Ni el éxito de los 75 días de energía limpia ni la capacidad de generar en condiciones normales el 90% de la electricidad con recursos renovables, deben conformarnos

 10 junio, 2015

El Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) consiguió satisfacer la totalidad del consumo eléctrico con fuentes renovables durante los primeros 75 días del año y la prensa mundial hizo eco de la proeza. La marca perfecta es producto de felices condiciones climáticas en cuya ausencia la generación de electricidad limpia cae al 90%, una cifra en sí misma extraordinaria.

Los logros del país en esta materia no están en discusión, pero sí importa debatir sobre el camino restante. La electricidad en Costa Rica es cara y amenaza el desarrollo de las actividades productivas porque les resta competitividad. En condiciones climáticas menos favorables, también nos vemos obligados a complementar las fuentes renovables con hidrocarburos, que expelen 1.000 kilos de dióxido de carbono por kilovatio hora.

Si el logro del 100% de generación limpia es noticia, se debe, precisamente, a que la normalidad se acerca más al 90%. El 10% restante es el problema ambiental, pequeño en relación con otros países, pero importante en la comparación con nosotros mismos y los recursos disponibles en suelo nacional.

Este año, la represa de Arenal superó en cinco metros el cálculo del ICE y los niveles de Cachí y Pirrís rebasaron las expectativas en más de un metro, pero el año pasado, con la misma infraestructura, el país se vio obligado a importar electricidad, dicho sea de paso, más barata que la generada por el ICE en cuatro de sus ocho plantas térmicas: Barranca, Moín Gas, Moín III y San Antonio. La importación produjo un ahorro de $8 millones, con costos equiparables a los de la generación térmica más eficiente del ICE.

Pero la energía importada también se genera con hidrocarburos, cuyo consumo en condiciones normales es indispensable para evitar apagones. Seis de las nueve plantas térmicas del ICE son de probada ineficiencia y elevan el costo y daño ambiental de la fuente energética más contaminante y cara, en especial cuando los precios del petróleo son menos favorables.

El año entrante, el proyecto hidroeléctrico Reventazón aumentará la capacidad de generación renovable y ampliará las posibilidades de repetir la hazaña de los primeros 75 días de este año, siempre dependiendo del clima, tan cambiante en una de las regiones del planeta más castigadas por el calentamiento global. El costo por kilovatio hora rondará los 18 centavos, el doble del precio ofrecido por los generadores privados durante la última licitación abierta por el ICE.

Pese a la resistencia de importantes sectores, la participación privada coadyuvará en los próximos dos años a la generación de energía limpia y barata. Ocho nuevos proyectos eólicos, la mayoría privados, elevarán el aporte de este recurso energético a un 10,5% de la matriz. La energía generada con el viento abunda precisamente cuando el verano afecta a las represas.

La geotermia, recurso abundante en nuestro país, apenas se explota en seis grandes plantas, aunque el ICE calcula el potencial del subsuelo en el equivalente a 14 millones de barriles de petróleo por año. La explotación de la energía solar está en pañales. En suma, la matriz energética costarricense podría ser mucho más rica y su producción más barata y limpia si el país se decidiera a echar mano de todos sus recursos, incluida la inversión privada.

Ni el éxito de los 75 días de energía limpia ni la existencia de una matriz capaz de generar en condiciones normales el 90% de la electricidad con recursos renovables, deben conformarnos. El proyecto nacional debe ser la solución del 10% restante y el abaratamiento del tercer gasto en importancia, en promedio, para los hogares costarricenses y uno de los principales para la industria. El Presidente de la República lo comprendió bien cuando planteó, entre sus altas prioridades, la reducción de las facturas energéticas.