Los desacuerdos entre el timonel, los jugadores, el cuerpo técnico y los directivos, por su tono y naturaleza, no podían mantenerse sin amenazar el desarrollodel equipo

 29 julio, 2014

La gesta de la Selección Nacional en Brasil terminó en polémica. Es un resultado lamentable, pero no empaña los logros obtenidos ni la contribución de cada uno de los protagonistas, incluyendo al director técnico, Jorge Luis Pinto. También parece innegable que los desacuerdos entre el timonel, los jugadores, el cuerpo técnico y los directivos de la Federación, por su tono y naturaleza, no podían mantenerse sin amenazar el desarrollo del equipo.

Tarde o temprano, y quizá en peor momento, las tensiones se habrían manifestado con fuerza. La excelencia táctica y el rigor en la preparación, como en cualquier otra actividad en equipo, no bastan si la cohesión de grupo se resquebraja y en el seno del conjunto anidan la desconfianza y las malas relaciones interpersonales.

Por eso, no obstante lo doloroso del desenlace, es mejor que se produjera ahora, cuando todavía hay tiempo para replantear el rumbo, enmendar los errores y preparar la participación de la Selección Nacional en próximos torneos. La copa de la Uncaf está cerca, tal vez demasiado como para convertirla en prueba de fuego después de la crisis de estos días, pero habrá otros retos.

Importa destacar, sin embargo, la demostrada necesidad de correr los velos y discutir los problemas con mayor apertura. Es fácil comprender las reservas de las autoridades de la Federación Costarricense de Fútbol ante la posibilidad de someter a discusión pública asuntos tan enojosos como los ventilados en los últimos días. El país acababa de disfrutar como nunca y la polémica involucraba a quienes lo hicieron posible, desde la banca y en el campo de juego.

Hacia adelante, la situación era insostenible y una ruptura discreta prometía resolverlo todo sin daño. Sin embargo, es difícil creer que desacuerdos de tal magnitud, con tantos involucrados, permanecerían en el secreto. El país tenía derecho a saber lo ocurrido. Si se hubiera conseguido preservar el silencio, de todas formas la ruptura con el director técnico habría creado polémica y la Federación se habría visto obligada a soportar en silencio, sin contraste alguno de versiones, las críticas por haber dejado ir al timonel.

Una y otra vez, Pinto expresó su anuencia a permanecer a cambio de una compensación acorde con la chequera de la Federación. Una y otra vez se ha informado de los fondos ganados por el fútbol costarricense en Brasil. Habría sido difícil explicar por qué, sin motivo aparente, las autoridades de la Fedefútbol dejaron ir al director técnico.

Hoy sabemos que hay motivos y, sin entrar a esclarecer cada aspecto de los muchos planteados, basta constatar la existencia del ambiente enrarecido. Ese solo hecho, a estas alturas indiscutible, imposibilita la continuación del proceso y basta para comprender la decisión de partir caminos.

Antes de conocerse el diferendo, era difícil entender por qué una Federación con dinero no podía ponerse de acuerdo con un técnico tan exitoso, a quien la compensación futura no parecía quitarle el sueño. El timonel declaraba abiertamente tener a Costa Rica como primera opción de trabajo, pero los dirigentes insistían en que, muy probablemente, recibiría ofertas contra las cuales el fútbol nacional no podría competir. El desencuentro era obvio y parecía tener por exclusivos protagonistas a la Federación y al técnico. Faltaban las razones y solo había espacio para la especulación. Por ningún lado aparecían los jugadores y otras voces escuchadas en los últimos días.

Ante ese panorama, este diario editorializó preguntando por qué la Federación daba al director técnico por contratado en otras latitudes sin hacer esfuerzo alguno por retenerlo. La pregunta habría permanecido en el ambiente, si el entrenador no hubiera decidido, en la conferencia de prensa donde se anunció su salida, correr el velo y señalar las desavenencias. Esa intervención de Pinto causó la reacción de los aludidos y el país se enteró, con absoluta sorpresa, de la realidad. La verdad es mejor saberla a tiempo, aunque sea en sus aspectos más básicos e incontrovertibles, como la existencia misma de desacuerdos insalvables entre el equipo y su timonel, por las razones que fueran.