La propia institución admite que los hospitales compran de urgencia, a distintos precios, el mismo artículo

 4 junio, 2015

En el 2011, bajo el influjo de la grave situación financiera de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), la presidenta Laura Chinchilla nombró una comisión de notables encargada de diagnosticar las falencias y proponer soluciones. En el informe, los expertos criticaron los procesos de compra de bienes y servicios por la falta de claridad. En consecuencia, pidieron mejorar la administración del inventario, centralizar la compra de medicamentos e insumos y ejecutar el proceso mediante las plataformas tecnológicas del gobierno digital.

A cuatro años de aquellas sugerencias, las compras directas y desordenadas muestran una pronunciada tendencia al alza. En los primeros meses del 2015, 14 compras urgentes habían exigido ya erogaciones de ¢2.560 millones, cuando en todo el año precedente hubo 24 adquisiciones de emergencia por ¢2.256 millones.

En el 2013, después de un escándalo centrado en el sistema de compras, la Caja solo adquirió bienes por ¢761 millones, un descenso dramático en relación con la cifra de los años precedentes (¢3.747 millones en el 2011, por ejemplo). El patrón y la coincidencia entre la caída de las compras directas y el escándalo del 2013 sugieren que el problema puede ser controlado, pero, si el ojo supervisor se extravía, tiende a resurgir con fuerza.

En juego está la quinta parte de las compras de una de las instituciones con mayor presupuesto en el Estado costarricense. El desperdicio de fondos no admite duda. La propia entidad reconoce que los hospitales compran de urgencia, a distintos precios, el mismo artículo. Para mayor absurdo, diversos servicios del propio hospital también hacen compras por separado. Cuando menos, se pierde la mejora del precio por volumen, pero la Caja admite pérdidas adicionales por el aprovechamiento de las circunstancias por parte de algunos proveedores.

Todo esto sin contemplar las oportunidades abiertas a la corrupción por tanto desorden. En el 2012, la Contraloría General de la República estudió un centenar de expedientes de compras urgentes y encontró motivos para enviar once de ellos al Ministerio Público.

El caos en las compras estuvo entre las razones por las cuales lo notables recomendaron, además, revertir el proceso de desconcentración hospitalaria. “Por varios años –dice el informe– ha tenido lugar la creación, mantenimiento e incorrecta interpretación de una política de desconcentración que, lejos de traer beneficios, ha conllevado pérdida de economías de escala y contribuido a la desarticulación en la toma de decisiones. La desconcentración se ha limitado a la materia de compras, contratación de personal y presupuestaria, lo que ha resultado en casi 300 puntos de compra y la contratación de personal en más de 100, con resultados insatisfactorios”.

Pero pese a las conclusiones del informe y el tiempo transcurrido desde su publicación, el problema de las compras de emergencia subsiste y crece, según los datos ya apuntados. El fenómeno es complejo y está vinculado con el buen manejo de inventarios recomendado por la comisión. La justificación de las compras urgentes surge, sin falta, del desabastecimiento.

La presidenta de la institución, María del Rocío Sáenz, señala la necesidad de identificar los bienes adquiridos por la constelación de hospitales y exigirles a estos hacer compras conjuntas para aprovechar los precios por volumen y para ejercer mejores controles. La gerencia de logística procura, por su parte, exigir a los proveedores la entrega puntual de los productos porque el retraso obliga, en ocasiones, a utilizar el sistema de compras de emergencia.

Ninguna de esas medidas sustituirá el desarrollo y mejoramiento de las plataformas digitales aptas para aumentar el control y la transparencia, entre ellas el expediente único, a cuyo amparo también será posible mantener vigilancia de la entrega de medicamentos y el uso de otros recursos de la seguridad social. A juzgar por los números y el tiempo transcurrido desde la identificación del problema, los cambios van a paso lento.