Opinión

EDITORIAL

Un clamor de esperanza

Actualizado el 17 de octubre de 2014 a las 12:00 am

En Costa Rica, los tumores de mama se presentan a una edad prematura, en relación con el promedio mundial, y con mayor agresividad

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), uno de cada tres casos puede curarse con la medicación adecuada

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El cáncer de mama es el más mortal para las costarricenses y el de mayor frecuencia. Casi 400 mujeres mueren al año por esta causa y se detectan 1.000 nuevos casos, lo que corresponde a un 19% de los tumores diagnosticados. Pero estas cifras alarmantes han descendido gracias a la detección temprana. Por esta razón, cada mes de octubre el país se tiñe de rosa y se consagra a llamar la atención sobre una de las principales amenazas a la salud pública.

Desde hace dos décadas, el color rosa se ha popularizado en el mundo entero como un símbolo de alerta y de esperanza. En Costa Rica, campañas de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), la Fundación Anna Ross y otros grupos de la sociedad civil le recuerdan a la población que informarse y actuar a tiempo significan la diferencia entre la vida y la muerte.

La concientización sobre el cáncer de mama rompe el mito cultural, aún muy arraigado entre nosotros, de que las mujeres deben consagrarse a los demás sin preocuparse por su propia salud. El mensaje preventivo es lo contrario: el bienestar es una responsabilidad compartida y comienza por el cuidado personal.

El otro mito que se procura desterrar es que se trata de una patología incurable y que quien la padece está condenada de antemano. El cáncer es una de las enfermedades crónicas que puede detectarse en sus etapas iniciales y que ofrece alternativas de tratamiento. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), uno de cada tres casos puede curarse con la medicación adecuada.

En nuestro país, si bien la incidencia ha aumentado desde el 2000, la mortalidad ha ido en decrecimiento, gracias a las campañas de sensibilización y a técnicas como el autoexamen de mamas, que debe ser cotidiano entre los grupos de alto riesgo. La tasa de curación está directamente ligada al diagnóstico temprano y al grado del tumor. De cada diez pacientes, al menos ocho superan los cinco años de sobrevida, cifra que llega a nueve casos en el Hospital de las Mujeres.

La CCSS ha hecho hincapié en la importancia de que la población sepa reconocer los factores de riesgo y acuda con rapidez a los servicios de salud. “Si usted tuvo la primera menstruación antes de los 12 años, no tiene hijos, no hace actividad física, fuma, toma hormonas y tiene antecedentes familiares, debe ser más rigurosa con el autoexamen”, advirtió María del Rocío Sáenz, su presidenta ejecutiva.

Estos aspectos preventivos cobran mayor relevancia debido a que el país se separa de las tendencias globales en el comportamiento del cáncer de seno. Según investigaciones recientes, los tumores se presentan a una edad prematura, en relación con el promedio mundial, y con mayor agresividad. Una tercera parte de los casos aparece antes de los 50 años –cuando se recomienda el uso de la mamografía–, lo cual ha llevado a las autoridades a plantearse la necesidad de aplicar diagnósticos anticipados.

La Red Oncológica de la CCSS cuenta con 35 clínicas de mama en zonas de alta incidencia y mortalidad, donde las mujeres pueden ser referidas o acudir directamente. El próximo año se abrirán 12 nuevos centros y, según la presidenta ejecutiva de la institución, la meta es que cada una de las 103 áreas de salud cuente con un servicio dedicado al diagnóstico y atención prioritaria de esta enfermedad.

A cualquier edad que se presente, el cáncer de mama es física, psicológica y moralmente devastador para una mujer y su familia. El movimiento rosa es una llamada de alerta a la conciencia social y un clamor de esperanza para quienes lo sufren o lo han padecido. Pero también es una forma de decirles que no están solas en su sufrimiento.

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