Los ingresos de la clase media exceden el máximo fijado para los bonos de vivienda, pero no alcanzan para calificar como sujeto de crédito de la banca comercial

 1 julio, 2014

Las familias de clase media y media baja, especialmente las jóvenes, enfrentan obstáculos insalvables para comprar vivienda. Por un lado, no tienen el ingreso disponible para pagar las mensualidades de una casa de $120.000, ni los $20.000 o más exigidos como prima. Por otro, la oferta de vivienda accesible para sus presupuestos es escasa y no son muchas las oportunidades de crédito. Los ingresos de ese segmento de la población exceden el máximo fijado para los bonos de vivienda, pero no alcanzan para calificar como sujeto de crédito de la banca comercial. La clase media y media baja está en el limbo.

El mercado no se comporta con irracionalidad. La oferta de viviendas de más de $120.000 es abundante porque quienes pueden aspirar a comprarlas tienen acceso al crédito. Según el ministro de Vivienda, Rosendo Pujol, los desarrolladores hacen una mala lectura del mercado, no solo por el precio, sino también por el tamaño de las casas y apartamentos construidos. Bien puede tener razón, pero los constructores también saben hacia dónde está dirigido el crédito.

La Asociación Bancaria Costarricense (ABC) no lo ignora y por eso intenta diseñar programas de crédito dirigidos a la clase media. Gilberto Serrano, presidente de la ABC, aspira a ofrecer financiamiento para la totalidad de la casa con el fin de eliminar el obstáculo de la prima. Los bancos también estudian la creación de un sistema de leasing habitacional y otros productos financieros.

El ministro de Vivienda estima necesario bajar el precio de los materiales de construcción y estimular la competencia, pero no deja de señalar la importancia de reducir las tasas de intermediación y los intereses. En suma, hay consenso sobre la necesidad de construir para la clase media, pero esa necesidad no se verá satisfecha mientras el sector carezca de acceso al crédito.

El problema no es nuevo. Varias Administraciones lo han señalado. En mayo del 2011, la Cámara Costarricense de la Construcción (CCC) estimaba en ¢65,8 millones el valor promedio de una casa de 90 metros cuadrados en zona urbana. Los ingresos familiares promedio a esa fecha excluían al 93% de los hogares costarricenses de obtener el crédito necesario.

Al mismo tiempo, la entonces ministra de Vivienda, Irene Campos, echaba de menos políticas encaminadas a mejorar la oferta de casas para la clase media, y Guillermo Carazo, presidente del Comité de Vivienda de la CCC, describía la situación como una “bomba de tiempo”. El pago de alquiler dificulta a las familias de clase media construir un patrimonio.

En nombre de la Cámara de Bancos, Óscar Alvarado decía entender el problema como una oportunidad de negocios. “La clase media es un nicho con una demanda creciente que todavía no se ha atendido... No se ha desarrollado una oferta para la clase media. Existen viviendas de bajo costo que no llenan las expectativas… y de alto costo que no son accesibles”.

La Nación también editorializaba entonces, como lo hace hoy, para señalar la necesidad de un esfuerzo conjunto del Gobierno, la empresa privada y el sector financiero. Los diagnósticos están hechos y el reciente estudio comisionado por la Cámara Costarricense de Bienes Raíces, del cual informó este diario el domingo, solo viene a confirmarlos. De 189 complejos de vivienda examinados en la Gran Área Metropolitana, el 65% tiene precios de venta superiores a $120.000. Si bien los involucrados admiten una desmejora en el mercado inmobiliario y los inventarios se mueven con mayor lentitud, también se muestran conscientes de las dificultades de crédito de las familias de clase media.

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