidad de su equipamiento.

En el Caribe Sur, la satisfacción de esas peticiones se justifica por el deber general de preservar en el orden, por la necesidad específica de proteger la actividad económica de toda una región dependiente de un turismo que también beneficia a otras zonas del país, y como reconocimiento al esfuerzo de la empresa privada y pobladores de una comunidad que no lo espera todo del Estado.

En esa tesitura, la región podría convertirse en modelo de un esquema de seguridad con participación comunal, donde no todas las ideas deben salir necesariamente de los pobladores, pues el Ministerio del ramo puede aportar también consejo experto. Hasta ahora, las autoridades no han logrado ocupar su sitio de vanguardia, pero difícilmente hallarán terreno más fértil para la creatividad y la bien guiada experimentación.

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